martes, 15 de enero de 2013

Respeto y tolerancia

Yo soy muy tolerante (debo serlo), es una de mis maneras de sobrevivir a la estupidez ajena, al exceso de estolidez y a la falta de criterios dentro de lo mínimo que podría considerarse como sentido común. Quizá sea mucho de mi parte pretender que no sufro de eso que critico, sin embargo por pura extensión de mi egoísmo, trato de no hacer a otros sufrir por mis defectos, por la falta de lucidez o incluso por mis múltiples locuras, sobresaltos y excentricidades. Creó haber manifestado ya, muchas veces mis consideraciones sobre el respeto y la tolerancia, valga decir de nuevo (por si acaso) que las dos son medidas de inclusión social, de homogeneidad en el discurrir diario, que implican el mantenimiento mínimo del orden al interior del tejido social.

El primer concepto, el respeto, es una virtud general derivada de la atención, miramiento o deferencia, es un criterio dirigido que parte del otro hacia el individuo y que como valor social podría estar permeado de unas circunstancias morales aprehendidas o desarrolladas como parte de la cultura de quien interpreta, siente u observa. Por lo tanto es un valor de contraste, ya que la escala personal de medida (lo bueno, malo, sano, correcto, malo, vicioso, incorrecto) necesariamente se pone de presente antes del miramiento del otro. Ese otro es fundamental para determinar las medidas de respeto, la cual en términos simples y puras se entienden ya como herramienta (social) no solo en la atención, sino en el dejar de hacer, contener cualquier intromisión, afrenta o posible agresión en contra de otro individuo frente a su integridad física y psíquica (social, emocional, afectiva, etc). Este respeto es una bandera del sostenimiento de la paz, precisamente por el ideal liberal de la igualdad y la fraternidad, es decir, como se es igual al otro, se le debe tener una deferencia propia en el mismo sentido que se supondría en desarrollo de la libertad personal (individual). Existe otra concepción, relacionada con el sentido carismático del otro frente a su relevancia en términos de concepción personal, pero la misma al ser un sinónimo de importancia, reverencia o incluso temor, no viene al caso.

Así las cosas, el respeto es un valor social, el cual esta sometido a las categorías propias de los individuos que las aplican, pero no tiene concreción en sí misma, puesto que su aplicación depende del actuar de quien lo ve, posiblemente bajo amenaza de un eventual reproche social. Con esto en mente puedo decir que no es necesario, ni siquiera lógico que se deba respetar a todos, o que sea esta la regla general.

Pasa muy diferente con la tolerancia, la cual en casi todo ámbito se refiere al mantenimiento del equilibrio (tranquilidad, sosiego) de un sistema frente a fallos o crisis alrededor del mismo. En términos sociales se refiere preferencialmente a la aceptación del otro, por eso se encuentra -por lo general- muy próximo al respeto, pero consideraría que esta sería más una herramienta que un valor del individuo, y más una carga social que algo que este inmerso en el desarrollo individual, en virtud a que la cultura homogeneizaría directamente las relaciones sociales estableciendo los criterios de comportamiento, lo que no ocurre con el respeto, por lo tanto serían deferencias desde el individuo a los demás y negarían por demás las proyecciones propias del ego. Es básicamente una imposición.

Es una lastima debo decir, que si se cuestiona a alguien sobre lo que piensa o dice, este se sienta insultado, irrespetado, bajo la idea de la triste amalgama que existe culturalmente entre quien sostiene una idea y la idea misma, con lo que cada uno es más sensible que otro frente a lo que se esfuerza en creer, aún cuando esto no tenga sustento, y la pasión propia de su creencia y el apego de la misma a su propio ser, hace a las personas malos confrontadores; y más aún se hace mala dicha confrontación y convierte a quien discute en alguien difícil, pérfido y cínico. Esto, en razón a que lo único válido es el adoctrinamiento soportado principalmente en el argumento de autoridad, que hace cierto algo por la "importancia", "calidad" o "virtud" de quien lo dice. Y aunque el discurso mayoritario conlleve a la crítica, la misma solo es aceptada si parte de la tendencia, si es resultado de lo generalmente aceptado, de lo contrario el disenso no cala y se califica de caprichoso, de inútil, irrespetuoso y grosero.

Muchas personas ondean de forma constante las banderas del respeto y la tolerancia, lo imponen, lo restriegan a otros sin ninguna consideración, pero arremeten con toda la agresión y violencia del caso cuando algo es cuestionado en relación con ellos y su tolerancia se esfuma; Porque la misma no es aplicable a otros, porque todo es relativo, porque todos son importantes y valiosos siempre que se porten bien, porque las opiniones siempre son válidas a menos que contradigan los dogmas y paradigmas personales, porque pensar libremente y diferente esta bien siempre que se ajusté a los cánones preestablecidos. Porque respetárselo se hace con los iguales, y tolerar es una forma de subir el ego sobre esa forma de ridícula condescendencia que marca los modales, las maneras y las formas de las cuales, valga decir, carezco por completo.

La imagen es del gran maestro Montt, las pueden conseguir en sus dosis diarias.

2 comentarios:

Maya dijo...

Precisamente el otro día yo le hice la misma pregunta a una psicóloga en una capacitación, que cuál era la diferencia entre respeto y tolerancia y me respondiste mejor tu. Lo cierto es que a pesar de que la gente se crea tolerante o respetuosa, en realidad la mayoría no lo son. Es muy bonito hablar de algo (los valores, por ejemplo) y decir que uno los tiene cuando tenemos toda clase de prejuicios y "cánones preestablecidos" por citarte, lo que nos hace realmente intolerantes y cerrados de mente.

Buena reflexión :)

Iván Sánchez dijo...

Gracias por el comentario