jueves, 11 de febrero de 2016

Dejar ser

Cada día, o más o menos a menudo, abro este espacio buscando completar alguna de mis entradas (pendientes); razonando, reflexionando si se quiere, sobre tantos temas que me gustaría tratar, sin embargo, tengo la plena certeza de que aun hago esto como un ejercicio de dejar salir, para que las cosas salgan de mi cabeza y no se queden dando vueltas, como todo y como nada.

Pero a veces también siento que mi propia cabeza intenta acallar los pensamientos, evitar que se dé esta expresión tan necesaria ¿Por qué? No tengo idea, lo que sí sé es que a la fecha tengo 19 borradores de entradas que no han sido capaces de ver la luz, o frente a las cuales he faltado a mi propio deber de concreción, son asuntos pendientes y la propia naturaleza de los mismos empieza a afectar a mi sentido del ser, al igual que del deber y el dejar. Ser.

jueves, 4 de febrero de 2016

El cafrismo: Explicación no pedida, confesión de la mecánica de un pueblo nefasto y canalla

Esta, es una entrada muy seria, tanto como los problemas que en ella intento exponer.

Las últimas circunstancias de la vida de la ciudad en la que habito, al igual que un amplio buscar y rebuscar entre las opiniones, esputos, vociferos y expresiones de los habitantes de este terruño, me han llevado a considerar desde hace un buen tiempo, que vivo en medio de una cantidad insana de gente canalla, zafia, ruda, violenta, ignorante, rústica, grosera... gente cafre.

No se trata solo de quienes a diario viven a zancadas, empujones y atropellos, desatando su propio deseo de contacto con el otro a través de micro riñas por un par de segundos de ventaja, o un pequeño espacio en el cual apiñarse, abriéndose paso a como de lugar y abusando de esa complicidad miserable que se pretende luego de tener cada vez menos que dar y si mucho que perder. No ceder ni un milímetro, aprovechar cada momento, capitalizar la desidia o el cansancio ajeno, así se mueve el cafre, pero al menos el de a pie vive con algo de consecuencia y está (al menos en apariencia) dispuesto a confrontar a sus semejantes, incluso puede llegar a desearlo.

Pero al margen de todas estas personas faltas de educación y que por cuenta del poco espacio que la vida les da para realizarse, sometidos a los desmanes del capitalismo, esclavos de sus propias decisiones y de la rutina, viven en un completo enfrentamiento contra todos aquellos y escasos enemigos invisibles a los que pueden derrotar, no a los verdaderos, no a quienes los oprimen, y ciertamente no a sí mismos. Entonces, cada momento de cafrismo podría ser un minúsculo triunfo, apenas suficiente para compensar un carácter débil, una existencia febril y devastada. Pero basta de justificaciones, el cafre existe y persiste en su cruzada contra sí mismo y contra los demás, por la razón que sea.

No se trata solo de ignorancia, que es incluso un calificativo que ha perdido sentido y que se usa a menudo para descalificar al otro, una herramienta del cafre para señalar a aquel que no piensa de su misma manera: "ignorante" es el nuevo "campesino" o "palurdo", porque estos otros significados recibieron el suficiente rechazo social como para haber sido escondido por conveniencia, por esa absurda forma de remendar todo a expensas de insertar algunos cambios en el lenguaje cotidiano, para hacerlo políticamente "correcto" o adecuado. El desconocimiento sistemático del otro, de la realidad, de la historia, no es ignorancia, es al menos una impedimento social cognitivo de la peor naturaleza, porque está sustentado en la voluntad de no aprender, de no conocer, de no saber.

El cafre entonces se rodea de una falsa confianza, de una seguridad manifiesta en que lo que hace, expresa, vive, hace parte de un deber ser adecuado, política y moralmente correcto y esto se agrava cuando tiene el descaro de atribuir su comportamiento a los seres superiores en los que cree. De esta forma se crean los peores tipos de cafres, aquellos que sirven en teoría a una deidad que predica amor, respeto, tolerancia, pero quizá solo entre ellos mismos, en donde el afecto hacia el prójimo no pasa de ritos desgastados heredados culturamente y de una serie de consignas que se repiten hasta el cansancio, pero que no tienen una aplicación práctica.

Mi intención no es desviarme de la realidad del cafre, quien también puede encontrar un sustento moral simplemente en construcciones derivadas de cualquier otro tipo de creencia, pero que en todo caso tendrá algún tipo de base moral que le servirá para justificar sus canalladas, con ideas sobre explotadas aunque poco desarrolladas sobre el bien común, la justicia, la equidad, el amor y la conservación tanto de la especie como del medio en que se habita.

Dejando de lado a toda esta suerte de cafres, con distintos perfiles, procederes, trasfondos y naturalezas, he de centrarme en los hechos que dieron origen a mi inquietud por escribir sobre este tema. Como con algunos otras reflexiones, la concepción de la idea del cafre fue consolidandose a través del devenir de las redes sociales, y los espacios de opinión de otro tipo de portales noticiosos o de información.

Es del caso recordar que por cuenta de la masificación del internet se le ha dado a múltiples personas la opción para expresarse, en donde claramente se encuentra la muestra poblacional cada vez más creciente de cafres. La expresión en un contexto de entorno virtual o digital apareja una serie  de ventajas, propias de la personalidad difusa de carácter digital, lo que facilita la actitud irresponsable de estos individuos, quienes se comportan conforme con aquellos límites que seguramente se han impuesto en su propia vida, quizá como aquellos seres diminutos, sometidos en cada etapa de su cotidianidad con solo una que otra (pequeña) posibilidad para dejar salir sus frustraciones, a través de algo como las opiniones que en su mayoría de veces están cargados de odio y con ataques dirigidos a alguien en particular que ha osado expresar su propia opinión.  Ya volveré a este punto, sobre los cafres, y su forma de expresarse.

Imagen liberada de Copyright, tomada de https://pixabay.com/
Existe una transformación simbólica importante que se ha dado como resultado de la interacción social en internet y parte de la naturaleza de la información. Esta es emitida por personas, entidades u organizaciones, muchas veces sin una adecuada determinación de fuentes y naturaleza. De esta manera se confunden las editoriales con los sucesos, y las opiniones con las críticas humorísticas. Lo peor sucede cuando los encargados de ilustrar o exponer, de dar a conocer los hechos que circunscriben el diario vivir, lo hacen de una manera parcializada, a través de supuestos (y elaborados) "análisis", lo que resulta peligroso dado que la función de los comunicadores se ha transformado para dar paso a una predigestión de la información, de forma tal que llegue con un mensaje política o comercialmente adecuado según los intereses del capital que se encuentre detrás.

Se trata quizá de un problema de lenguaje, de semiotica y discursos, lo cual se hace claro cuando en ciertos casos estos comunicadores otorgan etiquetas, lo que resulta peligroso en virtud a que la opinión pública tiene poco de formada y no se hace a un criterio personal, sino que usualmente repite y hace introspección de lo que le llega, de manera directa, porque los medios han hecho una explotación carismática de manera elaborada y como consecuencia de la misma cultura popular se ha 'celebrizado' y elevado por tanto la categoría social, de quienes aparecen detrás de los micrófonos y especialmente de las cámaras.

Los medios de comunicación entonces, se convierten en un poderoso factor de hegemonía cultural, en focos de dominación si se quiere, y este no es un discurso "de esos", en tanto mi posición es simplemente una crítica a las formas de construcción de discursos y consensos. Poco se hace para que lo que comunica esté revestido de diferentes ángulos, de imparcialidad, y en los casos en los que está, se hacen vastos esfuerzos editoriales por cargar la opinión hacia un extremo que resulte coherente con una determinada perspectiva política, la cual de paso lleva inmersa una gama de intereses, dictados por los circulos de poder conexos a esa corriente o idea política.

En este caso se ha hecho bien el trabajo, la opinión se encuentra absolutamente polarizada, pero quizá no de una forma estrictamente maniqueista, pero si de una forma en que existen unas posiciones "válidas" y unas cosmovisiones que son naturalmente aceptadas, y no me refiero solo al rechazo por solidaridad mecánica de los comportamientos que resultan aberrantes, detestables o censurables desde nuestra concepción moral a escala de sociedad, sino de aquellas ideas o estructuras de pensamiento que por cuenta de los problemas anteriores son precalificadas y en esencia rechazadas por cuenta del manejo de la información. Aquí basta recordar las dinámicas de exclusión, de manejo de las diferencias y el reconocimiento de las semejanzas, que a nivel social lleva a la configuración de bandadas, grupos, colectivos e incluso tribus.

Hacer y lograr identidad es fácil, y tiene que ver con la forma natural en que los seres humanos como individuos y sociedad, se integran para afrontar de mejor manera los diferentes retos de la cotidianidad, de manera que no es nada novedoso el que las personas se agrupen, no obstante, lo que resulta curioso es la calificación y clasificación del otro a través de dinámicas personales, que en el caso de los cafres refieren a formas canallas y ruines de encuadrar al otro para facilitar su ataque.

Cuando empecé a pensar en escribir sobre el cafrismo, tuve en cuenta una serie de ataques mediáticos u opiniones si es del caso, o información de análisis que suele confundirse con hechos de carácter informativo, puesto que al menos como lo he manifestado desde líneas anteriores, a mí me queda la duda del verdadero papel de los medios de comunicación y del carácter de la información que es recibida por los consabidos cafres. Entonces, de mi observación he visto que muchas de las demostraciones de cafrismo (en internet al menos) se dan en los escenarios políticos, aquellos foros de discusión virtual derivados de artículos de opinión, así como de portales noticiosos.

No hay un solo articulo que se refiera a hechos de actualidad, que exprese la opinión de algún columnista en materias de política, Estado, Nación o similares, que no contenga toda una serie de comentarios explosivos, reaccionarios y con un animo no solo de controversia, sino de verdadero enfrentamiento. Si alguien da una opinión que contiene una desaveniencia contra lo expresado por el común denominador de los foristas, entonces se produce un primer ataque, los calificativos están a la orden y los insultos también. Pensar diferente de otros es claramente una ofensa capital, con todo y que muchas concepciones y cosmovisiones parecen haber sido sacadas de algún lugar oscuro y desolado, probablemente muy disimil de un cerebro humano. Sin embargo las discusiones se salen de tono y usualmente se convierten en una verdadera pelea por cuenta de quien "tiene la razón" o es dueño de la verdad.

Todos nos equivocamos y nuestra posición política ciertamente está determinada por lo que consideramos que es lo mejor, lo correcto en términos del bienestar general, así como del progreso y el desarrollo científico, social y cultural. En un escenario ideal, las personas expresarían sus argumentos a favor de una u otra posición, pero las personas (en especial los cafres) son muy ligeras cuando se trata de mantener una posición política, y esto tiene consecuencias nefastas para el desarrollo social y deja en entredicho conceptos como la democracia, la libertad de expresión y otras consignas que fueron logros históricos para conseguir esa paz duradera de la que Kant tantas veces habló, pero que es una falacia, al menos en internet.

viernes, 15 de enero de 2016

Pausa para descansar (de verdad)

En los últimos días, o incluso desde hace un buen rato, he intentado probar las mieles de la buena vida, de aquellas cosas que por uso y ante mi supuesto nivel de vida (profesional, personal, etc.) debiera hacer para cumplir con los estándares de la sociedad actual. Claro, en esencia nunca me ha gustado cumplir con nada, atenerme, atender o asumir. Sin embargo, tengo claro que todo se trata de adaptación, supervivencia. Por ello intenté hacer muchas de las cosas que había querido hacer antes y para las cuales no se tiene tiempo, dinero o similares.

Una de ellas es viajar...


Me fui entonces, por un tiempo en extremo corto para todo lo acumulado. A ver otros horizontes y conocer otros paisajes, a tomar un baño en otras aguas y definitivamente para pasar algo de tiempo al lado de la amada, sin horarios, sin trajes, sin corbatas y sin otras tantas pre-ocupaciones...

Pero tocó volver eventualmente...

jueves, 3 de diciembre de 2015

Jueves de no corbata

Esta imagen es de mi autoría.
Los habitantes de este mundillo oficinesco debemos encontrar salidas, al igual que motivos y razones, para tantas cosas como incluso la determinación del deber (ser), porque lo cierto es que cuando se trata del hacer, poco importa cualquier consideración de índole personal, nada más importa que hacer caso, lograr la meta, consolidar el resultado, puesto que toda acción no se somete a la reacción, si no que tiene que tener un resultado; a, b, c, o cualquier otra variable tienen que terminar siendo z, porque esa fue la respuesta que algún genio estableció... la autoridad.

De esta manera resulta apenas lógico que el colectivo resulta reivindicando un mínimo de su libertad personal a través de lo más bobo que pueda, lo que implica no menos que hacer alguna micro revolución que solo sirva a un propósito de una pequeña victoria, aquella satisfacción que aun ínfima resulta altamente gratificante. Sí, el ejemplo, es tan sencillo como un día sin corbata...

lunes, 30 de noviembre de 2015

Lunes de amargura

Paciencia, tolerancia...

Me cuesta bastante entender como las personas se enfrentan a toda suerte de situaciones que sirven para colmar la paciencia, para acabar con los sentidos, para extinguir la paz persona, simplemente con una expresión desinteresada, algunos aun con un gesto de alegría, sosiego, hasta tranquilidad. Con un extremo de pasividad, por no decir otra cosa... (lo cierto es que se me entorpece un poco la maquinaria para la expresión, derivado de la  la situación misma que intento describir).

Quizá es falta de consciencia, de notar los límites que separan la propia existencia de la de los demás. Puede observarse sin mayor esfuerzo en cada otro, en cada cual, aquel que de manera excelsa -viviendo el cafrismo sin límites que parece dictar la vida de todos-, se preocupa y ocupa tan solo de sí mismo, de una manera que trasciende cualquier idea de sano egoísmo (del mismo que me he ocupado en algunas oportunidades). No existe una idea, una concepción del espacio personal en relación con el de los demás, y pro más cada ser pareciera distraído, absorto en alguna suerte de necesidad impuesta y a la vez insatisfecha. Se ha aprendido a querer, pero no se sabe por qué, ni tampoco se entiende como llegar realmente a la conclusión de lo que implica cualquier instrucción interna, convertida en un plan de vida, en una lista de chequeo que sirve para la validación ante los otros, y que no hace otra cosa que conjugar el verbo "tener", aun en forma de establecer lo propios para el "ser" y el "estar".

En todo caso, quisiera saber qué pasa por la cabeza de este individuo, mientras observa presuroso los historiales de sus múltiples redes sociales, cuando comparte por enésima vez en el día sus pensamientos con esa cualquier otra persona que se encuentra al otro lado de una red, tan cerca y a la vez tan distante, un red que genera apéndices, que diluye los espacios y que invade los momentos, porque el mundo de hoy es altamente invasivo, de suerte que no hay escape al otro, ni siquiera un respiro.

Ruido, muchísimo, más del necesario, porque el cuerpo de trabajo se mueve a través de una tonada disfónica y falta de toda armonía. cada uno hace lo poco que puede (lo más poco que le es posible) de la manera menos eficiente posible, porque lo importante es hacerse notar de alguna manera, quizá en razón a que estamos tan solos en medio de todo que lo necesario es lograr captar la atención del otro. Por eso también resulta importante que se pongan al día con lo que hace cada uno. ¿para qué? la amistad no requiere una actualización de hechos rutinarios, y otros tantos podrían llegar a ser compartidos en otros escenarios, pues las relaciones exceden a los ámbitos situaciones, a la comunión de actividades, a la adherencia a las agendas, tiempos o rutinas del otro. No, el trabajo está lleno de compañeros, de colegas, con quienes se requiere ejecutar tareas de manera mancomunada, cordial y de forma coordinada o cooperada. En este sentido no resultan importantes algunas intromisiones, aunque claro, la fuerza del uso forja (o forza) cierto grado de amistad entre los comunes, se establecen relaciones de un corte menos funcional, más difusas si se quiere, respondiendo a las interconexiones por cuenta de lugares comunes en las frustraciones o incluso en los logros que responden a la dinámica del trabajo.

Pero en el momento en que esto trasciende a una esfera aun más personal, es en este instante en que las cosas se hacen confusas. ¿En realidad hay un sentido del aprecio tal que resulta relevante saber después de un fin de semana, aquello que ese otro realizó? Particularmente no creo que las actividades del otro resulten tan satisfactorias para sí, en tanto la felicidad, el bienestar y confort ajenos resultan tan relevantes según sea el grado de relación con ese otro, el grado de interés mutuo e incluso el afecto, cariño, amor o cualquier otra graduación que soporte o consolide la relación. Lo demás es falso interés o incluso algo más perverso, quizá un soterrado sentimiento de rivalidad, una atención especifica derivada de la envidia, o incluso del odio por ese otro que no colabora de manera suficiente a la estabilidad personal.

Afortunadamente en la mayoría de los casos se trata más que todo de un uso social, un interés aparente que se traduce en una medida por cuenta de la necesidad de ser escuchado, de ver en ese otro un reflejo, o incluso únicamente de ser cordial por cuenta de la maximización de las dinámicas sociales, para evitar los roces, para consolidar micro amistades y hacer más agradable el ambiente.

Los conscientes pueden llegar a ser apáticos, o pueden estar en negación (en tanto la consciencia no solo responde a una determinada especialidad de la psiquis, o a una consolidación particular, especial de la persona, como tampoco a una racionalidad excelsa), pero lo cierto es que cada una de las dinámicas en relación con la existencia particular, colectiva o social, se encuentran permeadas de la forma en que el individuo concibe, siente y responde ante los estímulos ajenos, de suerte que incluso las más dinámicas de las relaciones o las interacciones convenientes, adecuadas o con una medida de responsabilidad sobre el ambiente, antes que sobre lo personal, también pueden llegar a afectar, a recaer sobre cada uno de manera que el momento, que el instante esté rodeado de una actitud que prevea la intención y se comporte según esta sin manifestar otro aspecto en contraste. Un momento en el cual no pueda darse espacio al otro para ser, sino que se entienda más importante lo propio, lo que puede traducirse en una amargura, no dejar que el otro se entere, que viva a través de uno, que sienta las cosas buenas, que pueda sacar provecho del bienestar aun en pasado, porque esos instantes están en la memoria temporal como una medida para resolver y exaltar el espíritu, y no es amargura, es alegría o dicha en reposo, consciente y coherente con una forma particular de ver el mundo...

viernes, 30 de octubre de 2015

Tiempo de disfraces

Hace mucho tiempo tenía una entrada como esta en remojo.

Las ideas han estado tan remojadas, que algunas veces creo que el exceso ha terminado diluyendo la forma de las cosas, entonces ya poco me queda de lo que antes sentía coherente, cierto y palpable. La realidad se ha constituido en poco más que una sucesión de compromisos, responsabilidades, haceres y quehaceres que se desprenden de la misma continuidad de las cosas que alguna vez  se hicieron. Tal fácil a la vez que complejo, permitir que el tiempo pase, que deje su huella mientras que los pensamientos parecen querer sumergirse en el pasado. Pero la historia es no menos que una confección incompleta, la realidad se entreteje a través de un instrumento que requiere de ciertas condiciones para funcionar de manera más o menos coherente, de esta forma la mente no es tan lúcida como se quisiera, en especial en una realidad que nos presenta cada día una nueva forma de hacer un atajo, con medios para contestar a todos los interrogantes y necesidades de información, con lo que captarla o aprehenderla ya no es necesario. Incluso las mismas mecánicas sociales nos han llevado a dejar de lado esa búsqueda por el otro, a pausar las relaciones y llevarlas en la cabeza de la misma manera que disponen los propios medios de interrelación.

Estas mecánicas se vuelven un tanto intolerables en la medida en que las personas responden a las dinámicas generalizadas que los arrastran a ejecutar sus comportamientos en forma estandarizada, de forma que la corriente generalizada dicta las respuestas, gustos, necesidades y de allí se traduce a toda la gama de acciones que son permitidas, en donde lo personal queda reducido a la forma en que se innova frente a lo que dicta el estándar, sin salirse de él, por supuesto.

He visto muchas personas adultas que ahora se enloquecen con el cuento de los disfraces, con muchas excusas dentro de las cuales puede o no estar la de divertirse (la tan sonada posibilidad de rumba), pero los placeres de lo social no distinguen caras, caretas o apariencias, de modo que la pinta pasa a un segundo plano en estos escenarios.

No, lo complejo es responder a una tendencia de la mejor manera posible, lo cual en principio no es malo, pero resulta interesante cuando se denota lo que la personalidad de cada uno dicta en términos de lo que se expresa a través del disfraz. 

Monstruos, villanos y aspectos caricaturizados o llevados al extremo por cuenta de la percepción personal de la realidad, sin contar con los dictados de la moda, en donde el individuo asume un rol que no sabe como se compagina con su entorno, ¿a qué responde?, ¿por qué está ahí?

Las respuestas se diluyen en un mar de justificaciones que no les permiten ver lo mal que se ven, ¿acaso no importa la apariencia cuando se toma la forma de otro? Resulta inexcusable que un adulto tome una apariencia ajena de mala manera, que su propia concepción de ese otro, que el papel que va a interpretar sea tan patético que no pueda siquiera pensarse en un juego de ironía.

En principio siempre me ha parecido un tanto complejo como los adultos (padres) juegan con sus hijos para convertirlos en lo que a ellos mismos les parece, o incluso con un poco más de participación como pueden dar cuenta del deseo de este niñato por cuenta de lo que su realidad le ha indicado: personajes altamente comercializados (vendidos) los cuales ni mencionaré para evitar caer en una infracción marcaria, pero que responden a su propia forma. Al niño en todo caso le gusta jugar, y su imaginación con independencia de la sátira contra el branding, se verá nutrida por cuenta del juego de rol en el cual ha de pensarse como parte fundante del personaje del cual toma prestada su apariencia, personalidad e incluso si su creatividad se lo permite, su propia naturaleza especial o mística.

Pero en los adultos es diferente, la dinámica se asemeja más a expresar algo de la decadente, enferma y problemática personalidad encerrada dentro de aquel yo personal, intimo, privado, el cual no suele salir por miedo a la reprimenda de esta sociedad que se predica tolerable, pero que en realidad sataniza y sanciona fuertemente cada comportamiento que considere como desviado (con independencia de que el mismo tenga o no consecuencias dañosas para el colectivo). Entonces, los más emocionados con este tipo de escenarios para tomar una apariencia 'ajena' o para adoptar una personalidad disimil, no son más que aquellas personas que viven encerradas en el juego de la apariencia, atrapadas por cuenta de la imposibilidad de desarrollar algunas partes de sí que resultan no tan coherentes con lo que la escala social de valores permite.

Asesinos crueles, personajes despiadados, apariencias que trascienden los géneros, disfraces que dejan de lado toda mesura y resguardo de la sexualidad, o incluso roles que dejan ver aspectos personales en principio predicables de una etapa anterior de la vida, dan cuenta de la necesidad de cada persona de expresarse y dejar salir aquellas cosas de sí, que normalmente son sometidas a la dinámica social, que propende por la expresión y la libertad, pero que en realidad censura el libre pensamiento, la crítica y que por supuesto se encuentra presta a castigar cualquier desviación, por inofensiva que esta pudiera resultar.

Bienvenidos los que están disfrazados de lo que no pueden ser, los que abrazan a estos personajes como una forma de dejar salir a su Mr. Hyde, a aquellos monstruos que son un reflejo de sí mismos y que están ocultos durante la mayor parte del año...

lunes, 14 de septiembre de 2015

Pausa para darle continuidad (y fin) a los proyectos

Imagen tomada de: https://pixabay.com/get/488b67f334c3a448382f/1448560314/forge-550622_1920.jpg?direct

Cualquier día de estos o de aquellos cae uno en cuenta de la necesidad de terminar a bien lo que de la misma manera se empezó. Por qué rayos es tan complicado el hacer aquellas cosas que en todo caso resultan necesarias para nuestro avance. Sí, avanzar es complejo en particular cuando por más que el tiempo nos lleve de la mano, la inercia propia que resulta en una existencia pacífica, muchas veces es más deseable.

Espero poder cerrar pronto esta parte de la historia, y que el capítulo termine de la mejor manera posible...