viernes, 25 de marzo de 2016

Internet, !Ya déjame en paz¡

Imagen tomada de http://www.elcorreo.com/noticias/201507/22/media/cortadas/throwboy_emoji_pillows--575x323.jpg porque a darle por el #$% al internet.

En un texto de naturaleza mas académica que cualquier especulación de este sitio, dediqué unas líneas a hablar de los pormenores de la sociedad del conocimiento y de la información, así como de los denominados "nativos digitales" y los millennials, tanto desde una perspectiva de estudios culturales como desde una propiamente a partir del consumo. Curiosamente según los estudios que consulé para ese texto, soy un millennial, en tanto "crecí" en cierta manera, de la mano de las tecnologías de la información y las comunicaciones en red, de manera que mi esquema de pensamiento es 80% desde una realidad afin a la tecología y un 20% desde lo analógico y las dinamicas propias a los tiempos que me precedieron (un claro ejemplo del principio de Pareto). En todo caso, entiendo el papel de estos medios y de la tecnología como extensión de la personalidad digital y por tanto he valorado siempre o al menos tenido en cuenta la importancia que representa para el colectivo que tiene un 100% de perspectiva y cosmovisión digital, cosas como los perfiles, los canales virtuales de comunicación y en particular las redes sociales.

En esto días me parece que cobra nuevamente relevancia esto que escribí en algún momento y que se relacionaba con la que en su momento era la principal red social existente. El poder de la comunicación, la opinión (de eso prefiero no hablar por ahora, para no extenderme) y la conectividad para efectos de compartir pensamientos, ideas o productos intelectuales (de cualquier naturaleza), no tiene un límite perceptible.

Existen personas para las cuales el móvil, teléfono celular o "smartphone" es una extensión de su ser, y para las cuales las actividades, actitudes y dinámicas de lo virtual, se extienden hasta lo análogo. Los "emojis" desde hace un tiempo se naturalizaron y la comunicación a través del "chat" (sea cual sea la aplicación) nos resulta lo más natural de la existencia. Pues bien, yo pasé por toda la evolución del teléfono, desde aquel que estaba irremediablemente fijado a través de un cable y por medio de una bocina completa que ya parece un adorno de museo, hasta cada uno de los modelos y tecnologías móviles que permitieron llevar la capacidad de comunicación a cualquier lado y hacer llamadas, transmitir mensajes y posteriormente mantener una correcta y continua monitorización del otro a través de plataformas que permiten no menos que un ciberacoso.

No pasa un momento sin que aquel otro u otra, con una significancia media o incluso superflua (entran todos los tipos de relaciones personales, familiares y profesionales) entren en nuestro espacio personal a través de ese apéndice sobredimensionado por las propias dinámicas de consumo, que nos obliga a permanecer en línea, a estar disponible. Poco queda del espacio para la introspección, para la necesaria soledad que en principio se supone que hace crecer a la persona. Nuestra sociedad se ha convertido en un monstruo interconectado que se encuentra cercano a la dinámica de una mente estructurada a partir de un pensamiento colmenar (de colmena) en donde para hacer las cosas más complejas (o fáciles para los involucrados) existen tendencias y líderes de opinión, en donde las primeras marcan una selectividad o un filtro dentro del complejo mar de información de toda la red, y los segundos marcan un principio orientador de las opiniones de otros.

Los paradigmas actuales imponen una cultura que se centra en una concepción con una falacia redundante y cíclica con respecto al derecho a opinar, la validez de las afirmaciones y la inviolabilidad de los derechos de cada quien, sin contar con una filosofía de vida que da cuenta de unos valores inmutables, encuadrados en principios liberales entendidos de la formas más conservadora posible. En pocas palabras, se tienen derechos absolutos, en especial cuando estas prerrogativas corresponden con el ideal de la misma tendencia, y por otro lado se resaltan aspectos de la individualidad que rayan en lo ridículo cuando la misma se encuadra en mecánicas de cohesión que niegan el sentido del pensamiento crítico e individual.

Internet trata por todos los medios de colmar mi paciencia, y si bien en gran parte sigo los "feeds" ultra repetitivos de mis contactos, "amigos" y "conocidos" en las diferentes redes sociales, he dejado de lado casi todo tipo de interacción, comentario u "opinión" en la medida en que ya no encuentro productivo este tipo de escenarios de comunicación. Cada suceso informativo que adorna la cotidianidad, en principio se encuentra mediado por un emisor que tiene por lo general una intención de tráfico de "clicks", de manera que existen muchísimos sesgos, desde la fuente incluso.

Esto no es nada novedoso y se dio como resultado de la dinámica que impuso el capitalismo voraz, aquel que ha predado cada espacio del desarrollo humano que ha podido y que quizá logre que todo esto que conocemos (y que algunos a veces nos atrevemos a valorar), desaparezca entre un mar de "likes" y un oceano de opiniones, todas tan válidas como la anterior, así no tengan ningún propósito útil.

Pero además de unas fuentes sesgadas y de un ambiente que cada 3 líneas de texto tiene alguna pauta, referente comercial o sugerente (enteramente personalizado eso sí) que nos lleva a pensar en lo próximo en que gastaremos nuestro dinero, adicional a todo esto tenemos un sinnúmero de personas que dirigen nuestras opiniones, el 95% de ellos pagos, pagados por todas esas compañías que se ven beneficiadas tanto del mismo funcionamiento del internet, como del negocio multimillonario que implica la publicidad, tan solo superada por la industria del entretenimiento y la cultura, de la cual tampoco quisiera hablar ya que podría reventar la burbuja de más de uno (eso suponiendo que alguien lea este texto).

Estamos bombardeados de referentes para pensar, de sugerencias que parten de la concepción de nuestras ideas, hasta a formación de nuestros valores, todo a través de un universo de información que nos fue vendida como gratuita, y que para los efectos de lo que afecta a nuestras decisiones, tiene un precio bastante alto que desgraciadamente no nos es retribuido, y por más de que personajes como Mark Zuckerberg, Bill Gates, o Steve Jobs, hayan donado (especialmente y que yo sepa los dos primeros) una buena parte de sus fortunas a los menos afortunados que ellos, lo cierto es que esas fortunas las hicieron construyendo este mundo que hoy gobierna nuestros destinos, estas dinámicas y mecánicas de interacción que precisamente sirven para que otras personas se lucren de nuestra falta de determinación para con el tiempo libre, de nuestra ignorancia, de nuestra soledad, de nuestra necesidad de aceptación y de aquella necesidad que como seres sociales tan solo vinimos a desarrollar a través de la reducción de nuestro espectro visual a aquella pantalla sobre la cual ahora parecen gravitar nuestras vidas.

En mi propio caso el aumento progresivo de la procrastinación ha tenido que ver en mucho por cuenta de 4 fenómenos en su orden: i) los programas para la difusión de contenido audiovisual de carácter "gratuito", en especial Youtube; ii) las redes sociales, iii) los juegos móviles de estrategia en "tiempo real", y iv) las aplicaciones para mensajería instantánea. El problema es que cualquiera de ellos lleva sin falta a uno de los otros, y es un constante motivo para la interrupción de lo laboral y de toda otra suerte de proyectos dentro de los cuales tengo que destacar este blog y los escritos que antes veían la luz de manera mas o menos constante.

Claro, es un completa ligereza de mi parte echarle la culpa a estas herramientas que solo están allí para intentar mejorar mi vida, pero lo cierto es que es muy fácil dejarse llevar por cualquiera de estos fenómenos si se tiene en cuenta que más de la mitad de personas de este país está conectado a internet, y hay un poco más de 14 millones de smartphones en circulación (Según el MinTic), y eso teniendo en cuenta que esta golpeada república tiene un avance en este tema que estaría rezagado al menos frente a otros 4 países latinoamericanos. Mejor dicho, no es mi culpa, dado que la norma (lo normal) es que se posea un smartphone y a través de él que se acceda (consuma) y produzca, todo tipo de contenido.

Realmente por más que hago memoria, no logro recordar en qué ocupaba mi tiempo "libre" en la época en la que no existía esa facilidad de acceso a la información. ¿Qué hacia para pasar el tiempo en medio de un largo día? ¿Cómo me proveía de contenidos ligeros y superfluos?

En realidad si recuerdo, pero el objetivo de este texto (que ya está muy largo para cualquier millennial), no es otro que quejarme del internet y pedirle que me deje en paz, mandarlo un poquito al carajo y decirle que ya estoy harto de sus conflictos de opinión que resumen los males herados del pensamiento colonial, que demuestran que poco o nada ha avanzado nuestra sociedad en términos de inclusión (real), de tolerancia y respeto, porque cada opinión, cada comentario que leo, cada nuevo video repetitivo que consumo, tan solo me muestra que nuestras formas de pensamiento se quedaron rezagadas en siglos anteriores de los cuales ya solo conocemos por cuenta de una nostalgia impuesta (como todas las nostalgias de internet) adornada de filtros y sometida al escrutinio de los "likes", pero se encuentra estructurada de una forma más "democrática" en donde se le permite a todo el mundo pensar y opinar, siempre y cuando sea una persona "nice" o de bien, y por supuesto tenga el perfil del buen ciudadano, el buen cristiano y demás, así en el fondo no haya otra cosa que racismo, sexismo, determinismos y violencias políticas, étnicas y de genero. Asco de mundo en el que vivimos, que tiene una esencia disfrazada a través de todas estas corrientes de pensamiento y de opinión que en realidad, nos están llevando a la anomia y a la extinción del pensamiento crítico.

Por favor internet, ya déjame en paz.



miércoles, 2 de marzo de 2016

El vacío del alma y el pensamiento

Necesito escribir.
Esto no lo hago por un ejercicio efímero de angustioso y necio deseo de auto complacencia o por la virtud que pueda llegar a reflejar este espacio virtual, ante la constante (ja) afluencia de público con respecto a lo que me atrevo a publicar acá. No, no se trata de eso.
¿De qué se trata entonces?
Este es un escape, a esa realidad que me traga por cuenta de la angustia, de aquella propia de no hacer suficiente, combinada por el cansancio que se produce por hacer cosas que no están acordes con los deseos que se encuentran en aquellos rincones escabrosos de la mente, o quizá en ese espacio cuasi material y fenomenológico al que han relegado al alma.
Aún debo tener algo de eso.
No se trata solamente de un desasosiego que pueda confundirse con la desidia propia que generan las dinámicas de las sociedades en red, del conocimiento, la superación, el rendimiento, las tecnologías de la información y todo otra expresión tecnócrata, real o no, evidente o no, dolorosa o no... Es una cosa que va más allá y que quizá tiene que ver con la poca llegada de la necesaria energía al cerebro, luego de que el estómago no trabaje bien. Es tan grande la influencia de este órgano que casi quisiera hacer una elegía al aparato digestivo, un homenaje al eterno espacio devorador de alimento.
No, eso tampoco es, aunque tal vez influya, pero es que todo tiende a generar algún ruido, o mejor, todo tiene eco en nuestros pensamientos y en la forma en que nos relacionamos con el mundo.
En un estado difuso y contrario a lo ideal, las necesidades se hacen manifiestas y la propia idea de lo oscuro, la muerte y otros pensamientos oscuros si se quiere, tienen una manera especial de hacer transito, de llegar e irse, tomar el avión más próximo o jugar a las escondidas detrás de los parpados y encima de la ultima linea de expresión del rostro, de manera que se asomaran ante cualquier otra observación, cuando la mirada ya no esté cansada, los ojos hundidos, la boca seca o la sensación de espectralidad.
Tan real como vivo.

jueves, 25 de febrero de 2016

No hay nada que festejar

Este título sugestivo tiene que ver con la canción de los Fabulosos Cadillacs "Quinto Centenario" en donde se dice que "5 siglos no son para fiesta, celebrando la matanza al indígena...", y lo que sucede es que nadie se tomó el trabajo de explicarles a la agrupación musical que la celebración no se hace por cuenta de la situación particular con respecto al descubrimiento, conquista o erradicación de este 'nuevo' mundo, no, se trata simplemente de la excusa contemporánea (bueno, de ese tiempo, pero que hoy también es relevante) para celebrar, porque festejar es un verbo transitivo que tiene que ver con hacer una fiesta, y eso que celebrar es también "llevar a cabo", con lo que lo que importa es la fiesta, y el motivo de esta no tiene la menor relevancia, puesto que lo que realmente termina siendo importante es que se celebre, que haya diversión, y esto ultimo implica bailar, comer, consumir licores o incluso otras bebidas, puesto que muchas veces lo importante no es el trago o cualquier otra sustancia que ponga o saque a la persona de algún estado.

La fiesta es una constante a escala humana, incluso podría pensarse que es necesaria, porque hay una dimensión muy importante que se desarrolla para el individuo a través del uso de su tiempo libre, de la explotación del ocio (explotación suena medio maluco, como a los discursos de gestión y producción), el disfrute que está asociado al bienestar, a la diversión como dije, al igual que frente al necesario tiempo libre, pues no todo puede ser trabajo o estudio. No se puede vivir para trabajar.

Tomado de: https://pixabay.com/es/sylvester-cohete-d%C3%ADa-de-a%C3%B1o-nuevo-541440/

No obstante, siempre puede encontrarse una diferencia entre la celebración y el celebracionismo, la gente es tan miserable con el devenir de sus vidas, que una vez llega el lunes, ya están añorando el viernes, de igual manera el año no empieza sin al menos una pequeña reflexión a las vacaciones, lo que puede llegar a pasar incluso al día siguiente de que se han disfrutado, y que es peor para quienes por cuestiones de suerte laboral no cuentan con este tipo de institución anual; pero lo más cierto viene con las fechas fijas para la fiesta, la primera de ellas el onomástico, la segunda la navidad. Algunos pensaran que cada fiesta no es más que el triunfo del capitalismo, como si el mismo estuviera en guerra constante, o en pugna de alguna manera con el establecimiento. ¿En donde viven? el capitalismo hace tiempo que ganó dentro de las formas o medios de producción y como tal tiene un lugar preponderante dentro de las consideraciones normales de nuestra vida en sociedad, en tanto toda persona necesita, quiere o desea ciertas cosas (bienes y servicios) que de una u otra manera influyen en su desarrollo, y no se trata solo de la comida, el vestido y el techo, si no que también existen múltiples 'necesidades' que a diferente  escala establecen una conducta, o que afectan o forman una dimensión de la personalidad, aquella que se da como consumidor. En fin, las discusiones contra el capitalismo tienen poco sentido, en tanto es una estructura que soporta la base social, la cual tiene que ver directamente con la forma en que se trabaja, y en la que se adjudican réditos, bienes, la adquisición y distribución de la riqueza, de tal forma que un cambio en este sentido implicaría una revolución que transgreda de manera profunda los cimientos de la sociedad.

El comercio, o la sociedad del comercio (consumo), tiene todo el derecho del mundo a perseguir que sus bienes sean consumidos, los problemas no vienen de la naturaleza primaria de las relaciones de comercio. No, lo malo empieza con la misma perversión del sistema, el cual ha sido aprovechado por una escasa minoría para establecer relaciones de poder y sobrepasar los elementos de gestión que podrían dar cuenta de una mejor forma para la administración de recursos tan escasos como los que nos sirven para el diario vivir. El mundo no es justo, y tampoco lo son las sociedades, los sistemas políticos o los jurídicos. De esta manera el enfoque depredador, el ideal vicioso, la perversión del sistema, son aquellos aspectos que generan consecuencias nefastas, tanto para quienes resultan víctimas (personas) como también del mismo medio, la base, el ambiente (el planeta), que difícilmente aguanta el ritmo frenético que impone el consumismo.

jueves, 11 de febrero de 2016

Dejar ser

Cada día, o más o menos a menudo, abro este espacio buscando completar alguna de mis entradas (pendientes); razonando, reflexionando si se quiere, sobre tantos temas que me gustaría tratar, sin embargo, tengo la plena certeza de que aun hago esto como un ejercicio de dejar salir, para que las cosas salgan de mi cabeza y no se queden dando vueltas, como todo y como nada.

Pero a veces también siento que mi propia cabeza intenta acallar los pensamientos, evitar que se dé esta expresión tan necesaria ¿Por qué? No tengo idea, lo que sí sé es que a la fecha tengo 19 borradores de entradas que no han sido capaces de ver la luz, o frente a las cuales he faltado a mi propio deber de concreción, son asuntos pendientes y la propia naturaleza de los mismos empieza a afectar a mi sentido del ser, al igual que del deber y el dejar. Ser.

jueves, 4 de febrero de 2016

El cafrismo: Explicación no pedida, confesión de la mecánica de un pueblo nefasto y canalla

Esta, es una entrada muy seria, tanto como los problemas que en ella intento exponer.

Las últimas circunstancias de la vida de la ciudad en la que habito, al igual que un amplio buscar y rebuscar entre las opiniones, esputos, vociferos y expresiones de los habitantes de este terruño, me han llevado a considerar desde hace un buen tiempo, que vivo en medio de una cantidad insana de gente canalla, zafia, ruda, violenta, ignorante, rústica, grosera... gente cafre.

No se trata solo de quienes a diario viven a zancadas, empujones y atropellos, desatando su propio deseo de contacto con el otro a través de micro riñas por un par de segundos de ventaja, o un pequeño espacio en el cual apiñarse, abriéndose paso a como de lugar y abusando de esa complicidad miserable que se pretende luego de tener cada vez menos que dar y si mucho que perder. No ceder ni un milímetro, aprovechar cada momento, capitalizar la desidia o el cansancio ajeno, así se mueve el cafre, pero al menos el de a pie vive con algo de consecuencia y está (al menos en apariencia) dispuesto a confrontar a sus semejantes, incluso puede llegar a desearlo.

Pero al margen de todas estas personas faltas de educación y que por cuenta del poco espacio que la vida les da para realizarse, sometidos a los desmanes del capitalismo, esclavos de sus propias decisiones y de la rutina, viven en un completo enfrentamiento contra todos aquellos y escasos enemigos invisibles a los que pueden derrotar, no a los verdaderos, no a quienes los oprimen, y ciertamente no a sí mismos. Entonces, cada momento de cafrismo podría ser un minúsculo triunfo, apenas suficiente para compensar un carácter débil, una existencia febril y devastada. Pero basta de justificaciones, el cafre existe y persiste en su cruzada contra sí mismo y contra los demás, por la razón que sea.

No se trata solo de ignorancia, que es incluso un calificativo que ha perdido sentido y que se usa a menudo para descalificar al otro, una herramienta del cafre para señalar a aquel que no piensa de su misma manera: "ignorante" es el nuevo "campesino" o "palurdo", porque estos otros significados recibieron el suficiente rechazo social como para haber sido escondido por conveniencia, por esa absurda forma de remendar todo a expensas de insertar algunos cambios en el lenguaje cotidiano, para hacerlo políticamente "correcto" o adecuado. El desconocimiento sistemático del otro, de la realidad, de la historia, no es ignorancia, es al menos una impedimento social cognitivo de la peor naturaleza, porque está sustentado en la voluntad de no aprender, de no conocer, de no saber.

El cafre entonces se rodea de una falsa confianza, de una seguridad manifiesta en que lo que hace, expresa, vive, hace parte de un deber ser adecuado, política y moralmente correcto y esto se agrava cuando tiene el descaro de atribuir su comportamiento a los seres superiores en los que cree. De esta forma se crean los peores tipos de cafres, aquellos que sirven en teoría a una deidad que predica amor, respeto, tolerancia, pero quizá solo entre ellos mismos, en donde el afecto hacia el prójimo no pasa de ritos desgastados heredados culturamente y de una serie de consignas que se repiten hasta el cansancio, pero que no tienen una aplicación práctica.

Mi intención no es desviarme de la realidad del cafre, quien también puede encontrar un sustento moral simplemente en construcciones derivadas de cualquier otro tipo de creencia, pero que en todo caso tendrá algún tipo de base moral que le servirá para justificar sus canalladas, con ideas sobre explotadas aunque poco desarrolladas sobre el bien común, la justicia, la equidad, el amor y la conservación tanto de la especie como del medio en que se habita.

Dejando de lado a toda esta suerte de cafres, con distintos perfiles, procederes, trasfondos y naturalezas, he de centrarme en los hechos que dieron origen a mi inquietud por escribir sobre este tema. Como con algunos otras reflexiones, la concepción de la idea del cafre fue consolidandose a través del devenir de las redes sociales, y los espacios de opinión de otro tipo de portales noticiosos o de información.

Es del caso recordar que por cuenta de la masificación del internet se le ha dado a múltiples personas la opción para expresarse, en donde claramente se encuentra la muestra poblacional cada vez más creciente de cafres. La expresión en un contexto de entorno virtual o digital apareja una serie  de ventajas, propias de la personalidad difusa de carácter digital, lo que facilita la actitud irresponsable de estos individuos, quienes se comportan conforme con aquellos límites que seguramente se han impuesto en su propia vida, quizá como aquellos seres diminutos, sometidos en cada etapa de su cotidianidad con solo una que otra (pequeña) posibilidad para dejar salir sus frustraciones, a través de algo como las opiniones que en su mayoría de veces están cargados de odio y con ataques dirigidos a alguien en particular que ha osado expresar su propia opinión.  Ya volveré a este punto, sobre los cafres, y su forma de expresarse.

Imagen liberada de Copyright, tomada de https://pixabay.com/
Existe una transformación simbólica importante que se ha dado como resultado de la interacción social en internet y parte de la naturaleza de la información. Esta es emitida por personas, entidades u organizaciones, muchas veces sin una adecuada determinación de fuentes y naturaleza. De esta manera se confunden las editoriales con los sucesos, y las opiniones con las críticas humorísticas. Lo peor sucede cuando los encargados de ilustrar o exponer, de dar a conocer los hechos que circunscriben el diario vivir, lo hacen de una manera parcializada, a través de supuestos (y elaborados) "análisis", lo que resulta peligroso dado que la función de los comunicadores se ha transformado para dar paso a una predigestión de la información, de forma tal que llegue con un mensaje política o comercialmente adecuado según los intereses del capital que se encuentre detrás.

Se trata quizá de un problema de lenguaje, de semiotica y discursos, lo cual se hace claro cuando en ciertos casos estos comunicadores otorgan etiquetas, lo que resulta peligroso en virtud a que la opinión pública tiene poco de formada y no se hace a un criterio personal, sino que usualmente repite y hace introspección de lo que le llega, de manera directa, porque los medios han hecho una explotación carismática de manera elaborada y como consecuencia de la misma cultura popular se ha 'celebrizado' y elevado por tanto la categoría social, de quienes aparecen detrás de los micrófonos y especialmente de las cámaras.

Los medios de comunicación entonces, se convierten en un poderoso factor de hegemonía cultural, en focos de dominación si se quiere, y este no es un discurso "de esos", en tanto mi posición es simplemente una crítica a las formas de construcción de discursos y consensos. Poco se hace para que lo que comunica esté revestido de diferentes ángulos, de imparcialidad, y en los casos en los que está, se hacen vastos esfuerzos editoriales por cargar la opinión hacia un extremo que resulte coherente con una determinada perspectiva política, la cual de paso lleva inmersa una gama de intereses, dictados por los circulos de poder conexos a esa corriente o idea política.

En este caso se ha hecho bien el trabajo, la opinión se encuentra absolutamente polarizada, pero quizá no de una forma estrictamente maniqueista, pero si de una forma en que existen unas posiciones "válidas" y unas cosmovisiones que son naturalmente aceptadas, y no me refiero solo al rechazo por solidaridad mecánica de los comportamientos que resultan aberrantes, detestables o censurables desde nuestra concepción moral a escala de sociedad, sino de aquellas ideas o estructuras de pensamiento que por cuenta de los problemas anteriores son precalificadas y en esencia rechazadas por cuenta del manejo de la información. Aquí basta recordar las dinámicas de exclusión, de manejo de las diferencias y el reconocimiento de las semejanzas, que a nivel social lleva a la configuración de bandadas, grupos, colectivos e incluso tribus.

Hacer y lograr identidad es fácil, y tiene que ver con la forma natural en que los seres humanos como individuos y sociedad, se integran para afrontar de mejor manera los diferentes retos de la cotidianidad, de manera que no es nada novedoso el que las personas se agrupen, no obstante, lo que resulta curioso es la calificación y clasificación del otro a través de dinámicas personales, que en el caso de los cafres refieren a formas canallas y ruines de encuadrar al otro para facilitar su ataque.

Cuando empecé a pensar en escribir sobre el cafrismo, tuve en cuenta una serie de ataques mediáticos u opiniones si es del caso, o información de análisis que suele confundirse con hechos de carácter informativo, puesto que al menos como lo he manifestado desde líneas anteriores, a mí me queda la duda del verdadero papel de los medios de comunicación y del carácter de la información que es recibida por los consabidos cafres. Entonces, de mi observación he visto que muchas de las demostraciones de cafrismo (en internet al menos) se dan en los escenarios políticos, aquellos foros de discusión virtual derivados de artículos de opinión, así como de portales noticiosos.

No hay un solo articulo que se refiera a hechos de actualidad, que exprese la opinión de algún columnista en materias de política, Estado, Nación o similares, que no contenga toda una serie de comentarios explosivos, reaccionarios y con un animo no solo de controversia, sino de verdadero enfrentamiento. Si alguien da una opinión que contiene una desaveniencia contra lo expresado por el común denominador de los foristas, entonces se produce un primer ataque, los calificativos están a la orden y los insultos también. Pensar diferente de otros es claramente una ofensa capital, con todo y que muchas concepciones y cosmovisiones parecen haber sido sacadas de algún lugar oscuro y desolado, probablemente muy disimil de un cerebro humano. Sin embargo las discusiones se salen de tono y usualmente se convierten en una verdadera pelea por cuenta de quien "tiene la razón" o es dueño de la verdad.

Todos nos equivocamos y nuestra posición política ciertamente está determinada por lo que consideramos que es lo mejor, lo correcto en términos del bienestar general, así como del progreso y el desarrollo científico, social y cultural. En un escenario ideal, las personas expresarían sus argumentos a favor de una u otra posición, pero las personas (en especial los cafres) son muy ligeras cuando se trata de mantener una posición política, y esto tiene consecuencias nefastas para el desarrollo social y deja en entredicho conceptos como la democracia, la libertad de expresión y otras consignas que fueron logros históricos para conseguir esa paz duradera de la que Kant tantas veces habló, pero que es una falacia, al menos en internet.

viernes, 15 de enero de 2016

Pausa para descansar (de verdad)

En los últimos días, o incluso desde hace un buen rato, he intentado probar las mieles de la buena vida, de aquellas cosas que por uso y ante mi supuesto nivel de vida (profesional, personal, etc.) debiera hacer para cumplir con los estándares de la sociedad actual. Claro, en esencia nunca me ha gustado cumplir con nada, atenerme, atender o asumir. Sin embargo, tengo claro que todo se trata de adaptación, supervivencia. Por ello intenté hacer muchas de las cosas que había querido hacer antes y para las cuales no se tiene tiempo, dinero o similares.

Una de ellas es viajar...

Esta imagen es de mi autoría.

Me fui entonces, por un tiempo en extremo corto para todo lo acumulado. A ver otros horizontes y conocer otros paisajes, a tomar un baño en otras aguas y definitivamente para pasar algo de tiempo al lado de la amada, sin horarios, sin trajes, sin corbatas y sin otras tantas pre-ocupaciones...

Pero tocó volver eventualmente...

jueves, 3 de diciembre de 2015

Jueves de no corbata

Esta imagen es de mi autoría.
Los habitantes de este mundillo oficinesco debemos encontrar salidas, al igual que motivos y razones, para tantas cosas como incluso la determinación del deber (ser), porque lo cierto es que cuando se trata del hacer, poco importa cualquier consideración de índole personal, nada más importa que hacer caso, lograr la meta, consolidar el resultado, puesto que toda acción no se somete a la reacción, si no que tiene que tener un resultado; a, b, c, o cualquier otra variable tienen que terminar siendo z, porque esa fue la respuesta que algún genio estableció... la autoridad.

De esta manera resulta apenas lógico que el colectivo termine reivindicando un mínimo de su libertad personal a través de lo más bobo que pueda, lo que implica no menos que hacer alguna micro revolución que solo sirva a un propósito de una pequeña victoria, aquella satisfacción que aun ínfima resulta altamente gratificante. Sí, el ejemplo, es tan sencillo como un día sin corbata...