martes, 25 de agosto de 2015

Punto de no retorno

En estos días, nuevamente me he enfrentado a la inexorable levedad del ser, leve, frágil, la existencia humana en sí misma es una contradicción a cualquier condición o axioma, de tal suerte que muchas veces no se sabe. Se existe porque de una u otra manera la voluntad ajena estuvo involucrada, eso sumado a la suerte, al azar propio del caos cósmico del cual siempre he estado prendado, pues en cierta manera a este debo mi vida. Los días pasan, uno detrás del otro, horas que se suceden a través de ecos sumidos en el silencio que no dejan ver la propia velocidad a la que se supone se desplaza este monumental pedazo de hogar en que nos encontramos.

A este hogar es que hoy quisiera referirme, en donde unos y otros están discutiendo varios temas en relación con la bien o mal llamado "punto de no retorno", relativo a aquel estado en que ya nuestro planeta no tiene arreglo, o el daño ambiental es irreparable, y en donde se ha examinado por varios bien o mal llamados expertos, aquello que toca al ser humano, con voces de alerta que miden el consumo de recursos, la afectación al medio ambiente y al ecosistema y el cambio climático principalmente.

He visto, leído y escuchado, diferentes puntos de vista en relación con estos temas. Al parecer el mundo está sumido en un proceso que pronto (o incluso desde ahora mismo) llevará a una crisis irreversible, con un daño a su vez irreparable, lo que se verá en el corto y mediano plazo en un cambio climático, puesto que no se trataría solo del aumento global de la temperatura media del aire, sino también ante la presencia de fenómenos cada vez más frecuentes de extremos climáticos tales como profundas sequías, lluvias continuadas, huracanes, etc.

Es como si el planeta cada vez se manifestara con más fuerza, y afectara de una manera más diciente a las personas. Claro, esto es evidente y no requiere mayor explicación si históricamente revisamos como se comporta la vida en las ciudades en que hemos vivido durante los últimos 10, 15 o 20 años, cualquiera podría indicar que las temperaturas han aumentado considerablemente. Pero esta situación tan evidente tiene otra serie de explicaciones que incluso tocan la misma forma de construir las ciudades, el propio urbanismo y la forma en que las personas se han comportado. No hay que ser un experto en el clima para saber que una extensión considerable de asfalto y cemento no absorbe de la mejor manera la radiación solar, de tal suerte que el suelo y el aire se calientan, y sucede lo que pasa normalmente: el aire caliente se eleva y pasa a ser reemplazado por aire frío, lo que a su vez causa vientos que traen nubes y afectan la manera en que la humedad se ha concentrado previamente. Con un poco de imaginación y una inteligencia promedio, al igual que el recuerdo de las ciencias básicas aprendidas en la primaria (la educación de la niñez) se puede entender que un microclima como el de la ciudad, es afectada por la pobre arborización de la misma, y en general la falta de fuentes suficientes de agua, la inadecuada urbanización y por supuesto, el exceso de personas.

La densidad poblacional a mi juicio es el mayor de los problemas de los seres humanos, que tiene varias explicaciones. Una pobre educación sobre las consecuencias de la natalidad, que probablemente también se explica en una nula o también pobre educación sexual y que dispara los embarazos no deseados, en un país en donde la reproducción es aun un problema asociado a la religión y en que la gente de frente se persigna y reza, y por detrás es altamente promiscua. Sin contar con un sistema legal que no da a las mujeres control sobre sus cuerpos y obliga a que en estos casos los niños deban nacer o nacer, pero sin ayudar de verdad a estas madres a su desarrollo y el de los infantes, en tanto la norma propugna por la vida del neonato, pero en ningún caso por su dignidad, eso a nadie le importa. Por otro lado está la tecnología, la técnica, la medicina, factores que hacen que las personas mayores, los adultos mayores, prolonguen su vida por más tiempo de lo que en principio se habría esperado, de esta manera nuestro mundo se está llenando de niños, jóvenes y ancianos, pero solo hay recursos y facilidades de producción para los que están en una edad intermedia, los adultos formados y capacitados.

Los humanos entonces, se reproducen como si no hubiera un mañana, y en mi caso me parece fácil de ver cuando en un día normal de descanso casi todo sitio al que arribo está adornado con la clásica pareja de padres atormentados (de esos que olvidaron como sonreír) con al menos un par de infantes que no superan los 10 años de edad. Quizá su nivel actual económico les permita darles el sustento, lo necesario. Aunque también veo mucho padre joven sin los suficientes recursos (o ganas) de criar a sus hijos, a esos que probablemente no fueron del todo deseados. Padres que no crían a sus hijos porque deben trabajar a como de lugar para asegurar ese sustento que en el caso de los infantes es mucho más costoso que con respecto a los adultos, puesto que los gastos de desarrollo y educación, que cada vez son menos cubiertos por el Estado (a quien sin embargo si le importó desde un principio que no se evitara un nacimiento no deseado), con abuelos que cansados como están de una vida que ya en sí misma les reportó una vida sacrificada se encargan de ver (y criar) a sus nietos, teniendo que vivir y convivir con hijos que nunca superaron el ciclo que antes se consideraba normal, de independencia, de hacer una vida propia. Ese ciclo al que responde el sistema de principios y valores, y sobre el que incluso está cimentado (al menos en teoría) el modo de producción económico.

Así las cosas, somos muchos, algunos dirían que muchos más de los que aguanta nuestro planeta, y en principio no estarían tan equivocados, de no ser porque consumimos mucho más de lo que necesitamos. Ese es otro de los problemas más graves, el consumo. En este punto peco incluso como parte de esta colectividad rampante, nefasta y criminal, la cual tiene y muchas veces desea más. La culpa de esto es muy difícil de encuadrar, e incluso inútil. Resulta mejor intentar hacer algo por la humanidad, desde cada uno, disminuir el impacto de nuestro paso por el mundo, no abusar, no destruir, no excederse. Es en el exceso en el que se concentra el mayor problema, los cientos de toneladas de comida que se pierden porque la gente pide más de lo que puede comer; decenas de zapatos, bolsos, accesorios y muchos otros que responden únicamente a un sentido de la acumulación e incluso de la moda, los cuales resultan muy difíciles de derrotar.

Bueno, existen de todas maneras posturas críticas frente a este tipo de corrientes, y frente a los sucesos que dan cuenta de un mundo saturado, contaminado y en creciente depredación. El problema, sigue siendo la gente, es demasiada y no cumple sus ciclos naturales mientras que se concentra en multiplicarse sin crecer, en dejar retoños que no lleven ningún legado, puesto que su desarrollo es incompleto y no tienen nada que dejarle al mundo, posiblemente no tuvieron tiempo de aportar nada, mientras que los que aportaron son marginados, inutilizados y despojados de importancia al tiempo que se les mantiene con vida por conveniencia del sistema, el cual sin embargo se basa en una planeación a largo plazo que resultará insostenible en el mediano.

Hay que hacer,  lo que hay que hacer: Cierto, vivir de manera más responsable y pensar un poco más en el otro, por pura relación de supervivencia desde uno mismo, porque ese otro podría ser nuestro verdugo, a menos que se convierta en una influencia positiva en nuestras vidas, al tiempo que deberíamos nosotros serla en la suya...

Difícil, la vida, el mundo, el círculo de lo humano se ha cerrado alrededor de sí mismo, sin pensar en lo que le rodea, de tal suerte que algún agujero causado por su paso destructor, por su accionar depredador, será lo que lleve a su aniquilación.

lunes, 3 de agosto de 2015

El que espera, pues espera

Esto se corresponde bien con la idea de que quien se levanta temprano es ayudado por la divina providencia, porque no basta con que debamos hacer las cosas por nosotros mismos, sino que está bien metida dentro del imaginario colectivo la idea de que existe un poder superior que en principio está ahí para suplir la falta de voluntad de cada cual. Dicho esto, la idea misma no se correspondería a otra cosa que a la justificación, y a la pereza (por supuesto). Después de un largo rato, me he visto abocado nuevamente a hacer uso de este espacio, con el tiempo respirándome en el cuello y mostrándome lo agobiante de la finitud.

El uso de la paciencia podría ser uno de los más complejos tópicos para una disertación del tipo especulativo, porque no podría definirse de una manera que no resulte escueta, o como mínimo conveniente. En principio he usado esta reflexión como pico esgrimido dentro de la cortés forma en que se ha revertido mi tolerancia, o incluso desde un punto de vista un poco más regular y por tanto pusilánime, la ausencia de la misma, como si esta implicara la aceptación completa sin ninguna arista, de este tipo de situaciones. Aceptar, respetar, tolerar, no son exactamente sinónimos, ni implican en momento alguno la anulación del ser, o el simple repudio de la concepción y consciencia individual. Pero no es esta manera en que se pone a prueba mi voluntad, mi tranquilidad y mi capacidad para acallar cualquier pensamiento homicida el que me ocupa actualmente, no, no se trata de eso.

Se trata de la otra forma en que se ve este asunto, en tanto la paciencia es esta virtud de oponerse al malestar mismo que supone el hecho de dejar ser, de permitir que las cosas vayan, aun ante el sobresalto que supone poner algunas cosas al cuidado de otros, funcionar entonces a expensas de ese otro. La otredad es ajena, extraña por definición y eso implica necesariamente perder el control, muchas veces por completo.

Este tipo de circunstancias en las que se consolida la forma de ser, la forma de estar a través del manejo del tiempo, son las que consolidan esa otra forma de paciencia, la que se forja por espera. Existe entonces una manera de ver, de hacer, de contar, de vivir, que implica una agobiante y a la vez nutrida realidad: El ritmo de vida es uno solo, y nuestra percepción acelera o ralentiza las situaciones en atención a múltiples situaciones, que a su vez son también circunstanciales. Y es que entender la realidad es un gesto complejo, un guiño a la materialización de la razón, que seguramente no puede ser del todo realizada, pero que resulta todo una experiencia en hacer al menos alguna que otra aproximación, como seres pensantes y conscientes de la realidad que nos rodea, que nos ahoga a veces, porque el aire es solo una sustancia en la que podemos subsistir, en donde nos es natural existir, pero lo que no implica que no nos rodee, puesto que el espacio a nuestro alrededor tiene algo, muchas cosas, y la resonancia de estas, su reflexión, refracción, frecuencia, es lo que nos permite sentir, incluso el paso del tiempo.

El que espera entonces, generalmente no tiene de otra. Somos dueños únicamente de lo poco o mucho que las restricciones que nos rodean permiten, y la nuestra es la ilusión de la libertad, sometida a leyes tan determinantes y difíciles de romper como la gravedad, e incluso a aquellas de corte social que limitan total o parcialmente el desarrollo de nuestras mentes.

El grado de limitación es proporcional a la consciencia, a la aceptación de la lógica que subyace al límite, incluso porque se nos ha mostrado históricamente que somos débiles, y que hacemos lo que hacemos, para sobrevivir, casi como si toda circunstancia endógena y exógena correspondieran a la naturalización, porque claramente toda evidencia y lógica muestra que el deber ser es constantemente un equivalente del ser, para hallar el primero, de tal suerte que la imaginación usualmente es tan valiosa y constructiva como la corriente generalizada lo permita, y esto aplica a todas las ciencias, a toda disciplina, a todo acto o valor humano.

Esta es una reflexión inacabada, escueta y agobiante. Como todas las importantes.

También aplica:

Paciencia (2008)
Consecuencias
Sólo
Tiempo y espacio
Paciencia (2011)
Martes: Desafío de paciencia
Exaltaciones y Calmas 



jueves, 23 de julio de 2015

El ruido, preludio de alguna que otra especulación

Ruido, un bloqueador de los espacios de claridad existencial...

Es realmente complicado llegar a un verdadero espacio de claridad, en especial cuando la esfera personal, ese alrededor que circunscribe alguna porción del universo que puede considerarse como propia, se plaga de contaminación. Los ruidos se reproducen, se multiplican y conforman una extraña cacofonía que no deja de complementarse con toda serie de sensaciones y sentimientos de personas

La situación se hace en extremo preocupante cuando se llega a una conclusión no tan precipitada en relación con la recurrencia, no es la la primera vez que esto sucede. Un pequeño consuelo: De alguna u otra manera el hacinamiento como tal es mínimo, aún cuando las circunstancias resultan no menos que contaminantes, y la afectación del ser, en todo caso, termina permeando a su vez el estar.

Afortunadamente existen circunstancias amenas, recuerdos vívidos en los cuales el bienestar se une, se genera contra y desde el amor y todas las cosas pueden al menos ser bellas. Un poco, un tanto y a la vez desde lo cierto y lo evidente.

Menos mal.

jueves, 2 de julio de 2015

Aburrimiento (III) segundo preludio de una reflexión

Me gustaba cuando le ponía imágenes a este Blog, ah tiempos aquellos que no pueden volver a cuenta de los bloqueos de esta maldinga red...

Si hay algo que caracteriza al ser humano es su inexorable tendencia al tedio infinito, al menos en los últimos tiempos. Recuerdo aquellas reflexiones en relación con lo que implica el aburrimiento (AburrimientoAburrimiento IIAburridoTrabajoEl fondo)...

Aburrido como puede estar todo aquel que se desencanta, la frustración por el devenir propio de los días y sus noches, lo que es tal vez diferente a la sensación de desasosiego propia del que necesita estar distraído, o en tal caso concentrado. cualquiera sea la razón, el motivo o el resultado de un ejercicio de pensamiento. Por una parte se encuentra la indisposición por hacer, por carecer de sentido o ser indiferente a las razones propias de ese "deber ser", un esquema de valores y principios que distan del "ser" o del "es", y que sobrepasan cualquier escala racional de correspondencia moral e incluso lógica. La respuesta de la mayoría suele estar en unos días adelante, en el tan anhelado viernes, en donde la existencia es una carga que se sobrelleva a punta de alcohol o de cualquier otro distractor, de tal forma que el mismo quehacer, las obligaciones, las ocupaciones, también constituyen una forma adicional de llenar la cabeza con sensaciones, percepciones y pensamientos "felices", todo con el fin de nunca, nunca, nunca (jamás), pensar en la razón de las cosas, en los por qué, en las consecuencias y en general en lo que viene, pero a partir de lo que se queda...

Estoy empezando a odiar un poco la rutina de todos los meses, los pagos que se traducen en colas en bancos, por la pereza y la atención a la deuda ante una falsa seguridad de dinero en los bolsillos, ser tan libre que no se pueda disponer debidamente de los espacios y los tiempos para al menos acabar con los pendientes, en alguna suerte de orden que deje solo aquellos más graves, los que algún día tendrán que resolverse.

Y en medio de todo, el aburrimiento, el tedio...


viernes, 26 de junio de 2015

Reflexión mojada, para una lluvia mejor

Algunos días empiezan diferentes a otros. Somos el resultado de una consciencia dividida o incluso difusa, un producto o un conjunto que tuvo lugar, pero que no corresponde con una circunstancia espontánea. Venimos al mundo como resultado del amor y el deseo, pero negados de presente a ellos en la medida en que nuestra concepción establece lazos que con esfuerzo intentamos replicar a lo largo de toda una vida, muchas veces sin éxito.

Los errores constantes deberían construir una existencia completa, coherente, con un grado de consecuencia y de mesura al menos relativo frente a la cotidianidad, no esa que en sí misma intenta destruirnos a partir de la excesiva repetición y del establecimiento de rutinas que pueden ser resultado de la corriente generalizadora, aquella misma que nos impone los hábitos y las necesidades, porque muchos de nuestros aspectos deben de alguna manera estar previamente ajustados y determinados a lo que el colectivo expone (impone) como bueno o adecuado. Lo anterior no quiere decir que las reglas sean malas en sí mismas, en tanto su ideal se corresponde con la idea de una sociedad civilizada y pacífica, o cual implica la cesión de libertades, caprichos, derechos y posibilidades, e incluso la supresión en cierta medida de la propia independencia, autonomía y libertad.

El error es una prueba constituyente de la inexorable voluntad del caos cósmico, de la tozudez del propio ser humano, y consecuencia de la racionalidad del accionar al igual que de la levedad del pensamiento La acción contempla siempre un sinnúmero de valores, escenarios y sentimientos cruzados, de tal manera que no podemos ser enteramente lógicos, racionales o emotivos. El balance vendría a ser algo enteramente relativo, y no del tipo que permite actuar desaforadamente o incluso banalizar los aspectos relativos a la existencia, porque no, la relatividad no es igual a nimiedad o desarticulación de la evidencia objetiva, y la aproximación desde un sujeto tampoco desconoce o desestima una percepción, la idea derivada de la misma o un argumento resultado de todo el proceso cognitivo que torpemente se hiló anteriormente.

Hoy soy un ser sometido y atropellado por el error, mojado por la lluvia y atacado por la falta de defensas efectivas contra un ambiente que está plagado de circunstancias que enferman, y en donde la ausencia se me convierte en dolor y el dolor a la vez en ira. Tal vez me falta inteligencia emocional para lidiar con que no sea como yo quiero, con que las cosas no resulten de la manera en que las pienso, y es que puedo enfrentarme a casi cualquier cosa, menos a contrariar la propia idea que tengo sobre lo que me es más cercano: yo mismo.





lunes, 22 de junio de 2015

Pausa para "WTF"

Hay días de aquellos en que no se puede dejar de pensar: ¿Pero qué?... O ¿qué onda?, o, What the fuck?

Sí, no importa el idioma, no importa la propia forma, el sentimiento es el mismo. ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Qué necesidad? El mundo intenta agobiarnos por cuenta de su indecible necesidad (y necedad) por plantear las cosas de la manera menos natural o menos lógica posible. Tal vez anteriormente haya hecho alguna suerte de reflexión sobre lo que implica lo "natural", al igual que el sentido que tiene la lógica y como en algún sentido estas no son ideas contrarias, lo que sí es que dependen del esquema racional de quien hace este examen.

Pero toda perspectiva racional es insuficiente cuando se trata de hacer ciertas determinaciones y de establecer los presupuestos para la acción de otros. La planeación y los sistemas de gestión, al menos a nivel institucional, adolecen de una profunda falta precisamente de ese análisis que les da sentido, lo que me lleva a pensar que en el objetivo de hacer, mostrar y gestionar, se hace un olvido consciente de lo que precisa el manejo de todo tipo de recursos y talentos, en donde debe tenerse en cuenta naturalmente que se está tratando con personas, circunstancia que hace las cosas diferentes, los escenarios de planeación tan únicos, que no pueden estandarizarse protocolos o procedimientos que sirvan a su vez para muebles, papas, perros o materiales de desecho.

Somos seres humanos, con ciertas necesidades únicas que trascienden las esferas de la necesidad y de las obligaciones. Claro, estos temas son muy poderosos a expensas de lo que ata o aterriza a cada persona y que no tiene que ver con otra cosa que con la idea que según el tipo de sociedad, o el espectro cultural en que se desarrolla la persona, le circunscribe a escenarios en los cuales ha de ser, y debe hacer, lo que no impide que se hagan desarrollos personales que no deben resultar incompatibles con esas esferas obligacionales, es lo que en principio puede llamarse libre desarrollo de la personalidad y que pomposamente es defendido por políticos, juristas y defensores de lo humano, pero que en realidad no se entiende como dimensión y muchas veces no pasa de ser un eslogan de campaña.

Aterrizando todo esto, es incomodo por no decir otra cosa que los espacios laborales estén delimitados a la producción y al resultado, pero esto es normal, dado que de lo que se trata no es de realizar a cada persona en esa dimensión suya que es el trabajo o la profesión, sino de hacer todo lo posible por explotar al máximo la plusvalía. Para eso basta leer cualquier análisis económico medianamente serio y que críticamente no esté subvencionado por alguna rama ultra capitalista, a cualquier nivel institucional o académico. Probablemente esta afirmación no resista este trato superficial que le estoy dando, pero en este momento no intento abordar este problema que subyace a la misma esencia del mundo y que podría estar analizando algún día. En este momento me ocupa la consecuencia, la que procura que se establezcan reglas para la forma de laborar, pero sobre todo que se pongan de presente los límites dentro de los cuales se debe desarrollar esta actividad laboral, que a veces resulta hasta necesaria (y me odio un poco por esta justificación), cuando lo que se requiere es una actividad mecánica y prolongada, lo que curiosamente es lo peor recompensado y con el mayor grado de abuso.

Pero también existen imposiciones inexplicables, malucas, dentro del contexto de un trabajo de carácter intelectual. Y no me es fácil entrar en materia o hacer una crítica directa a lo que me generó el malestar que ahora se plasma en este texto. Se trata de pensar en el sentido que tiene la forma, las imposiciones derivadas de la sobre exposición diaria a la burocracia.

En este contexto entonces, resalto el motivo de mi inconformidad, la razón que en principio sirvió de combustible para estas líneas: el bloqueo sistemático a ciertos sitios de internet, dentro de la red de mi sitio de trabajo.

Insisto, ¿cuál es el sentido de bloquear contenidos de la red? a muchos les parecerá un lugar común el que las redes sociales se encuentren bloqueadas dentro de los trabajos, tal es el caso de Facebook, Twitter e incluso Youtube, sin embargo el catalogo de sitios a los que no se puede acceder, es bastante extenso. Las excusas que he encontrado a través de los años, en tanto esta situación no es nada nueva, tienen que ver con el hecho de que se exceden los anchos de banda y se consumen recursos de sistema necesarios para algunos procesos al interior de las diferentes entidades / empresas, de igual manera he encontrado que algunos justifican el hecho de este tipo de bloqueos en aspectos de rendimiento laboral, llegando al extremo absurdo de considerar que esto ayuda a las personas a concentrarse más en el trabajo. (*inserte risas*)

La generalidad de nuestros ambientes laborales contemporáneos es que se encuentran constituidos por cubículos, separaciones para delimitar espacios de trabajo y aprovechar en mejor manera los recursos, como el mismo espacio, porque si fuera factible nos pondrían a unos encima de otros, pero se supone que también se deben tener en cuenta los factores laborales como la dignidad y otras cosas que van de la mano con la gestión del talento humano, pero que en general están enfocados para ser tratados como un problema, un inconveniente, como aquel de que las personas tengan que usar el baño, hacer pausas activas, comer...

De igual manera se ve como un problema el que la gente tenga a bien espacios o momentos de alguna clase de esparcimiento, de tal suerte que en mi caso particular no puedo acceder por decir algo a la plataforma de lectura / escritura Wattpad, porque seguramente eso sería nefasto para mi productividad laboral, aunque curiosamente este bloqueo se mantiene aun en horas que se supone son de descanso como el medio día, y también luego de la misma jornada laboral, en donde no habrá problema si sacrifico de mi tiempo libre para "hacer más", pero si en que acceda a ciertos sitios.

La prohibición y el bloqueo se extienden a sitios como Deezer y Spotify, de tal suerte que ni siquiera se permite que se escuche música mientras se trabaja, circunstancia que no veo como puede interferir en el rendimiento. Ahora, son muchos más los sitios que son objeto de bloqueo, y muchos de ellos derivan de sitios personales, pero principalmente cualquier portal que pueda ser considerado como de ocio o que tenga contenidos ligeros. Blogger por alguna razón, se encuentra a salvo de los esfuerzos censuradores, tal vez dado que los correos electrónicos no son objeto de bloqueo, eso si que sería un despropósito. Todo esto surgió porque fue a revisar algunos documentos para una investigación que realizo, la cual podría llegar a tocar efectos laborales, pero en todo caso si va de la mano con algunos de mis intereses académicos, y ciertamente me puso a pensar que en mi trabajo requiero altas capacidades críticas y de investigación, estar al tanto de realidades de múltiples ámbitos políticos, económicos y jurídicos, pero con todo y eso no tendría por qué estar bloqueado parte alguna de la red, a donde es mi derecho llegar, más cuando a las redes bloqueadas puedo acceder desde mi smartphone, por lo que realmente toda justificación a este tipo de medidas es tecnocrata, fascista, y muy metida en la lógica de que se deben tener trabajadores adoctrinados y que tan solo ejecuten tareas mecánicas, lo cual estaría muy alejado de las mismas razones de ser de mi profesión, así como de la labor encargada y ejecutada.



viernes, 19 de junio de 2015

Tiempo después

Han pasado ya un poco más de tres meses y este espacio que se supone sirve entre otras cosas para garantizar (de alguna manera) la integridad de mi mente ha estado desocupado, libre de pensamientos, reflexiones y especulaciones. Tal vez yo no haya estado como tal desocupado, o tal vez me he ocupado de mala manera, como todo conmigo. Toda explicación es insuficiente, y lamentable, porque me lleva a las continuas razones de antes, las excusas del ayer que aún son las del hoy, lo que vuelve cada día una parte de un ciclo, un paso dentro de la misma curva del espiral. Y lo tengo tan claro que realmente no me es posible planear una escapatoria.

Es curioso como pasan las cosas, un movimiento en la rutina el cual tal vez no resultó de la manera planeada, porque toda estrategia puede adolecer de ese defecto ajeno, y seguramente es una proyección de culpa, sin embargo la seguridad y la consecuencia son efectos y virtudes personales que no deberían tener una consecuencia tan adversa, pero está el otro.

La otredad siempre ha llamado mi atención como una parte necesaria de lo relacional, por simples razones como que se hace inevitable, aún a pesar de la mejor interacción con cuadrúpedos e inanimados, con el sol, la luna, las estrellas y el viento. No, el otro no se va, no puede eliminarse, y de cierta manera tampoco puede ser del todo evadido.

De esta manera resulta no menos que imposible llevar una vida que pristinamente no cuente con el factor humano externo, y en mi caso esa realidad cuenta con una fuerza absoluta ante la externalidad, por la misma razón de ausencia de poder y libertad de la que ya me he ocupado. Vivir en estado de consciencia, así sea de manera parcial resulta complejo, conlleva un alejamiento de lo que está naturalmente establecido y que de manera clara es insuficiente.

Mi cabeza entonces se ocupa en circunstancias problemáticas generadas por otros, con soluciones, tiempos y determinaciones que exceden lo que puede ser considerado como cierto, justo o coherente. Plazos, indicaciones y contraindicaciones, todo esto amarrado a la necesidad, o simplemente a la falsa seguridad y a la misma desidia de enfrentarse a cualquier cambio, salvo que el mismo esté correctamente planeado y se corresponda con un estilo de vida, con un deber ser en términos del ser, una existencia agotada  y que no tiene más asiento que la propia certeza de llegar al día siguiente, pero buscando un plan a futuro. Un estado de contradicción, un sinsentido que parte de una idea impropia, que a su vez desemboca en una consecuencia incierta, incompatible, indeseada.