martes, 6 de febrero de 2018

Por fin, la modernidad: preludio de una reflexión anunciada

Esta es una reflexión que pude haber empezado desde el año 2007, desde el génesis mismo de este sitio. Es algo que desde siempre me ha preocupado porque, como entiendo el tema, resulta asolutamente relevante. Para todas y cada una de las personas. Claro, no soy el mismo de hace diez años, por supuesto, pero además tengo más cosas que añadir a los males que estan aquí desde el advenimiento y triunfo de la modernidad. Alguien podría decirme que este fenómeno es relativo, que todo ya terminó y lo que ahora sucede es otra cosa. ¿Sí? ¿Qué?...

Tomado de: https://pixabay.com/es/rascacielos-ciudad-zirkel-contar-3096215/
Veo con sorpresa que la modernidad se ha perpetuado y se ha pervertido, que no se ha dado el salto a la tan necesaria contemporaneidad y que estamos estancados bajo falsas banderas de progreso (progresismo). Que en el mundo se luchan guerras por el ideal (ideología), y que en lugar de avanzar sobre este tipo de temas, de lograr un progreso en términos de la tolerancia, en lugar de aunar consensos que nos permitan avanzar, en lugar de todo eso, lo único que hacemos es separarnos, dividirnos más y tener todos los días una excusa para ver en el otro a un enemigo.

Tal vez sea selección natural, porque somos muchos y es hora de que empecemos a matarnos los unos a los otros. Quizá.

Esta modernidad que nos carcome nos enseñó el valor de la corriente generalizada (lo mainstream), el poder de la hegemonía, el valor del pensamiento colectivo y de la opinión general, porque el individuo es solo esa idea que sirve para volver masa todo. Tu opinión y pensamiento es muy importante, siempre que esté de acuerdo con lo que este u otro grupo de interés dicte. La consciencia, la realización social y política de cada individuo, debe obedecer a alguna corriente ideológica preestablecida. Algo que ya exista y que no cause más ruidos en el sistema que lo que implica el choque de esos opuestos que se anulan, mientras que el establecimiento es aprovechado por los mismos; por aquellos que aprendieron desde hace mucho tiempo que el antagonismo humano es caldo de cultivo de todas las formas de dominación; el instinto de confrontación, que es una de las formas en que la mente se llena de información por el desarrollo de la inteligencia, la curiosidad, la creatividad, todo eso se ha cambiado por el disgusto y la indignación.

Pero todos son iguales, son calcas de algo que fue creado como una serie única, pero con toda la intención de ser repetible. Hoy la moda dicta que todo sea alternativo, que se resalte la individualidad aun cuando esta es copia identica de la de aquel que es más carismático y que impuso el "trend"...

El mundo se debate entonces entre el consumo absoluto como forma de desarrollo de la personalidad, de ese nihilismo que tan solo sirve para la búsqueda constante de la felicidad, misma que es material y se puede pagar con tarjeta de crédito. Se ha de tener, se ha de poseer, y lo que se hace también está en línea con aquello que sea popular y que permita establecer algún aspecto común con los pupulares. Es el mundo de los seguidores y los seguidos, de las estrellas, de los famosos, de aquel otro que nos impone la forma de pensar, de vivir, de existir.

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Todo funciona de la misma manera. La misma rutina, las mismas cosas para hacer que son populares, que están bien, que son aceptables y deseables. Porque lo que está bien se debe replicar, sí. Pero nuestra sociedad tiene más males, muchos: creados, adquiridos, heredados, impuestos, pero ciertos. Vivimos entre el debate del aburrimiento que impulsa aquella necesidad de diversión, de aquella, claro está, que se consume. Vamos a cine con la idea de que la siguiente película no sea "mala", porque es una historia ya tantas veces contada, porque nos sabemos todas las historias, a pesar de no ser capaces de contar la propia. Conocemos los trucos de la narrativa, los aspectos triviales de lo visual, porque todo el tiempo consumimos entretenimiento audiovisual, o quizá es más simple: ya nos contaron toda la película a lo largo de su promoción. La publicidad que se hace para retrasados mentales tuvo su efecto y nos hizo un poco menos atentos, nos hizo desear verla, pero también la dañó para nosotros.

Pero también está la indignación. Somos cada vez más perezosos y aún así queremos estar metidos en todos los asuntos de la vida cotidiana. Nos volvemos facilmente abanderados de todas las causas sociales desde la comodidad de nuestros asientos, detrás de las pantallas de los moviles que parecen ser los únicos que en realidad comparten tiempo de calidad con nosotros. Ya lo he dicho, el móvil para el baño, el móvil al despertar, el móvil para que controle nuestros movimientos intestinales y para que nos planee la vida, quizá esas dos aplicaciones se cruzan y por eso la existencia se nos vuelve una mierda. Pero nos indignamos, lo hacemos porque es lo necesario. Porque la justicia, porque lo terrible, hay tanto para hacer pero nosotros nos ocupamos en pequeño de los grandes problemas de la humanidad mientras que hacemos tremendas pataletas, shows dramáticos frente a las trivialidades más estúpidas y males artificiales que no son más que el resultado de nuestra forma de vida moderna. Qué sufrimiento si debemos escoger durante horas lo que compraremos a continuación, o si nos amarga lo demorado que es el transporte público desde el sitio de vivienda al trabajo, cuando todo tiene solución, y esto sin contar los verdaderos problemas inocuos y dramas del primer mundo de los cuales sufrimos aun sin que este terruño pertenezca a esto. Porque en medio de nuestra pobreza navegamos entre todos los conflictos de la abundancia y el exceso.

Esta es la sociedad del rendimiento, la sociedad de las metas, de los planes y los grandes discursos; pero también es la sociedad del cansancio, es la sociedad del aburrimiento, la sociedad del aislamiento y de la soledad.

Esta es una sociedad condenada y todo, es culpa de la modernidad.

2 comentarios:

Tm69 dijo...

Pensando de manera objetiva y poco positiva creo que el planeta está a punto de purgarse y una guerra mundial está gestándose dispuesta a explotar en cualquier momento. Me preguntó que pasará con estas nuevas generaciones tan delicadas y políticamente correctas cuando eso ocurra.

Iván R. Sánchez dijo...

Yo en cambio veo cada vez más lejada la posibilida de un armaggedon. La guerra se lucha y se seguirá luchando desde la ideología; porque los que tienen el poder, los que mandan en el mundo no lo van a destruir de buenas a primeras.