Mostrando las entradas con la etiqueta opinión. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta opinión. Mostrar todas las entradas

miércoles, 14 de marzo de 2018

Otra de aquellas reflexiones sobre resultados electorales

No he sido ajeno nunca  a la política. Considero que es una dimensión importante del individuo y que el Gobierno, la democracia y las diferentes formas para abordar el complejo devenir de los pueblos, de las naciones, de los Estados; son temas que deben ocupar a todas las personas, puesto que la política pública es clave para la determinación de las condiciones básicas para subsistir o progresar dentro de un determinado país.

No debería estar explicando la importancia de la dimensión política de los seres humanos, pero en un país con una tasa de abstencionismo tan ridículo y en el que pareciera que las mayorías se manifiestan a través de prácticas clientelistas y corruptas, es necesario que el pequeño porcentaje de personas que votan bajo una premisa de opinión o con una consciencia del ejercicio electoral, conozcan la importancia de esto que están haciendo.
Tomado de: https://pixabay.com/es/demostraci%C3%B3n-a-ver-demostrar-2137450/
Para mí todo empezó por allá en el año 2010 con una reflexión titulada País de..., por supuesto ustedes pueden completar el título con aquella frase que se acuñó luego del asesinato de Jaime Garzón o con la frase despectiva más adecuada que encuentren. En esa reflexión me ocupé principalmente sobre democracia y, de alguna u otra forma, referí al deber ser de la democracia. Claro, era ese el momento histórico adecuado para elegir a alguien diferente, pero desde esa fecha el electorado, aquel colectivo de masa que no responde, al parecer, a ninguna lógica crítica; eligió a quien se les dijo; una decisión (cuando lo fue) motivada por un sentimiento de falsa seguridad sobre la base de la explotación de los diferentes miedos a los que históricamente se habían enfrentado las personas. Violencia, mucha. Este país durante el siglo pasado estuvo expuesto a un sin fin de manifestaciones de una guerra luchada entre nosotros mismos y cuyo objetivo no era otra que el control de los medios de producción tradicionales y alternativos (ilegales). Mafias y diferentes organizaciones criminales se encargaron de hacerle la vida imposible al campesino y se vieron, de un lado y de otro, cruentos crímenes que hicieron pensar que una política de Estado fuerte era la mejor solución.

Pero la violencia no cesó durante aquellos años anteriores al año en que escribí esa primera entrada. Por el contrario, existió un recrudecimiento del conflicto y otros pasaron a ser los principales victimarios (incluido el Estado) en tanto que se conocieron actos de extrema crueldad, con una canallez sin precedente en el que las victorias del Estado, contadas como estadísticas en contra de "los bandidos" como pudo haberles llamado el señor del sonsonete sobre firmeza y grandeza; esas victorias parecieron inflarse con víctimas aleatorias de aquel cúmulo de miserables y marginados que siempre son los destinatarios de las peores decisiones de Gobierno.

Pero tal vez esto sea una exageración, quizá lo que haya estado de por medio haya sido algo menos que una lucha ideológica por establecer la corriente de pensamiento imperante en el país. En ese tiempo no se notó tanto, según lo que me permite evocar la memoria, pero lo cierto es que había que darle continuidad a la política estatal de seguridad y al parecer esto solo podía ser asegurado a través de este señor que estaba siendo indicado por aquel otro que había "mejorado" por "completo" la seguridad en el país, arrinconando a los actores del conflicto y  garantizando, entre otras cosas, la movilidad básica dentro de este terruño.

En todo caso en ese momento se perdió la posibilidad de elegir a alguien diferente, y de ese alguien quizá me ocupe en otras líneas más adelante.

Luego, en 2014, tras las elecciones también para presidente del país escribí de nuevo. Esta vez una entrada titulada:  País de... (4 años después). En esta sí fui un poco más profundo en el análisis, porque de nuevo el país, aquel escenario de cruenta desigualdad y en el que no mucho cambió en los últimos 4 años; esta vez eligió de nuevo entre dos males casi iguales. Uno que representaba la continuidad de un gobierno amparado en las prácticas más politiqueras posibles vistas desde el mismo Frente Nacional en donde poco había de seguridad y en la que las circunstancias de desigualdad se fueron acrecentando para dotar a aquellos "marginados", como son abordados en el texto, de menos voz y cada vez menos formas de salir de su propia miseria y marginalidad.

Pero los fantasmas del comunismo y del castrochavismo que se empezaron a agitar como banderas para la unidad ante el miedo, fueron tan poderosos que la decisión estuvo dada para que se evitara la llegada al poder de alguien aún más nefasto que quien en ese momento lo detentaba. Todo el ejercicio electoral se erigió sobre bases mentirosas, sobre promesas vacías y dicotomías peligrosas como aquella entre la paz y la guerra. De esto da fe mi entrada y quiero por eso dejar algunas líneas acá como recordatorio:

Lo cierto es que en esta fecha, las personas parecen estar conducidas hacia un arrebato por el manteniento y garantía de la libertad, de aquella para moverse supuestamente en el país, aun cuando no tengan los recursos para ello, es la sola idea, puesto que es lo único que basta; una libertad idílica sostenida en la premisa de un gobernante con 'mano firme', que pueda -supuestamente- poner freno a un movimiento peligroso que aún hoy suele causar más pavor que cualquier monstruo de closet, nada menos que el comunismo. Lo curioso es que un pueblo que adolece de una marcada ignorancia, producto no menos que de la falta de oportunidad que ha supuesto la mala administración desde hace más de 12 años, de la política pública, donde en una lógica guerrerista precisamente, se destinan montones del dinero de los impuestos para sostener una guerra que solo existe cuando se requiere un motivo de naturaleza electoral, un conflicto que parece tan lejano, tan distante, pero a la vez tan natural, y que muchos saben que existe, pero no viven realmente en tanto no estan expuestos a los efectos de la violencia y el crimen que se encuentra tras los campos de batalla, que nos son otros que los campos en que viven aquellos a los que groseramente he llamado marginados.

¿Por qué libertad? Esa es la idea que se encuentra intimamente ligada a la de seguridad, aún falsa, aún falaz. A este proyecto de nación se le viene embaucando desde siempre con la promesa de libertad, y aquellos que dominan, se han encargado de hacer cierto aquella máxima frente a la cual 'la esperanza es lo último que se pierde'. Y esto no es nada diferente de la realidad de quien no tiene nada o tiene muy poco, y que ni consciencia le han dejado desarrollar, quien solo vive esperanzado y con un conocimiento de sí mismo que se limita a la comida del día, para quien la ilusión se materializa en novelas, en realities y en futbol, lo que no hace nada difícil que alguien con la suficiente habilidad mesianica, con la capacidad manipuladora de un estafador a gran escala; consiga aunar a sus fieles, tal como aquellas iglesias de corte radical a la espera de ser llevados al más allá por una inteligencia superior, lo que equivale posible suicidio colectivo, y que en todo caso no lleva a nada bueno. El arte de esta dominación basada en la esperanza está en someter a través de engaños tan elaborados que aún cuando parecen absurdos, son los que más tienen efecto en las mentes de los marginados, quienes aún cuando pueden saber de antemano lo imposible de las promesas encarnadas en su mesias, prefieren un sufrimiento estoico en esta etapa, con miras a una recompensa ideal, utópica. Es un engaño perfecto.

En los últimos años se han dado a la tarea de convertir a la libertad en una moneda de cambio, con sus varias especies y motivos, de cara a la posibilidad de hacer fortuna con ella, y añadirla con otros intangibles explotados por unos pocos, por la escaza minoría, la misma que se beneficia de la guerra y de la explotacion indiscriminada del territorio y los recursos nacionales, para quienes el Estado es una mina, una torta o una masa frutal que debe ser convertido en sustancia gelatinosa para untar (guiño).

Moverse tranquilamente por el territorio nacional o darle duro a la guerrilla no deberían ser afirmaciones suficientes como postulados estructurales de campaña, puesto que la seguridad del Estado es una política institucional y no la bandera de uno u otro candidato.

En octubre de 2016 escribí Sobre los perdedores, esta vez sin centrarme en las consecuencias de este ejercicio electoral y más sobre el marcado pensamiento canalla y cafre que encontré en las manifestaciones de supuesta democracia. En donde los consensos parecían estar enmarcados en este odio visceral que no ha servido más que para que se acrecienten las diferencias, para que se polarice más el país y, sin embargo, todo parece igual y servirse de lo mismo.

Tomado de: https://pixabay.com/es/seleccione-elecci%C3%B3n-elecciones-rojo-1671535/
Antes no me había ocupado de un examen de las consecuencias directas o indirectas de los ejercicios democráticos para elegir la composición del Congreso de la República, tal vez por lo que éste mismo implica. Este es un país con una supuesta división y equilibrio de poderes en el que, sin embargo, un presidente puede hacer muchas más cosas de lo que uno pensaría. Aun cuando le hagan oposición en el órgano legislativo, como ha pasado con el actual. Esto quiere decir que las mayorías en el congreso pueden llegar a servir únicamente para fines clientelistas al igual que para el mantenimiento aparente del poder por fuerzas como las del señor este que no quiere despegarse de aquel y quien ha logrado nada menos que una buena cantidad de representación a través de una campaña agresiva en todas aquellas zonas en donde la democracia es un chiste e incluso en aquel escenario donde se supone que reina el pensamiento crítico: internet.

De aquella fuerza política fue la mayor cantidad de publicidad con la que me encontré en Facebook y Youtube. Casi sin presencia de otras caras o candidatos, quienes decidieron que así fuera por austeridad o falta de dinero, o incluso con alguna suerte de compromiso con el ambiente.

Este ejercicio muestra que todo se queda en los mismos con las mismas. Que las tradicionales formas de conseguir, manipular y amarrar las intenciones de voto se siguen perpetuando a través de los tiempos y que, en todo caso, lo que queda para el voto de opinión es una marcada desinformación y un aprovechamiento de aquel temor básico que tiene la gente por perder lo poco que tiene, a pesar de que son estas mismas fuerzas las que les han impedido tener un poco más.

El sistema es perverso y sigue haciéndose cada vez peor. La gente (del común) ahora sí tiene acceso a redes sociales. Casi toda la población tiene acceso a internet y está pegada constantemente del chat y de toda otra suerte de medios para perder el tiempo. Todas estas personas son un cociente de masa que es altamente manipulable. A la cual el miedo por el comunismo y por convertirnos en otro país, a pesar de las complejidades para que eso llegara a ser cierto, les ha servido para salir a votar por aquel que les digan, por aquellos que no van a permitir que esos miedos se concreten.

Y habrá que esperar a ver qué pasa durante las presidenciales en mayo, pero desde ya auguro que no será nada bueno.

miércoles, 28 de febrero de 2018

Las mentiras del trabajo feliz y la producción por la satisfacción personal

"Escoge un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un solo día de tu vida" Esta frase, que se le atribuye a Confucio, es una gran mentira que quizá tenga un interesante trasfondo espiritual pero que en realidad no es más que otro de los convenientes mantras de la modernidad. Porque claro, existen dos formas posibles de afrontar los diferentes dilemas de la vida, una de ellas es a través de la aceptación y la otra a través de la negación. La filosofía oriental en la mayoría de los casos (y no soy ningún experto) busca una realización ideal del ser a través del auto conocimiento y de la reflexión. Pero en realidad esto tendría que ser abordado desde una cosmovisión relativa a esa misma filosofía. Es claro que engendramos muchos de nuestros propios problemas, les damos sentido y los hacemos tan ciertos como el mismo contexto no lo permite. La gente no muere por cuenta de sus episodios de depresión únicamente por no ser capaces de abordar la vida desde uno u otro enfoque. No se trata solo de la ausencia de caminos productivos para distribuir la frustración, el desespero, la melancolía, el aburrimiento; No, es mucho más complejo que esto porque cada cual tiene una capacidad cierta o no de dimensionar todo aquello que le sucede. (esta otra entrada lo resume bastante bien, mientras que esta otra es un reflejo de todo lo que este tema me preocupa).

Tomado de: https://pixabay.com/es/reloj-de-arena-dinero-tiempo-1703349/
En efecto, no puede reducirse la existencia a la sola búsqueda de un camino hacia la felicidad, el que seguramente se encontrará plagado de trampas y engaños. Muchos, impuestos por uno mismo. No. El ser busca su lugar en el mundo, pero a la vez también acepta, o se resigna. Aquí es donde siempre he podido establecer dos tipos de negaciones que tienen toda la apariencia de una aceptación, pero que en realidad son formas de negación. La primera es aquella hecha de forma consciente, y de esta no me ocuparé porque es tanto tema para su propia entrada como un punto sobre el que no me quiero detener. La otra es la negación inconsciente, que se trata simplemente de apagar el cerebro, sonreír y hacer de cuenta que no ha pasado nada.

Esta es una forma peligrosa de introducción en la total estupidez, muy propia de las sociedades sin sentido crítico, aquellas consumidas por la injusticia y la inequidad, esas que también son catalogadas de "felices", en las que se come mierda, pero se come con gusto. Como puede verse, es una forma de aceptación si ve como un "seguir adelante" a pesar de los inconvenientes, pero el abordaje puede o no incluir la consideración sobre una solución. ¿Importa? Quizá. Lo importante es que tenemos salud, lo importante es que estamos vivos, que tenemos una cama, un techo.

Este sentimiento es el que lleva a las personas a hacer trizas su dignidad dentro de algún tipo de trabajo que no les satisfaga que, por el contrario, les frustre o se lleve lo mejor de sus días, sus tardes y sus noches. Es que como lo he dicho antes, no se trata solamente de tener algo en qué ocuparse, de pasar los días esperando que llegue la noche y cada jornada con la esperanza de la llegada del anhelado viernes y con este el fin de semana en que se tendrá una corta pausa para luego seguir con la misma rutina ¿hasta que llegue una pausa más larga? ¿Un festivo? ¿Vacaciones?

Tomado de: https://pixabay.com/es/reloj-de-bolsillo-momento-de-la-3156771/
Conozco muy pocas personas que se encuentran a gusto con su trabajo (que no felices) y por lo general son personas con alguna clase de compensación, algunas incluso con una de carácter racional que se acerca más a la negación consciente, al saber dejar y por qué se deja, al saber ser y por qué se es y al saber estar y por qué se está. Pero a algunos nos cuesta más trabajo, porque aquellos pendientes de la razón, porque las deudas del espíritu, se las cobra a uno muy duro la misma consciencia.

Tener un trabajo que uno disfrute es posible, yo lo tuve, pero en su momento no lo consideré tan agradable, y por eso, precisamente, lo abandoné en búsqueda de algo mejor, por salir de lo que los mismos expertos en "life coaching" llaman salir de la zona de confort. Sí, estaba cómodo, era un lugar agradable, en donde yo era apreciado y en el que de alguna manera crecía profesionalmente. Pero no al ritmo que yo quería. Siempre he buscado algo más: aprender, investigar, conocer, saber. Y eso no lo estaba obteniendo en su momento.

Entonces, ¿se trata únicamente de tener un trabajo que a uno le guste? No. El gusto, la comodidad, el confort, la satisfacción, son aspectos subjetivos y completamente reducibles a un solo momento dentro del desarrollo personal.

Aún cuando se trabaje en algo con el mayor de los gustos, igual se trabaja. El trabajo representa un aprovechamiento de la fuerza personal que involucra a otros. Siempre existirá un desgaste y en caso de corresponder en la lógica del trabajo dentro de nuestro modo de producción actual, dentro de nuestro sistema económico y político, siempre se tratará de establecer un flujo de recompensas que se dirija a otro u otros.

Como yo lo veo son dos cosas: 1. Que lo que uno hace resulte del gusto de uno, en donde vendría primero el gusto y luego la buena fortuna, la providencia que logra que la labor sea compatible con lo que a uno le gusta. Digamos que se supere la frontera difusa y subjetiva del gusto. Este sería un escenario ideal y no me parece del todo irreal, pero sí un poco utópico, porque a uno suele gustarle todo aquello que le representa la mayor satisfacción por el menor esfuerzo (un principio racional de la economía nada más). 2. Hacer que lo que uno hace se vuelva del gusto de uno. Este es un ejemplo de aceptación pura y dura. Aquí lo que se hace es cambiar, adaptarse. Lo que tal vez sea más compatible con la filosofía oriental, creería yo. Se trata de ser como el agua, flexible, maleable y terminar por aceptar que la vida de uno es una mierda y que no queda de otra que agachar la cabeza, decir que sí cuando sea necesario y en los demás casos tan solo cerrar la boca.

Lo bueno es que ya casi pagan.

viernes, 2 de febrero de 2018

Diatriba contra internet y las redes sociales

Cuando comencé mi primera entrada sobre los efectos del facebook en la vida de las personas, recuerdo que estaba sufriendo de manera paulatina por cuenta de su influencia aun cuando en realidad era poco lo que resultaba "dañando" mi vida. En efecto, se trataba de un efecto creciente que muchos hemos podido llegar a mitigar con algunas precauciones tanto o más agresivas según el nivel de relación que tenemos. Y claro, es que llegado el caso uno debe aprender a alejarse de todo aquello que le resulte tóxico, que amargue su vida, que contamine su paz, que la mine de alguna manera. Lo bueno es que se puede vivir sin publicar todos y cada uno de los pensamientos superficiales que pasan por la cabeza de uno, se puede existir sin anunciar a todo ese enorme cúmulo de personas del internet lo que está aconteciendo con uno. Creanme, no es necesario, no todos esos contactos que tenemos son en realidad "amigos" y todos aquellos que creemos amigos, tampoco lo son. Nuestros conocidos, los compañeros de trabajo, los eventuales compañeros de estudio, no son más que gente pasajera en nuestras vidas. Pero nosotros nos encargamos de hacerlos algo más permanente, de no dejarlos ir.

Quizá sea un asunto de soledad, o de la necesidad del ser humano de buscar aprobación, aceptación, de sentir que estamos solos en el universo y que además somos un grano de arena en aquella playa miserable en la que para distinguirnos tendríamos que ser capaces de cambiar el mundo. Para dejar huella, para expresarnos, al parecer tenemos que tener todas las redes sociales posibles y compartir todos nuestros sucesos en ellas. De lo contrario es posible que desaparezcan.

Hoy en día todo es una red social, todo son estados, y lo que antes podia llegar a ser criticado con respecto al "qué estas pensando" del Facebook se trasladó a una serie de historias que no son otra cosa que la necesidad de la gente, como dije, de buscar aprobación frente a todo lo que hacen.

Tomado de la página de facebook de Pictoline, porque: ironía.
Cada cual sabe la vida que tiene, cada uno la vida que se da. Pero las historias de las redes sociales, las imagenes con etiquetas geo localizadas, no muestran las facturas por pagar, no muestran el estado de la cuenta de ahorros, ni el estado de endeudamiento de las tarjetas de crédito.

Depresión y ansiedad, en efecto, eso es lo que causan las redes sociales. Yo mismo he pasado por ahi y es la razón por la cual durante el final del año anterior y principios de este me alejé de las mismas. Muchas personas compartiendo las fotos y videos paradisiacos en los que yo hubiera querido estar. Y mientras en mi caso no existieron tales vacaciones, sino un cortísimo periodo de inactividad por cuenta del desempleo, pude ver como otras personas se detuvieron al menos durante dos semanas, otras durante todo un mes. Claro, quizá tenga que ver con que mucha de la gente que es muy activa en redes aún están en edad escolar, su vida universitaria es el disfrute. El tiempo libre es una constante, aún en las epocas de estudio, y por supuesto están las vacaciones, que son casi cinco meses al año, porque los semestres academicos en realidad son de apenas 4 meses o menos.


Alguna vez indiqué respecto de facebook, que su semilla se había venido cultivando en casi todas las personas "sin reparo de edad o condición social y ha creado toda una cultura detrás de este modelo de negocio que mucha gente no entiende; y es que nada en el mundo es realmente gratis, pese a que nos han vendido la idea de que en internet todas las cosas están dispuestas enteramente para nuestro disfrute". Pues bien, eso hoy en día es cierto incluso de otras redes como Instagram, Twitter, Snapchat y por supuesto el temible WhatsApp.


Basta hacer un examen del tiempo que consumimos en consulta del feed de Facebook o Instagram para darnos cuenta de que algo está mal. Y de Snapchat no hablaré porque a pesar de conocer lo infame que es, no he sido capaz nunca de instalarlo, me parece algo eminentemente adolescente y el hecho de que sus filtros y estados se hayan esparcido como una infección hacia todas las demás redes sociales me hace temerle.

Entonces, gastamos más tiempo del que tenemos para ello en ver estados, y estos cada vez son más sosos y poco interesantes, pues la gente ya relata cualquier estupidez de su cotidianidad como si esto fuera un momento de verdadera exaltación, algo para admirar o celebrar. Y sí, quizá esto pueda llegar a ser así en el caso de estas personas que tienen vidas realmente interesantes, los que quizá, en virtud de lo mismo, tengan millares de seguidores. Sí, de eso se trata la vida, de que nos podamos medir según la cantidad de personas que estan dispuestas a celebrar cuanta estupidez hagamos. Cuando usamos las redes como medio o forma de expresión de nuestro cuerpo (las fotos lindas que comparte esa gente que es esteticamente agradable), o de nuestro espíritu (cuentas de fotografía, arte o música).

Y es que no todo puede ser malo. Ver arte, o las expresiones del espíritu de otras personas es estimulante, despierta la creatividad y lo llena a uno de alguna manera. Lo bello, aquello que cumple con nuestras necesidades estéticas siempre tendrá cabida en nuestras vidas. Pero no pasa lo mismo con esas contínuas selfies, fotos con amigos y estados, cientos de miles de estados en que se le muestra a los otros lo mucho que se "disfruta" la vida. ¿Es necesario? No lo sé.

Yo mismo he pecado por consentir el eterno devenir de las redes y adaptarme a ellas en algunos momentos de mi vida, pero a mí me causan aburrimiento luego de algún tiempo o simplemente me saturan. Hoy en día uso Facebook como fuente de información y para encontrar memes, infografías y cosas de poca duración que resulten entretenidas, que me entretengan, a pesar de que yo soy capaz de entretenerme con tantas otras cosas. Me gusta la imagen, el arte, la fotografía, por eso siempre he tenido un gusto por Instagram, pero las historias son tediosas y muchas veces lo único que hago es pasarlas para evitar aquella notificación naranja que perturba mi TOC.

Me he beneficiado en más de una ocasión del chat presente en todas y cada una de estas redes sociales, pero también me encuentro sometido por la aplicación de chat por defecto, aquel maldito WhatsApp que es usado por todo el mundo para mantenerlo a uno controlado. Desde las personas del trabajo para hacer que uno trabaje en horas y momentos en que debería estar descansando hasta para lidiar con el aburrimiento de otras personas, que, por supuesto, pretenden que uno esté disponible siempre. ¡Siempre! El móvil, el celular, es un instrumento esclavizador, hay que ver todas las veces que en el día volteamos a observarlo, a veces con la única intención de consultar la hora, y otras tantas por cuenta de las malditas notificaciones. Y es que hasta las Apps vienen programadas para que se nos notifique en el momento en que las tengamos descuidadas. Tal vez no les haya pasado y eso significa que son más adictos al teléfono y a las redes que yo, pero cuando no consultan las redes en muchas horas o días, estas les producen notificaciones indicandoles que "x" o "y" persona han subido contenido que no hemos visto. ¿De veras? Y la configuración de notificaciones se ha hecho oscura, compleja, de forma que ya no es posible dejarlas de lado, o al menos a mí me resulta mamón el buscar cómo.

Ya en mi reflexión sobre Facebook lo había dicho, que cada cual usa estas herramientas como mejor le conviene a usus "instintos, perversiones, pasiones y modos; Y es que mucha gente necesita un escape de la realidad, la cual satisface a través del computador, protegido por la complicidad del anonimato, escudado por el silicón y los micro circuitos". Allí en internet, donde mucha gente "construye su personalidad como mejor desea que la vea el mundo, a la final es tan solo es una forma de satisfacer el morbo –sabiendo de otros- y la necesidad de mostrarse al mundo, ya que parece un mal de época el querer destacarse -¿exhibicionismo?-".

"En un universo -el internet- donde confluyen múltiples niveles de discurso, diversidad de género, edades, y condición social, es natural que se presenten roces, altercados y verdaderas hecatombes; La intención allí se desdibuja, no tiene sonido, no tiene emoción, no tiene cuerpo, no tiene alma, no tiene nada". Basta recordad que nuestro mundo cada vez carece más de naturalidad, no hay arraigo cultural, tan solo expresiones seudo proteccionistas y liberarles respecto de las reivindicaciones culturales; cosas de moda (maldita modernidad). Existen fallas profundas en la educación básica como ya lo indiqué en aquella vieja reflexión "de esa [educación] que nos enseña a pensar y a tener “competencias” desde el parvulario". Las redes sociales entonces, tanto como lo es -y sigue siendo- Facebook, son herramientas limitadas y limitantes respecto de la comunicación, que no le permiten a la persona ver "más allá de sus posibilidades sociales". Se nos obliga a compartir, se nos condiciona a pensar en términos de lo que hacen los demás, a desear su status, a buscar vivir esa otra vida que se desarrolla en otras latitudes, que es feliz porque nadie se toma selfies con su peor cara o al menos con su cara normal. Todo esto es una mentira, y si llegará a ser verdad, pues es la verdad de otra persona con menos limitaciones y problemas, que quizá gozó de suerte, de dicha, de dinero (quizá).

Yo los invito de nuevo a dejar a un lado el móvil (teléfono celular) en especial cuando estamos con nuestras personas especiales. No carguemos con el chat, las redes sociales, la aprobación, las historias, los estados y los "me gusta", durante todos y cada uno de los momentos de nuestras vidas. Instagram no nos ayuda con las deposiciones, Facebook no nos facilita el baño, Whatsapp no ayuda a que las charlas con nuestros cercanos sean más siginificativas. La pantalla no acelera la digestión ni la mejora. Dejemos de ser zombies sometidos a las notificaciones. Olvidemonos durante un momento al día de aquella cosa.

Cerremos los ojos, reflexionemos sobre lo que en verdad nos hace falta, más allá de las imagenes de bellos, famosos y exitosos, más allá de las selfies, de los paisajes y de las historias de felicidad de otros. Vivamos nuestras propias historias y guardemos estas para nosotros mismos, volvamos al placer de la intimidad, a la complicidad de ese momento del que nadie más supo, aquel instante, aquel momento que es solo nuestro, que no necesita de alguien más, porque somos seres completos y no estas marionetas huecas que requieren a toda hora la aprobación de alguien más. No funcionamos con un "me gusta" como combustible, lo que necesitamos es amor, afecto, tanto propio como de otros, y real, porque ningun emoji reemplaza a ese beso que lo deja a uno temblando y con calor en el cuerpo, y ningun "me gusta" es tan reconforntante como ese abrazo que lo transporta a uno y le hace sentir que todo, todo, va a estar bien.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Deshumanización

Hay, en definitiva, muchas cosas que actualmente me hacen reflexionar. Sin embargo, no todas estas cosas logran quedar plasmadas de alguna forma en éste, mi sitio. Pocas cosas logran sacarme del estado de letargo en que me tiene el trabajo, y es que ni modo, hay que lograr el sustento, pues es difícil -o casi imposible- dedicarse de una forma ideal a la contemplación, reflexionar de manera crítica es un ejercicio reservado a aquellos que poco a poco tienen menos cabida en este mundo que busca inflexiones críticas concisas y concebidas a través de un formato preexistente, ojalá a través de un formato económico que ocupe poco tiempo de los otros.

Es raro como la monotonía lo apabulla a uno, el propio aburrimiento. Y es que sobre este tema he lanzado varias y gastadas reflexiones. De ellas, debo decir, que me encantaría que hubieran sido compartidas, vistas al menos, por otros, pero el mismo mal que aqueja nuestras vidas, la sobreproducción, el exceso de información, el lleno absoluto de nuestros tiempos -que incluso deja poco o nulo espacio para el ocio-; todas esas circunstancias han disminuido nuestras posibilidades de dar paso a otros aspectos relevantes de la vida. Y eso mismo impide que podamos buscar algunas palabras de consuelo y desconsuelo. Estoy, quizá, condenado a que nadie lea esto.

Lo importante, es estar ocupado. La cotidianidad se trata de recibir información, variada -quizá-, repetitiva -lo más seguro-; sobre el ambiente, sobre la verdad de otros en relación con las cosas. Sucesos, historias. Vemos con resignación los éxitos de los demás, los que se han convertido en foco de nuestras propias frustraciones. Nos gusta sufrir, hacernos daño, a través de la idea del otro, aquel a quien seguimos, a quien le damos "like", justificando la envidia a través de un sentido de lo bueno, de la prospección del sentido de la vida, y todo otro pensamiento indolente puede llegar a ser visto como una forma tácita de aceptación a una vida que no es la que se debe vivir. Toda forma de indiferencia es vista como una debilidad, y por el contrario la fortaleza se encuentra en aspirar, en desear, en gustar, y por supuesto, en necesitar. Así, la expuesta vida de otros nos recuerda lo pobres que somos, lo fracasados que somos, lo infelices que somos.

Qué complique.

Quizá muchas de las personas que ahora sufren de adolescencia eterna, quienes se resisten a crecer, y que sobrepasan por mucho el síndrome de Peter Pan, entiendan mejor que yo lo peligroso que resulta el aburrimiento y como el mismo carcome cada estructura medianamente sana del pensamiento.

Pero el problema se extiende más allá de las costumbres, trasciende a la ciencia de lo social y ya se encuentra profundamente arraigada a lo que nos hace personas. Nos está cambiando.

Quizá todos los adultos ya nos hemos convertido en nostálgicos, a causa del efecto progresivo-destructivo que ejerce la cultura popular, la cual se transforma al mismo ritmo frenético que lo hacen las formas de comunicación. Quizá lo más grave es que la capacidad de crear, de trascender la esfera de lo real se encuentra mediada por un continuo malestar relacionado con el conocimiento que se tiene por cuenta de la corriente de información recibida a diario. Esto es más cierto cuanto más bajamos en la edad de los afectados.

(Paréntesis: Malditos determinismos, nos tocan a todos, pero aun cuando parezca un atentado contra la propia juventud, lo cierto es que el espiral de decadencia que pudo haber comenzado con el mismo advenimiento de la modernidad, y que ha continuado y haciéndose latente a partir de la expansión de las formas de comunicación, de los medios de expresión; ese fenómeno absoluto terminará por destruir mucho de lo que hace que valgamos la pena como sociedad).

De esta forma, no se crea tanto en la medida en que todo puede resultar ya gastado, intrascendente frente a lo que es nuevo. Esto, sumado a que los gustos trascienden a la percepción estética de lo que es o no bueno, de lo que puede llegar a cambiarnos de mayor o menor manera. No hay lugar más que a la aceptación, pues el cuestionamiento es peligroso y está reservado a ese otro que es ajeno, que es común en su diferencia y diferente como precepto de discriminación y eso, por supuesto, genera estructuras desviadas de poder relacionadas con la cohesión. Mejor dicho, si eres como yo, tendrás mejor oportunidad de expresar lo que difiere, de lo contrario, serás rechazado por raro, por extraño.

Vivimos nuestras vidas al ritmo que demandan las vibraciones de nuestros teléfonos móviles, los cuales son tan inteligentes que saben como romper con la dinámica de nuestras vidas. Su influjo se cola por encima de los momentos con aquel que estuvimos esperando por ver o sentir, atraviesa las reuniones con los amigos, daña los instantes en familia. Extrañamos a ese otro, pero no lo disfrutamos cuando está. Renegamos del trabajo, y por tanto lo hacemos a medias mientras consultamos una y otra vez el avance de esa línea de tiempo, definida a través de los estudios de nuestros datos, de las costumbres que entre una y otra opinión, entre una y otra frase rebuscada, entre una y otra imagen gastada de los mismos sucesos que nos llevan solo a pensar que somos miserables, que estamos reducidos a un centenar de metas y sueños sin realizar; entre toda esa información que se desplaza infinitamente al capricho de nuestros dedos, de forma mecánica muchas veces. Entre todo eso se nos va la vida y ya no la disfrutamos.

Las personas se encuentran en cualquier situación de su cotidianidad y a la vez están pendientes de otra latitud, de otras personas. Cada cual se siente con el derecho, ante la inmediatez de la comunicación, para disruptir todo instante personal del otro; cualquier momento es bueno para una conversación sin sentido con estas otras personas con quienes sería mejor charlar un poco sin la intermediación de un aparato. La tecnología nos está haciendo cada vez más introvertidos y está empezando a afectar la forma en que nos relacionamos con otros, a afectar las estructuras de pensamiento y a aislarnos. Y esto es grave, en la medida en que como seres humanos en realidad, somos criaturas altamente sociales.

Nos estamos deshumanizando.

martes, 18 de octubre de 2016

Sobre los perdedores

La presente entrada resultó, o tuvo lugar después de lo sucedido en Colombia el día 2 de octubre de 2016, luego de que las personas fueran consultadas sobre su parecer respecto del proceso de paz, el que serviría para terminar con un conflicto de más de 50 años.

Aquel ejercicio democrático, que presentó (al menos formalmente) una única dicotomía como opción para enfrentar este embrollo que resultó siendo la oportunidad de lograr un cese (formal al menos) del conflicto armado interno, reduciéndolo a lo sumo a una persecución de bandas de criminales; este ejercicio mostró en efecto lo que está mal con todos nosotros.

Lo que sorprende, es que los más liberales y considerados en campaña por el "sí" luego sacaron los dientes y las garras ante su indignación, y se les salió, del fondo del alma, aquella personalidad guerrerista que sí, podía establecer un perdón, si se quiere, al bando combatiente, al criminal que negocia, y no a su compatriota que tiene una opinión y convicción diferente (los del "no").

Claro está, esto no fue así en todos los casos, ni pasó en todos los estamentos, aun cuando el fanatismo electoral no distingue credo, nivel de educación o económico.

Estas líneas, esta reflexión tan enredada, va a que la tolerancia, el anhelo de paz, tampoco debe ser excusa para la censura, ni para evitar la confrontación de ideas. He visto que airadamente algunos del "sí" se han indignado (razón de ser de las redes sociales al parecer), pero en términos generales la actitud ha sido de confrontación de ideas, de disensos y búsquedas, con el fin de esclarecer los diálogos que desde la esfera política llevaron al colectivo a tomar esa decisión.

Lo democrático no se trata solo de vencer o ser vencido. De hecho la paz institucional, es aquella que tiene en cuenta el ser y el deber ser, puesto que las personas han de tener cierto grado de auto regulación, no se trata solo de acatar, si no de respetar, de tolerar incluso. Hacer lo que se debe, y desarrollarse sin atropellar tanto al otro, de tal forma que no se le perturbe sin ninguna razón, que no se le cause daño. Así, cuestionar a otros, exigir del gobierno o de los políticos no es dañino, por el contrario es beneficioso y debería ser tomado como una obligación, tanto como salir a usar las herramientas democráticas.

Pero nuestro principal motor de la existencia es la pereza, nos creímos muy bien el cuento de que "la pereza es madre de todos lo vicios, pero es madre es madre y se respeta".

Aquí nos han enseñado a que alguien más se ha de ocupar, y que es de alguien más la culpa. El otro existe solo para correr con culpas y responsabilidades que no se quieren, y aquello como la institución, el Gobierno, es una cosa ajena.

Así, nos han enseñado a obedecer, a callar, a trabajar, pero solo en apariencia, y cuando el que controla está mirando.

En el fondo lo único que habita es rabia, desidia.

La rabia puede canalizarse expresándose, en lo posible con todo el respeto del caso.

Pero la desidia si parece estar metida en lo más profundo de nuestros seres.

Disentir, también es resistir.

Pero a veces siento que los que disentimos somos cada vez más pocos.

jueves, 12 de mayo de 2016

Hacia dónde vamos

En estos últimos días he estado leyendo bastante, de variados y nutridos temas, y también he estado realizando algunas investigaciones sobre la virtud humana, o incluso en relación con la misma estupidez, aun cuando esto último tiene poco de conciso y definitivo en tanto se desprende de mi propia forma de ver las cosas, ¿o no?

Tengo una preocupación constante en relación con las formas que han tomado los consensos, esto en la medida en que la argumentación y el pensamiento crítico en mi parecer, han ido perdiendo fuerza, cediendo ante fuerzas que antes si bien existían, no tenían el poder que tienen ahora.

La opinión se ha vendido como un derecho, como una derivación clara de la libre expresión que incluso muchas veces como discurso o idea, se desprende de la responsabilidad básica inherente a toda acción humana, sin embargo, esta idea resulta muy conveniente a expensas de lo que implica el disenso. De esta manera, se puede decir lo que se desee, siempre que no se contravenga el orden preestablecido, o que no se contraríe al emisor de la opinión que se contrasta, y esto se agrava si acaso se cuestiona algún objeto de culto, deseo o gusto, dado que todos estos han tendido a convertirse más que todo en fanatismos.

Nuestra cultura se la ha pasado constituyendo estructuras propicias para la creación y mantenimiento de ídolos, durante los últimos 50 años. Las mecánicas propias de la cohesión a nivel comunidad, las ideas nacionalistas o las identidades a través de grupos basados en conexiones étnicas y culturales, se han ido desdibujando a través de la creación de aldeas globales desprovistas de circunstancias de verdadera cohesión que propenden más por una idea de identidad en la adopción de unos mismos patrones, que por la aceptación de diferencias y la solidaridad de tipo orgánico, propia de las sociedades anteriores.

Tomado de: https://pixabay.com/es/gato-cara-retrato-mascota-1429231/
El exceso de medios de comunicación y la llamada conectividad, han causado que las personas se aíslen más y eviten (por la razón que sea) el contacto personal. Así, toda interacción tiende a mediarse a través del filtro de una pantalla, o de una aplicación (app) que minimiza el grado de atención que se le presta al otro, de forma tal que se pueda adelantar en simultanea, varias tareas que resultan tanto o más importantes que la misma relación. Esto, es culpa de las estructuras sociales que a partir del advenimiento del presente siglo, han reencausado las motivaciones e incluso las formas de control, pervirtiendo los objetivos personales por cuenta de una excesiva fuerza en la autodeterminación, de manera que es la propia persona la que se pone metas constantes, y se ocupa, y como no si además debe atender a toda la corriente de información que está siendo inyectada en su vida a través de su terminal personal, su conexión con la red, de la cual hace parte innegable. Pero no me quiero detener más sobre este tema, puesto que no es ello lo que hoy me preocupa.

Retomando, los problemas de comunicación son transmitidos en cascada hacia las nuevas generaciones, de la mejor manera que se puede pero con los agravantes propios de una cultura y un sistema educativo en crisis. En primer lugar a los niños se les enseña desde muy pequeños a ser extremadamente competitivos, pero con el único propósito de que sus estructuras de pensamiento respondan a la predación del otro que ya se da en el mundo, puesto que somos en teoría muchos y los recursos son muy pocos, con independencia de que sea un problema enteramente de distribución, por cuenta del acaparamiento, de la vanidad y de aquel egoísmo que si es malo, no como el que he predicado en más de una ocasión en este Blog.

A los infantes además se les bombardea de ideas sobre derechos, valores y preceptos morales, totalmente desprovistos de contexto, de esta manera se les enseña lo especiales, importantes y valiosos que son, pero no se les instruye sobre el otro, de manera que se educan considerándose imbuidos de gracia, de tal manera que tienen todo el derecho del mundo (todos), a equivocarse, a opinar, a hacer y deshacer, porque a diferencia de sus padres, ellos sí son el futuro y están llamados por supuesto, a hacer grandes cosas y son entonces imparables.

Bueno. Lo anterior quiere decir que las nuevas generaciones no conocen que es estar equivocados, ni que es obrar con responsabilidad, puesto que en su derecho a vivir la vida como a bien lo tienen, no pueden ser condenados de manera alguna, ni por las leyes humanas, ni por las divinas. 

Lo anterior, no es otra cosa que la negación de la consciencia, desconectar a estas personas de la idea de la consecuencia, de la física de la responsabilidad, los hace más valientes, arrojados, pero a su vez los convierte en seres absolutamente dañinos y en potenciales psicópatas.

Pero al margen de la responsabilidad y la consciencia, también queda presente un tufillo maluco en lo que refiere a la forma de comunicación, discutir con un adolescente siempre fue complicado, pero al menos las generaciones anteriores reconocían la autoridad aun para negarla (esto de la autoridad es un tema difícil, pero va para otra entrada), y la rebeldía hacia parte de un proceso de madurez que necesariamente facilitaba los consensos posteriores. Hoy en día no se puede cuestionar al otro, puesto que aun los adultos se encuentran entregados completamente a una dinámica de enemigo que resulta endémica, y que es consecuencia de todo lo que he mencionado antes y algunos otros problemas más a nivel personal, individual o social, que hacen que las personas se encuentren sometidas de manera constante a estrés y que a través de espacios como las redes sociales, simplemente exploten, en particular si se tiene en cuenta que la expresión mediada por las terminales, brinda una seguridad que no puede darse mediante las formas de comunicación más clásicas.

Pero concretando, lo que me preocupa es lo que sucede cuando se cuestionan los ídolos de estos jóvenes, que fueron criados para hacer respetar sus gustos y sus aficiones, pero al parecer nunca para aceptar la crítica, o los mismos gustos y aficiones de otros. Así, las personas en su afán de lucirse, de aparentar, de mostrar, en su búsqueda constante de "likes", de aprobación y reconocimiento, no resisten que se les cuestione, y todo cruce de palabras en ese sentido, resulta en un conflicto, y es diciente que muchas de las replicas a una opinión en disenso, tengan como punto común un "cállese" o como lo vi en alguno de los foros a los que acudí antes de escribir estas líneas "KYC"... Patético.

Escribiendo estas líneas me doy cuenta que de todas maneras estoy un poco falto de perspectiva, dado que estos problemas no tienen nada que ver con la generación, y que están zurcando todos y cada uno de los espectros sociales.

Nuestra sociedad se ha convertido en una dicotomia entre obligación y libertad, en donde las personas "deben" o "tienen" todo el tiempo, de manera que están constantemente ocupados, entre el devenir del trabajo, los caos por el transporte público, las distracciones obligadas y recurrentes, y el poco tiempo para el descanso, las personas están constantemente buscando el fin del ciclo semanal, se espera con ansias que sea viernes y se maldice toda la existencia cada vez que llega un lunes. De igual manera el que estudia espera desde el primer día de su trimestre, semestre o año escolar, que llegue el fin del ciclo, que se acabe rápido, y no se trata solo de la educación regular media, o básica, si no de aquellos estudios necesarios o no que incluso se hacen con recursos propios. Y es que tenemos que ser alguien, sí, desarrollarnos como personas, sí. Y por tanto se tienen que hacer esas cosas que no nos gustan. Pero, ¿qué nos gusta?. Trabajar no es, estudiar tampoco, descansar tampoco porque la gente evade sus vidas de la mejor manera que puede a través de la constante presencia en la oficina.

Tomado de: http://chocobuda.com/2012/06/06/el-aburrimiento-ya-no-existe-beneficio-inesperado-de-la-meditacion/

Tomado de: https://pixabay.com/es/opciones-elija-la-vida-men%C3%BA-73332/
No somos felices solos, pero no valoramos a los nuestros, amamos a nuestras familias pero no resistimos pasar tiempo con ellos. Somos la sociedad de la contradicción, de la ocupación, del rendimiento, de la producción, de la información, del conocimiento, pero también del cansancio, del aburrimiento, de la preocupación y el estrés. Lo cierto es que quienes están sometidos a un régimen normal de responsabilidad tienen que trabajar para vivir, y no les queda tiempo para educar a sus hijos, ni para quererlos, ni para apoyarlos, ni para corregirlos, ni para nada que no sea maldecir sus propias existencias y buscar formas de escape en aficiones, gustos, modas. Todos buscamos en algún grado aquella anestesia que nos libre de la agonía en que se nos convirtió vivir, y cualquier cosa funciona: dios, drogas, alcohol, ejercicio, meditación, arte, literatura e incluso el fanatismo por cualquier cosa o ídolo que resulte estimulante. Para huir de nuestras vacías existencias, del aburrimiento al que nos condicionó la vida digital, tenemos que estar recibiendo información, siendo entretenidos todo el tiempo, siguiendo a otros porque todos somos seguidores de alguien que resulta más inteligente, más bello, más carismático.

Así que entre cada celebridad menor o mayor, nuestra vida se nos va en aplausos que ahora toman la forma de pulgares arriba y que para esos otros con una mayor estrella, fortuna o suerte, o quienes si han sabido como trabajar y esforzarse, son solamente una forma de monetizar nuestras frustraciones. Pero aun estas personas, se sepultan en los excesos, y consumen montañas de dinero transformado en estimulantes (anestesia), porque su propia existencia también les resulta miserable, porque hasta la atención cansa, o agobia de una manera que es resistida de diferentes maneras.

No se para donde vamos, pero no es para un buen lugar.

(Espero resolver y desarrollar todos los puntos que dejé sueltos en esta entrada)

jueves, 4 de febrero de 2016

El cafrismo: Explicación no pedida, confesión de la mecánica de un pueblo nefasto y canalla

Esta, es una entrada muy seria, tanto como los problemas que en ella intento exponer.

Las últimas circunstancias de la vida de la ciudad en la que habito, al igual que un amplio buscar y rebuscar entre las opiniones, esputos, vociferos y expresiones de los habitantes de este terruño, me han llevado a considerar desde hace un buen tiempo, que vivo en medio de una cantidad insana de gente canalla, zafia, ruda, violenta, ignorante, rústica, grosera... gente cafre.

No se trata solo de quienes a diario viven a zancadas, empujones y atropellos, desatando su propio deseo de contacto con el otro a través de micro riñas por un par de segundos de ventaja, o un pequeño espacio en el cual apiñarse, abriéndose paso a como de lugar y abusando de esa complicidad miserable que se pretende luego de tener cada vez menos que dar y si mucho que perder. No ceder ni un milímetro, aprovechar cada momento, capitalizar la desidia o el cansancio ajeno, así se mueve el cafre, pero al menos el de a pie vive con algo de consecuencia y está (al menos en apariencia) dispuesto a confrontar a sus semejantes, incluso puede llegar a desearlo.

Pero al margen de todas estas personas faltas de educación y que por cuenta del poco espacio que la vida les da para realizarse, sometidos a los desmanes del capitalismo, esclavos de sus propias decisiones y de la rutina, viven en un completo enfrentamiento contra todos aquellos y escasos enemigos invisibles a los que pueden derrotar, no a los verdaderos, no a quienes los oprimen, y ciertamente no a sí mismos. Entonces, cada momento de cafrismo podría ser un minúsculo triunfo, apenas suficiente para compensar un carácter débil, una existencia febril y devastada. Pero basta de justificaciones, el cafre existe y persiste en su cruzada contra sí mismo y contra los demás, por la razón que sea.

No se trata solo de ignorancia, que es incluso un calificativo que ha perdido sentido y que se usa a menudo para descalificar al otro, una herramienta del cafre para señalar a aquel que no piensa de su misma manera: "ignorante" es el nuevo "campesino" o "palurdo", porque estos otros significados recibieron el suficiente rechazo social como para haber sido escondido por conveniencia, por esa absurda forma de remendar todo a expensas de insertar algunos cambios en el lenguaje cotidiano, para hacerlo políticamente "correcto" o adecuado. El desconocimiento sistemático del otro, de la realidad, de la historia, no es ignorancia, es al menos una impedimento social cognitivo de la peor naturaleza, porque está sustentado en la voluntad de no aprender, de no conocer, de no saber.

El cafre entonces se rodea de una falsa confianza, de una seguridad manifiesta en que lo que hace, expresa, vive, hace parte de un deber ser adecuado, política y moralmente correcto y esto se agrava cuando tiene el descaro de atribuir su comportamiento a los seres superiores en los que cree. De esta forma se crean los peores tipos de cafres, aquellos que sirven en teoría a una deidad que predica amor, respeto, tolerancia, pero quizá solo entre ellos mismos, en donde el afecto hacia el prójimo no pasa de ritos desgastados heredados culturamente y de una serie de consignas que se repiten hasta el cansancio, pero que no tienen una aplicación práctica.

Mi intención no es desviarme de la realidad del cafre, quien también puede encontrar un sustento moral simplemente en construcciones derivadas de cualquier otro tipo de creencia, pero que en todo caso tendrá algún tipo de base moral que le servirá para justificar sus canalladas, con ideas sobre explotadas aunque poco desarrolladas sobre el bien común, la justicia, la equidad, el amor y la conservación tanto de la especie como del medio en que se habita.

Dejando de lado a toda esta suerte de cafres, con distintos perfiles, procederes, trasfondos y naturalezas, he de centrarme en los hechos que dieron origen a mi inquietud por escribir sobre este tema. Como con algunos otras reflexiones, la concepción de la idea del cafre fue consolidandose a través del devenir de las redes sociales, y los espacios de opinión de otro tipo de portales noticiosos o de información.

Es del caso recordar que por cuenta de la masificación del internet se le ha dado a múltiples personas la opción para expresarse, en donde claramente se encuentra la muestra poblacional cada vez más creciente de cafres. La expresión en un contexto de entorno virtual o digital apareja una serie  de ventajas, propias de la personalidad difusa de carácter digital, lo que facilita la actitud irresponsable de estos individuos, quienes se comportan conforme con aquellos límites que seguramente se han impuesto en su propia vida, quizá como aquellos seres diminutos, sometidos en cada etapa de su cotidianidad con solo una que otra (pequeña) posibilidad para dejar salir sus frustraciones, a través de algo como las opiniones que en su mayoría de veces están cargados de odio y con ataques dirigidos a alguien en particular que ha osado expresar su propia opinión.  Ya volveré a este punto, sobre los cafres, y su forma de expresarse.

Imagen liberada de Copyright, tomada de https://pixabay.com/
Existe una transformación simbólica importante que se ha dado como resultado de la interacción social en internet y parte de la naturaleza de la información. Esta es emitida por personas, entidades u organizaciones, muchas veces sin una adecuada determinación de fuentes y naturaleza. De esta manera se confunden las editoriales con los sucesos, y las opiniones con las críticas humorísticas. Lo peor sucede cuando los encargados de ilustrar o exponer, de dar a conocer los hechos que circunscriben el diario vivir, lo hacen de una manera parcializada, a través de supuestos (y elaborados) "análisis", lo que resulta peligroso dado que la función de los comunicadores se ha transformado para dar paso a una predigestión de la información, de forma tal que llegue con un mensaje política o comercialmente adecuado según los intereses del capital que se encuentre detrás.

Se trata quizá de un problema de lenguaje, de semiotica y discursos, lo cual se hace claro cuando en ciertos casos estos comunicadores otorgan etiquetas, lo que resulta peligroso en virtud a que la opinión pública tiene poco de formada y no se hace a un criterio personal, sino que usualmente repite y hace introspección de lo que le llega, de manera directa, porque los medios han hecho una explotación carismática de manera elaborada y como consecuencia de la misma cultura popular se ha 'celebrizado' y elevado por tanto la categoría social, de quienes aparecen detrás de los micrófonos y especialmente de las cámaras.

Los medios de comunicación entonces, se convierten en un poderoso factor de hegemonía cultural, en focos de dominación si se quiere, y este no es un discurso "de esos", en tanto mi posición es simplemente una crítica a las formas de construcción de discursos y consensos. Poco se hace para que lo que comunica esté revestido de diferentes ángulos, de imparcialidad, y en los casos en los que está, se hacen vastos esfuerzos editoriales por cargar la opinión hacia un extremo que resulte coherente con una determinada perspectiva política, la cual de paso lleva inmersa una gama de intereses, dictados por los circulos de poder conexos a esa corriente o idea política.

En este caso se ha hecho bien el trabajo, la opinión se encuentra absolutamente polarizada, pero quizá no de una forma estrictamente maniqueista, pero si de una forma en que existen unas posiciones "válidas" y unas cosmovisiones que son naturalmente aceptadas, y no me refiero solo al rechazo por solidaridad mecánica de los comportamientos que resultan aberrantes, detestables o censurables desde nuestra concepción moral a escala de sociedad, sino de aquellas ideas o estructuras de pensamiento que por cuenta de los problemas anteriores son precalificadas y en esencia rechazadas por cuenta del manejo de la información. Aquí basta recordar las dinámicas de exclusión, de manejo de las diferencias y el reconocimiento de las semejanzas, que a nivel social lleva a la configuración de bandadas, grupos, colectivos e incluso tribus.

Hacer y lograr identidad es fácil, y tiene que ver con la forma natural en que los seres humanos como individuos y sociedad, se integran para afrontar de mejor manera los diferentes retos de la cotidianidad, de manera que no es nada novedoso el que las personas se agrupen, no obstante, lo que resulta curioso es la calificación y clasificación del otro a través de dinámicas personales, que en el caso de los cafres refieren a formas canallas y ruines de encuadrar al otro para facilitar su ataque.

Cuando empecé a pensar en escribir sobre el cafrismo, tuve en cuenta una serie de ataques mediáticos u opiniones si es del caso, o información de análisis que suele confundirse con hechos de carácter informativo, puesto que al menos como lo he manifestado desde líneas anteriores, a mí me queda la duda del verdadero papel de los medios de comunicación y del carácter de la información que es recibida por los consabidos cafres. Entonces, de mi observación he visto que muchas de las demostraciones de cafrismo (en internet al menos) se dan en los escenarios políticos, aquellos foros de discusión virtual derivados de artículos de opinión, así como de portales noticiosos.

No hay un solo articulo que se refiera a hechos de actualidad, que exprese la opinión de algún columnista en materias de política, Estado, Nación o similares, que no contenga toda una serie de comentarios explosivos, reaccionarios y con un animo no solo de controversia, sino de verdadero enfrentamiento. Si alguien da una opinión que contiene una desaveniencia contra lo expresado por el común denominador de los foristas, entonces se produce un primer ataque, los calificativos están a la orden y los insultos también. Pensar diferente de otros es claramente una ofensa capital, con todo y que muchas concepciones y cosmovisiones parecen haber sido sacadas de algún lugar oscuro y desolado, probablemente muy disimil de un cerebro humano. Sin embargo las discusiones se salen de tono y usualmente se convierten en una verdadera pelea por cuenta de quien "tiene la razón" o es dueño de la verdad.

Todos nos equivocamos y nuestra posición política ciertamente está determinada por lo que consideramos que es lo mejor, lo correcto en términos del bienestar general, así como del progreso y el desarrollo científico, social y cultural. En un escenario ideal, las personas expresarían sus argumentos a favor de una u otra posición, pero las personas (en especial los cafres) son muy ligeras cuando se trata de mantener una posición política, y esto tiene consecuencias nefastas para el desarrollo social y deja en entredicho conceptos como la democracia, la libertad de expresión y otras consignas que fueron logros históricos para conseguir esa paz duradera de la que Kant tantas veces habló, pero que es una falacia, al menos en internet.

martes, 25 de agosto de 2015

Punto de no retorno

En estos días, nuevamente me he enfrentado a la inexorable levedad del ser, leve, frágil, la existencia humana en sí misma es una contradicción a cualquier condición o axioma, de tal suerte que muchas veces no se sabe. Se existe porque de una u otra manera la voluntad ajena estuvo involucrada, eso sumado a la suerte, al azar propio del caos cósmico del cual siempre he estado prendado, pues en cierta manera a este debo mi vida. Los días pasan, uno detrás del otro, horas que se suceden a través de ecos sumidos en el silencio que no dejan ver la propia velocidad a la que se supone se desplaza este monumental pedazo de hogar en que nos encontramos.

A este hogar es que hoy quisiera referirme, en donde unos y otros están discutiendo varios temas en relación con la bien o mal llamado "punto de no retorno", relativo a aquel estado en que ya nuestro planeta no tiene arreglo, o el daño ambiental es irreparable, y en donde se ha examinado por varios bien o mal llamados expertos, aquello que toca al ser humano, con voces de alerta que miden el consumo de recursos, la afectación al medio ambiente y al ecosistema y el cambio climático principalmente.

Imagen tomada de: https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/c/c9/Tarvasj%C3%B5gi_nov._2013.jpg

He visto, leído y escuchado, diferentes puntos de vista en relación con estos temas. Al parecer el mundo está sumido en un proceso que pronto (o incluso desde ahora mismo) llevará a una crisis irreversible, con un daño a su vez irreparable, lo que se verá en el corto y mediano plazo en un cambio climático, puesto que no se trataría solo del aumento global de la temperatura media del aire, sino también ante la presencia de fenómenos cada vez más frecuentes de extremos climáticos tales como profundas sequías, lluvias continuadas, huracanes, etc.

Es como si el planeta cada vez se manifestara con más fuerza, y afectara de una manera más diciente a las personas. Claro, esto es evidente y no requiere mayor explicación si históricamente revisamos como se comporta la vida en las ciudades en que hemos vivido durante los últimos 10, 15 o 20 años, cualquiera podría indicar que las temperaturas han aumentado considerablemente. Pero esta situación tan evidente tiene otra serie de explicaciones que incluso tocan la misma forma de construir las ciudades, el propio urbanismo y la forma en que las personas se han comportado. No hay que ser un experto en el clima para saber que una extensión considerable de asfalto y cemento no absorbe de la mejor manera la radiación solar, de tal suerte que el suelo y el aire se calientan, y sucede lo que pasa normalmente: el aire caliente se eleva y pasa a ser reemplazado por aire frío, lo que a su vez causa vientos que traen nubes y afectan la manera en que la humedad se ha concentrado previamente. Con un poco de imaginación y una inteligencia promedio, al igual que el recuerdo de las ciencias básicas aprendidas en la primaria (la educación de la niñez) se puede entender que un microclima como el de la ciudad, es afectada por la pobre arborización de la misma, y en general la falta de fuentes suficientes de agua, la inadecuada urbanización y por supuesto, el exceso de personas.

La densidad poblacional a mi juicio es el mayor de los problemas de los seres humanos, que tiene varias explicaciones. Una pobre educación sobre las consecuencias de la natalidad, que probablemente también se explica en una nula o también pobre educación sexual y que dispara los embarazos no deseados, en un país en donde la reproducción es aun un problema asociado a la religión y en que la gente de frente se persigna y reza, y por detrás es altamente promiscua. Sin contar con un sistema legal que no da a las mujeres control sobre sus cuerpos y obliga a que en estos casos los niños deban nacer o nacer, pero sin ayudar de verdad a estas madres a su desarrollo y el de los infantes, en tanto la norma propugna por la vida del neonato, pero en ningún caso por su dignidad, eso a nadie le importa. Por otro lado está la tecnología, la técnica, la medicina, factores que hacen que las personas mayores, los adultos mayores, prolonguen su vida por más tiempo de lo que en principio se habría esperado, de esta manera nuestro mundo se está llenando de niños, jóvenes y ancianos, pero solo hay recursos y facilidades de producción para los que están en una edad intermedia, los adultos formados y capacitados.

Los humanos entonces, se reproducen como si no hubiera un mañana, y en mi caso me parece fácil de ver cuando en un día normal de descanso casi todo sitio al que arribo está adornado con la clásica pareja de padres atormentados (de esos que olvidaron como sonreír) con al menos un par de infantes que no superan los 10 años de edad. Quizá su nivel actual económico les permita darles el sustento, lo necesario. Aunque también veo mucho padre joven sin los suficientes recursos (o ganas) de criar a sus hijos, a esos que probablemente no fueron del todo deseados. Padres que no crían a sus hijos porque deben trabajar a como de lugar para asegurar ese sustento que en el caso de los infantes es mucho más costoso que con respecto a los adultos, puesto que los gastos de desarrollo y educación, que cada vez son menos cubiertos por el Estado (a quien sin embargo si le importó desde un principio que no se evitara un nacimiento no deseado), con abuelos que cansados como están de una vida que ya en sí misma les reportó una vida sacrificada se encargan de ver (y criar) a sus nietos, teniendo que vivir y convivir con hijos que nunca superaron el ciclo que antes se consideraba normal, de independencia, de hacer una vida propia. Ese ciclo al que responde el sistema de principios y valores, y sobre el que incluso está cimentado (al menos en teoría) el modo de producción económico.

Así las cosas, somos muchos, algunos dirían que muchos más de los que aguanta nuestro planeta, y en principio no estarían tan equivocados, de no ser porque consumimos mucho más de lo que necesitamos. Ese es otro de los problemas más graves, el consumo. En este punto peco incluso como parte de esta colectividad rampante, nefasta y criminal, la cual tiene y muchas veces desea más. La culpa de esto es muy difícil de encuadrar, e incluso inútil. Resulta mejor intentar hacer algo por la humanidad, desde cada uno, disminuir el impacto de nuestro paso por el mundo, no abusar, no destruir, no excederse. Es en el exceso en el que se concentra el mayor problema, los cientos de toneladas de comida que se pierden porque la gente pide más de lo que puede comer; decenas de zapatos, bolsos, accesorios y muchos otros que responden únicamente a un sentido de la acumulación e incluso de la moda, los cuales resultan muy difíciles de derrotar.

Bueno, existen de todas maneras posturas críticas frente a este tipo de corrientes, y frente a los sucesos que dan cuenta de un mundo saturado, contaminado y en creciente depredación. El problema, sigue siendo la gente, es demasiada y no cumple sus ciclos naturales mientras que se concentra en multiplicarse sin crecer, en dejar retoños que no lleven ningún legado, puesto que su desarrollo es incompleto y no tienen nada que dejarle al mundo, posiblemente no tuvieron tiempo de aportar nada, mientras que los que aportaron son marginados, inutilizados y despojados de importancia al tiempo que se les mantiene con vida por conveniencia del sistema, el cual sin embargo se basa en una planeación a largo plazo que resultará insostenible en el mediano.

Hay que hacer,  lo que hay que hacer: Cierto, vivir de manera más responsable y pensar un poco más en el otro, por pura relación de supervivencia desde uno mismo, porque ese otro podría ser nuestro verdugo, a menos que se convierta en una influencia positiva en nuestras vidas, al tiempo que deberíamos nosotros serla en la suya...

Difícil, la vida, el mundo, el círculo de lo humano se ha cerrado alrededor de sí mismo, sin pensar en lo que le rodea, de tal suerte que algún agujero causado por su paso destructor, por su accionar depredador, será lo que lleve a su aniquilación.

jueves, 10 de julio de 2014

Todo tiene un precio, y casi todo está comprado...

Me demoré un poco en iniciar esta entrada por el simple hecho de no haber contado con el tiempo suficiente para ponerme a escribirla, en el entretanto han pasado muchas cosas que han llamado mi atención, pero tal como lo indiqué en la anterior entrada, nada más importa!



Estamos aún, hoy 8 de julio de 2014, en pleno mundial de fútbol de la FIFA. Para muchos esto significa la culminación de una larga espera para deleitarse con una fiesta global que promete emociones a millones dentro de un espectaculo continuo por más de un mes. Tal vez muchas personas lo sepan, pero para mi fue algo de reciente descubrimiento: La copa se juega desde 1930, durante 19 ediciones (antes de la que actualmente se juega, la 20) a cargo de la FIFA, dentro de la categoría profesional lo cual lo aleja del torneo disputado en este deporte dentro de los certamenes olimpicos.

La FIFA recibe su nombre del frances: 'Fédération Internationale de Football Association' y en palabras de la sabia Wikipedia, "es la institución que gobierna las federaciones de fútbol en todo el planeta", fundada en mayo de 1904 y con sede como todo este tipo de organizaciones mundiales en Suiza (Zúrich). No solamente es la máxima autoridad de futbol como lider del gobierno de las federaciones a nivel mundial, sino que además hace parte del IFAB, organismo que se encarga de modificar las reglas del juego. Como ya lo indiqué antes, la FIFA organiza los campeonatos mundiales de fútbol en sus distintas modalidades.

La FIFA agrupa entonces a federaciones o asociaciones de fútbol de distintos países, y como dato curioso dentro de la descripcion que se encuentra en internet, cuenta entre sus miembros con 17 países más que la ONU, lo que podría darnos a pensar que el futbol es más interesante que la política internacional. Este organismo internacional desarrolla más de 15 torneos a nivel mundial en diferentes fechas, siendo el más importante el de fútbol mundial en la categoria profesional.

Pero lo anterior lo podriamos saber todos o basta solo con una búsqueda sencilla y unos minutos de lectura para llegar a conocerlo, sin embargo es claro que el fútbol es un gran, gran negocio. No es necesario ser un genio de economía para darse cuenta del impacto a nivel economico que representa una copa del mundo, en donde se ven cifras de invesión del orden de los miles de millones de dolares, algo inconcebible para la matemática financiera de cualquier hincha. Aún la sola atención de los partidos por televisión de suscripción, escala las ganancias a múltiple nivel en donde la propia FIFA es receptor de incontables réditos y regalias por cuenta del uso de su nombre, y los derechos que tiene sobre el certamen, de lo cual la boletería pasa a ser una mínima parte (también vine a enterarme que en efecto la boleteria es para los organizadores del certamen -el anfitrión-, no obstante la FIFA gana un porcentaje de estas por el uso de su propia marca y de los derechos deportivos y de imagen que tiene sobre el certamen).

Entonces, para este ejercicio debo partir de la suposición de que el fútbol es un negocio, uno lucrativo y rentable. Cada aspecto medianamente importante del juego, la logistica de los encuentros, desplazamientos y todo lo que pueda pensarse, antes, durante o después de los 90 minutos de juego, tiene una consideración económica, que para no ir lejos conjuga intereses de varios de los conglomerados económicos más fuertes del mundo, los cuales pautan o patrocinan casi todo aspecto del espectáculo.

Las marcas están presentes en todo el espectro visual del juego, y por todo ello se paga, de una u otra manera, lo que me devuelve a la premisa del título de esta entrada, y es que todo tiene un precio. Todo tiene un precio en tanto como lo dije, no hay un aspecto que no esté cubierto por un derecho de tipo intelectual que permita a la FIFA y a los grupos económicos presentes dentro del certamen, el hacer un poco más grandes sus arcas. Casi todos sabemos como funciona la publicidad y lo que la misma representa, y como en un mundial de fútbol el consumo se dispara. Tanto de todas las mercancias relacionadas directamente con el certamen y el deporte involucrado, como con todos y cada uno de esos patrocinadores que llegan a la siquis de los espectadores, que para efectos prácticos no son otra cosa que consumidores.

No obstante lo anterior, la pretensión de este escrito no es convertirse en una diatriba contra la publicidad y la economía de mercado, sin embargo si es llamar la atención sobre los intereses relacionados con el devenir de esta fiesta del fútbol que tal como lo suponen muchas críticas que se han escrito por estos días, las cuales pueden llegar a ser más apropiadas que la mía, desdibujan el carácter del deporte, y del mismo espectáculo a su alrededor.

Paréntesis: A mitad de la redacción de este escrito me encuentro con los 7 golazos que le propinó el seleccionado alemán a Brasil, y que deja a este último por fuera de la final del mundial. Claro, celebro el buen fútbol y el gran espectaculo detrás de la goleada y tal vez tenga una serie de consideraciones sobre cada equipo, pero como no sé de fútbol, prefiero guardarmelos.

Casi todo está comprado. Alguien alguna vez me explicaba el complejo mundo detrás de los deportes, lo cual incluso pude ver reflejado hace poco en el cine. Pero no se trata solo de apuestas, pues precisamente en lo impredecible del deporte, se basan los negocios colaterales al mismo. El panorama presente es aun más oscuro, aquel que conjuga intereses de multinacionales, gobiernos y organizaciones como la FIFA.

Probablemente a esta altura más de uno sabe a que me refiero, sobre el desastroso comportamiento del arbitro que dirigió el compromiso entre Brasil, cinco veces campeón del mundo al igual que sede en esta ocasión y por tanto el único equipo que juega de local, y Colombia, aquel equipo con la estoica pretensión dentro de su propia historia futbolistica, de pasar de octavos de final, lo cual ya fue un logro al ganarle a Uruguay, también campeón del mundo.

Insisto, no soy un experto en estas materias, de hecho se y conozco realmente poco de fútbol. Pero se de intrigas, conspiraciones y estratagemas.

(Imagen tomada de http://cde.peru.com/ima/0/0/8/5/3/853893/611x458/mundial-brasil-2014-carlos-velasco-carballo.jpg)

Antes del partido, pude entender como el técnico brasilero y la prensa del país, astutamente habían manipulado la información para crear un estado de atención sobre la selección y concentrar favores de la amplia hinchada. Muchos sostienen que en este enorme país, el fútbol es casi una religión, lo cual no preciso discutir, pero en todo caso este deporte tiene una importancia altamente destacada lo que había convergido con las protestas y manifestaciones previas a la inauguración del mundial.

Dentro de esta compleja situación para el seleccionado brasilero, se encuentran otros aspectos a destacar en la coyuntura política del país. Claramente la política es un juego de manipulación en que dificilmente los aspectos objetivos, programaticos y de gobierno tienen una verdadera importancia, razón por la cual lo relacionado con la fiesta mundial del fútbol puede tener una injerencia completa sobre la reelección de la actual presidenta de Brasil, Dilma Rousseff quien se jugará un nuevo periodo en el segundo semestre de este año, después de terminado el mundial.

Lo dicho hasta ahora creó el escenario perfecto para que existiera una presión a múltiple nivel sobre el desempeño del equipo brasileño, buscando el paso obligado a la final o incluso un nuevo título. El camino de este equipo a lo largo de la copa, pasó por una ronda preliminar modesta y por partidos cuestionados por el manejo arbitral, con decisiones que han sido tildadas como amañadas o incluso con peores calificativos.

Pero el más discutido ha sido precisamente el de Colombia, equipo al cual se le dejaron de 'pitar' varias circunstancias de manual, en un partido que habría podido tener otra suerte de no haberse presentado el impasse con el arbitro español. Yo ví este encuentro y desde mi modesto entendimiento de las reglas del fútbol, y el magnifico cubrimiento de las cámaras, así como las repeticiones desde diferentes angulos sumados a la alta definición, tuvo una exagerada y excesiva fuerza, siendo  abusivo el choque del equipo verdeamarelo, lo cual no fue juzgado con el mismo rasero por parte del arbitro.

El arbitro, Carlos Velasco Carballo, tiene en su pecho una enorme insignia de la FIFA, aquella gran corporación que se beneficia de este espectáculo y que claramente tiene intereses, lo cual al entendido de varios comentaristas y críticos al respecto ha estado presente en las últimas copas del mundo, destacando el caso de Corea del Sur que en el mundial celebrado en 2002 en su casa, avanzó a cuartos de final por decisiones cuestionables y favorecimientoss como el que ahora yo mismo censuro.


Entonces, todo esta comprado. Pero no de la forma en que muchos lo ven, asegurando que al español le dieron una cantidad de dinero impensable en reales (como si no supieran que tiene mucho más valor que el peso. Para muchos, la conspiración llega más alto, y tiene a su alrededor todas las consideraciones que conjugan a los paises involucrados e incluso a las federaciones y confederaciones de fútbol, y claro, recordemos que el fútbol es un negocio, sumamente rentable. Al parecer aquel monstruo corporativo que es la FIFA, la cual se embolsillará más de 4000 millones de dolares en este año, casi todos gracias al mundial, no tenia interes en que un equipillo, lleno de muchachos que no juegan en importantes clubes europeos y cuyo país no tiene multinacionales que aporten a su jugoso negocio, llegara a una semifinal del fútbol mundial. Lo cual resulta contradictorio si se miran las mismas campañas de esta federación mundialen contra de los partidos amañados y la manipulación del juego.

Ahora, supongo que un equipo en la semifinal puede considerarse ganador, dentro del podio mundial, muy superior a las 32 selecciones participantes y a todas aquellas que intentaron clasificar, sin embargo, no es justo que los partidos se afecten por circunstancias ajenas al juego, y claro los expertos en la materia siempre se referiran a la "jerarquía" y a todas aquellas otras palabras y frases que justifican el mantenimiento de un esquema que buscaría ser tan conservador como cualquier otro aspecto humano en donde lo nuevo no pega del todo y en donde todo tiende a ser ridiculamente cíclico.

Lo bueno es que yo disfruto del espectáculo, del desempeño, siempre que lo haya y como tal no tengo alguna suerte de dolor, de 'guayabo' moral o similar, puesto que en principio no me afectan los resultados, me afecta el juego, el momento y por eso debía protestar por aquel amargo en que por un precio, debidamente pagado, un encuentro deportivo dejó de ser ameno, para pasar a ser amargo y aburrido.
 

Este es un pequeño resumen de las copas del mundo que se han jugado a la fecha, con su sede y la selección campeona, entre paréntesis:

I- 1930 - Uruguay (Uruguay)
II-1934 - Italia (Italia)
III- 1938 - Francia (Italia)
1942 - SUSPENDIDA
1946  - SUSPENDIDA
IV- 1950 - Brasil (Uruguay)
V- 1954 - Suiza (Alemnia)
VI- 1958 - Suecia (Brasil)
VII- 1962 - Chile (Brasil)
VIII- 1966 - Inglaterra (Inglaterra)
IX- 1970 - México (Brasil)
X- 1974 - Alemania (Alemania)
XI- 1978 - Argentina (Argentina)
XII- 1982 - España (Italia)
XIII- 1986 - México (Argentina)
XIV- 1990 - Italia (Alemania)
XV- 1994 - USA (Brasil)
XVI- 1998 - Francia (Francia)
XVII- 2002 - Corea / Japón (Brasil)
XVIII- 2006 - Alemania (Italia)
XIX- 2010 - Sudafrica (España)
XX- 2014 - Brasil (...)