El líquido rojo que corría por el filo de su arma se había condensado en una extraña forma coralina. La sangre también cubría su armadura y solo el visor de su yelmo se salvaba del pegote. Jadeó complacido. Observó el campo de batalla. Contempló la devastación. Miles de cadáveres desordenados como prueba del cruento desenlace. Solo quedaban él y su enemigo. Un último esfuerzo. Avanzó en búsqueda de una apertura pero tropezó con uno de los cuerpos del suelo. Su enemigo fue más rápido, certero. Un movimiento de martillo, un sonido seco y luego la oscuridad. Cuando el cráneo se rompió, volvió a hacerlo, saltó a otro cuerpo y tomó posesión del mismo. Sorprendió al maldito que lo había atacado antes con una puñalada fulminante en el cuello. La oscuridad había reclamado una nueva alma.
Iván Sánchez
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jueves, 15 de marzo de 2018
martes, 29 de junio de 2010
Nada...
Hoy tenía algo mucho mejor que decir, pero lo empecé a escribir y tan solo quedó una oración perdida, solitaria...
A veces nos enfermamos de males que solo están en nuestra cabeza; Yo le llamo “gadejo” (GAnas DE JOder), no sé si eso se entienda bien en otros contextos (o para gente de otros países). El caso es que a veces lo único que uno necesita es que le pongan cuidado, es decir, que lo que se pretende no es nada más ni nada menos que: Llamar la atención.
¿Por qué? Quizá porque así se da cuenta cada uno de que sencillamente alguien se preocupa por el (o ella), aunque eso último no tenga mucho de racional, pero aceptémoslo, la pataleta de la que parte el “gadejo”, es cualquier cosa menos algo lógico; Entonces, se llama la atención precisamente para tenerla, ya que atraer cuidado, atención, cariño por parte de otros, calma necesidades básicas de casi cualquier ser humano, incluso de los seres extraños o bichos raros que se sienten a gusto reflejándose tan solo en ellos mismos.
Necesitamos, necesitamos y volvemos a necesitar, de manera consciente y muchas veces a niveles extraños inconscientes, dentro de la multiplicidad de variaciones que tenga en cuanto a construcción nuestra personalidad. A algunas personas les basta con algunas cosas, pero a otras parece que nada les fuera suficiente; En mi experiencia personal he notado que las personas buscan muchos escapes para contrastar sus emociones, para no enfrentar de manera directa los problemas, para no hacerles catarsis, si no esperar más bien a que las cosas las digiera su inconsciente, porque no pueden confrontar las cosas. Lo que pasa entonces es que casi todos queremos vías de escape, nunca caminos de confrontación, no acostumbramos a enfrentar nada, menos a nosotros mismos, pese a que peleemos tanto con otros, o a que en nuestra cabeza se mueva la idea constante de la pelea, de esa que terminará con alguien dañado, lastimado o incluso destruido, pero esa no es más si no otra forma de escapar, dejando que nuestro lado animal salga a flote, curando las cosas a través de nuestro cuerpo, de sus hormonas y sustancias, eso si es que a falta de lo que nos produce nuestro cuerpo, no le introducimos algo que ayude a suplir el vacio emocional con un confort equivalente y artificioso, alucinante, embriagante, ustedes sabrán a que me refiero.
Pues sí; Yo trato al menos de confrontar algunas cosas, y tal vez me enfermo un poco de algo que ella puede ayudar a curar; pero como con casi todo, la cura está en nosotros, en cada uno, en él y en ella; Solo hay que quererlo o incluso desearlo. A intentarlo entonces.
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