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miércoles, 2 de marzo de 2016

El vacío del alma y el pensamiento

Necesito escribir.
Esto no lo hago por un ejercicio efímero de angustioso y necio deseo de auto complacencia o por la virtud que pueda llegar a reflejar este espacio virtual, ante la constante (ja) afluencia de público con respecto a lo que me atrevo a publicar acá. No, no se trata de eso.
¿De qué se trata entonces?
Este es un escape, a esa realidad que me traga por cuenta de la angustia, de aquella propia de no hacer suficiente, combinada por el cansancio que se produce por hacer cosas que no están acordes con los deseos que se encuentran en aquellos rincones escabrosos de la mente, o quizá en ese espacio cuasi material y fenomenológico al que han relegado al alma.
Aún debo tener algo de eso.
No se trata solamente de un desasosiego que pueda confundirse con la desidia propia que generan las dinámicas de las sociedades en red, del conocimiento, la superación, el rendimiento, las tecnologías de la información y todo otra expresión tecnócrata, real o no, evidente o no, dolorosa o no... Es una cosa que va más allá y que quizá tiene que ver con la poca llegada de la necesaria energía al cerebro, luego de que el estómago no trabaje bien. Es tan grande la influencia de este órgano que casi quisiera hacer una elegía al aparato digestivo, un homenaje al eterno espacio devorador de alimento.
No, eso tampoco es, aunque tal vez influya, pero es que todo tiende a generar algún ruido, o mejor, todo tiene eco en nuestros pensamientos y en la forma en que nos relacionamos con el mundo.
En un estado difuso y contrario a lo ideal, las necesidades se hacen manifiestas y la propia idea de lo oscuro, la muerte y otros pensamientos oscuros si se quiere, tienen una manera especial de hacer transito, de llegar e irse, tomar el avión más próximo o jugar a las escondidas detrás de los parpados y encima de la ultima linea de expresión del rostro, de manera que se asomaran ante cualquier otra observación, cuando la mirada ya no esté cansada, los ojos hundidos, la boca seca o la sensación de espectralidad.
Tan real como vivo.

martes, 27 de octubre de 2009

Vacío

La verdad ya no recuerdo muy bien los temas sobre los que he escrito, se que antes facilmente me podía extender en cientos de lineas al respecto de cualquier cosa que pasara por el momento en mi cabeza, podía decir muchas cosas precisamente dándole cabida a la especulación, a lo simple y básico de pensar al respecto de algo; Estos días, y cada vez más sin embargo, me es difícil pensar en algo para discutir.

Lo cierto es que esto lo puedo llamar el vacío, aunque me enteré cierto día que algunos lo llaman "la madurez del discurso". La verdad no puedo estar de acuerdo con ello, ya que si el discurso al madurar se extingue, entonces que sentido tiene buscar precisamente que madure; ¿cual es el objetivo de concretar ideas, de alcanzar consensos, si al final esto llevará a la nada?

Lo interesante de lo escrito en el párrafo anterior es que el disenso si construye, y vale tanto que puede uno incluso escribir sobre ello, sobre lo que indica el no estar de acuerdo.

Yo sigo creyendo que los vacíos son circunstancias (como casi todo), lo que querría decir que esto es temporal, independientemente de que la temporalidad se extienda, pero no deja de serlo ya que el periodo mas largo no hace per se que cambie lo significante de aquel; ni siquiera sería demasiado preocupante la periodicidad, ya lo dije alguna vez que el ser humano se repite, que los avances a veces implican precisamente una vuelta sobre los mismos pasos, solo que dentro de la espiral finita de la vida, el camino se pierde (problema de conciencia) y a la final con los ojos enterrados en el suelo, se ve el avanzar aunque no el sentido o dirección del camino.

Vacío, entonces como por obvia disposición de nuestro idioma se toma, es la ausencia, la inevitable falta de... Tal vez de ese algo que antes estaba, tener ese "algo" que decir no debería ser tan complicado, pero lo que pasa no es que haya nada, sino que lo que hay no es satisfactorio, no es suficiente y la no suficiencia, por la forma en que es medida, es más peligrosa que el vacío.