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martes, 6 de marzo de 2018

Martes de excesos

Creo que mi ser empieza a darse por vencido, que deja de ser para empezar a estar. Que empieza a considerar detenerse o dejarse llevar por la inercia espiralada de la existencia. Hoy mis palpitaciones anuncian de nuevo el advenimiento de la enfermedad, la conveniente aparición de la molestia, del malestar, de la indisposición.

Como de costumbre todo se junta y los días pasan sin consciencia, sin sentido y sin que pueda detenerme lo suficiente para aprender algo de ellos. Un aspecto insignificante seguido de otro y la consciencia de que solo el amor puede darle sentido al tiempo. No debería ser así y sin embargo es muy poco lo que puede hacerse al respecto, porque la consciencia es un camino poco absoluto. Porque pensar es no tener certezas, no es el control si no que es la falta de éste y la esperanza de ir hallando poco a poco respuestas.

Claro, si es que se sobrevive a la rutina.

jueves, 2 de julio de 2015

Aburrimiento (III) segundo preludio de una reflexión

Me gustaba cuando le ponía imágenes a este Blog, ah tiempos aquellos que no pueden volver a cuenta de los bloqueos de esta maldinga red...

Si hay algo que caracteriza al ser humano es su inexorable tendencia al tedio infinito, al menos en los últimos tiempos. Recuerdo aquellas reflexiones en relación con lo que implica el aburrimiento (AburrimientoAburrimiento IIAburridoTrabajoEl fondo)...

Aburrido como puede estar todo aquel que se desencanta, la frustración por el devenir propio de los días y sus noches, lo que es tal vez diferente a la sensación de desasosiego propia del que necesita estar distraído, o en tal caso concentrado. cualquiera sea la razón, el motivo o el resultado de un ejercicio de pensamiento. Por una parte se encuentra la indisposición por hacer, por carecer de sentido o ser indiferente a las razones propias de ese "deber ser", un esquema de valores y principios que distan del "ser" o del "es", y que sobrepasan cualquier escala racional de correspondencia moral e incluso lógica. La respuesta de la mayoría suele estar en unos días adelante, en el tan anhelado viernes, en donde la existencia es una carga que se sobrelleva a punta de alcohol o de cualquier otro distractor, de tal forma que el mismo quehacer, las obligaciones, las ocupaciones, también constituyen una forma adicional de llenar la cabeza con sensaciones, percepciones y pensamientos "felices", todo con el fin de nunca, nunca, nunca (jamás), pensar en la razón de las cosas, en los por qué, en las consecuencias y en general en lo que viene, pero a partir de lo que se queda...

Estoy empezando a odiar un poco la rutina de todos los meses, los pagos que se traducen en colas en bancos, por la pereza y la atención a la deuda ante una falsa seguridad de dinero en los bolsillos, ser tan libre que no se pueda disponer debidamente de los espacios y los tiempos para al menos acabar con los pendientes, en alguna suerte de orden que deje solo aquellos más graves, los que algún día tendrán que resolverse.

Y en medio de todo, el aburrimiento, el tedio...


viernes, 9 de enero de 2015

Concentración

Hace un rato, intentaba concentrarme en lo que tengo que hacer, en lo que debo hacer o en todo caso aquello que el orden discordante de cosas que ocupan mi cabeza, está, de primero.

Inmerso, como de costumbre en mis propios asuntos, encontré un viso de humanidad que me alejó de las constantes laborales y me arrastró hacia la inevitable derrota que conlleva cargar con una existencia más o menos consciente. La consciencia muchas veces la he tratado como esa forma reflexiva de aprehensión del mundo, la suma racional de todos aquellos sentidos que tenemos, sensaciones y senso percepciones que ocupan una buena parte de nuestro entender.

No sé de dónde es algo como la humanidad, entender que ahí está esa parte de mí que conecta con los demás. ¿acaso soy diferente hasta el punto de creerme exterior a esa condición?

Claro que no, al menos no desde la condición biológica. Es cierto, cada persona es única e irrepetible, aun cuando cada cual se parezca en demasía a cada otro. Somos eternas copias de nosotros mismos, de aquellos que conocemos y por supuesto, de quienes osaron combinar el material genético del cual somos resultado. Con todo y eso cada uno es único. La individualidad se ha dicho, es una gran conquista social que data propiamente de la revolución francesa, la cual curiosamente no asocio con principios fundantes del Estado y la sociedad, sino con cabezas cortadas.

Entonces, tanto como único, particular, individual, especial y cualquier otra denominación que desaglutine y sea contra homogénea; se me es dable tener ínfulas de corte personal que disocien mi condición humana. Es interesante como la forma de asociar, de contrastar lógicamente eventos, hechos, situaciones, personas y toda clase de otras inferencias lógicas, también permite des-asociar, buscar el centro o núcleo de cada cosa, a la cual no se puede llegar sin la destrucción de la idea, o la deconstrucción si se quiere, en donde las partes a suerte de la ingeniería reversa le muestran a uno mucho más que el todo.

En fin, mi desconcentración terminó.