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martes, 24 de abril de 2018

Martes de escribir algo

Revisando los diferentes borradores de entradas a este Blog pude darme cuenta de que son muchas las cosas que se me han ocurrido, que han ido ocupando mi cerebro de una forma directa o difusa o de las que aun tengo esa curiosidad que genera, en efecto, no menos que una nueva entrada. Cansado, con los músculos adoloridos por el aparente exceso de oficinismo, con la mirada gastada por este par de pantallas que poco reflejan lo que en realidad sería deseable para mi vida; pues bien, aquí sigo. Tratando de darle algún sentido a mis escritos, pues con mi vida todo es más difícil, o quizá sea una discusión que no preciso abordar en este momento.

Estoy mareado, me falta alimento, o eso parecería anunciar mi cuerpo y sin embargo aquí estoy sentado con toda esa masa fatídica que me sobra, antes que cualquier otra cosa, que perturba mi vida de cierta manera en la medida en que no logro tener la disposición para empezar a buscar la forma de eliminarla y, con ello, distraerme un poco de esta cotidianidad que me está agotando mucho más de la cuenta.

Unas cosas se arreglan, otras siguen igual y muchas se dañan. Tal vez porque tanta dicha no puede ser cierta o quizá se trate tan solo de que esa es la huella del caos cósmico. No hay nada mal, solo desordenado y en estos casos es que es preciso ahondar en formas y métodos  para irrumpir en esta corriente de situaciones. De forma tal que pueda uno dejarse llevar, pero que tampoco el oleaje o la marea lo ahoguen.

No sé si este texto tenga todo el sentido posible. Quizá sí, tal vez no. Pero no importa.


Quería escribir algo.

miércoles, 18 de abril de 2018

Negación que antecede a la consciencia

Por qué negarse a la consciencia. Por qué vivir una vida cargada hacia la sola satisfacción de las más básicas de las necesidades. Una existencia que se ocupe de seguir cada una de las reglas que nos encontremos. Un vivir que se centre en el verbo estar antes que en el ser, porque aquella es una existencia cómoda, un ejercicio de lo que llaman la zona de confort. No aquel eslogan de las agencias de viajes que buscan que los millennials no posean nada y que vivan de trabajo en trabajo, así como de viaje en viaje; porque incluso aquella es la comodidad del sistema, al abrigo de las verdades que se entienden como absolutas en la medida en que son compartidas y repetidas por mucho más que una generación. 

Mejor un camino llano, que enfrentarse a cualquier clase de abultamiento, de bache. Es mejor aquello que nos resulta simple a pesar de que mine nuestras ganas de vivir, a pesar de que no sirva más que para darnos un nuevo día. Aunque igual no se darán cuenta porque estarán ocupados haciendo caso, y su inconsciente, por el contrario, los empujará a las más oscuras lagunas de la mente, a la zozobra del espíritu. Sobrevivir antes que vivir; robar un aire que podría ser respirado por quienes sí tienen en cuenta algo de entorno, quienes consideran a través de su razón. Quienes usan su consciencia, quienes se detienen, por un instante al menos, a pensar.

jueves, 12 de abril de 2018

Y vaya uno a ver

Y claro, es solo dejarse coger por el tiempo y este se lo llevará sin ninguna consideración. De eso se trata, de hacer, de romper, de sacar, de volver, de estar e incluso de ser. Pero es complejo. Escapar a todo lo que se viene encima, pasar por debajo de lo que está ahí buscando convertirse en un tropiezo. Dejar.

lunes, 2 de abril de 2018

Sequía

Otra vez. Pasa cada cierto tiempo. El peso de los días, de la rutina, de la misma cotidianidad, hace que las palabras se extingan, que de cierta manera el pozo de donde salen las frases se enturbie y que toda esa maraña de pensamientos que pueblan a menudo mi ser, no puedan ver la luz por cuenta de las diferentes situaciones relacionadas, insisto, con el diario vivir. Diario, día a día. Es como si a mí se me fueran juntando las diferentes horas sin una u otra cosa, las frustraciones por los quereres, los resultados de las necesidades insatisfechas. Me explico.

A mí me parece que todo suma. Que la expresión del paso del tiempo no es tan solo la manifestación herida del ser. El devenir, un testimonio de que eso ha pasado, de que en efecto fue, porque lo que estuvo quizá aún permanezca, porque aquel otro verbo tiene que ver con la correspondencia y con el espacio antes que con la existencia y el tiempo.

El otro es una presencia constante y permanente a la cual es muy difícil de escapar. El otro también tiene que dejar alguna manifestación de su presencia, de su devenir, de su propio ser. Y esto, por lo general, se traduce en ruido. Todo está cargado de ruido, todo se expresa a través de ruido, porque las personas desde que son infantes son sobre estimulados con diferentes sonidos más fuertes de lo que deberían. Luego, para el momento de la expresión, de los albores del desarrollo de la personalidad, nos enseñan los diferentes escapes a la sociedad, a nosotros mismos, por eso nos sumergimos en la música (sin importar el género) a altos volúmenes, para no escuchar a los otros seres en formación, sus problemas, los regaños paternos, y todo el ruido que quizá en ese momento si percibimos.

El otro se desplaza a través de medios cargados de ruido. El otro empuña herramientas llenas de ruido que son usadas para crear caminos para sus máquinas que también hacen ruido. Aquel otro también vive en sitios en los cuales pocas veces se ve alejado del ruido y tal vez solo deje de hacer ruido al dormir, si es que no ronca.

Hay sitios en los que el ruido no lo es tanto, en que a ratos pueden escucharse melodías perfectas causadas por el caos cósmico que en cambio las urbes se niegan a abordar. Porque la modernidad siempre ha querido escapar al caos, aun cuando este es el mejor medio de establecimiento de algo sostenible. Lo natural, el azar, el desorden.

Las ideas siguen ahí, el problema es su expresión.

jueves, 15 de marzo de 2018

Otro poco sobre el cansancio

Este espacio siempre ha sido importante para mi bienestar, para la correcta determinación de mis días. Para que las cosas no golpeen tan duro y pueda, si se quiere, resistir. Sí, es que al sistema se le opone, se le reacciona, se le resiste.

Sin embargo, hoy estoy tan cansado, que ni una pequeña reflexión me sale.

Algo diminuto sobre la corriente del tiempo, sobre el devenir del espacio. Quizá abordar la tremenda complexión del ser y el estar.

La existencia. El uno, el otro, lo que pasa y lo que pasó en su determinado momento. Porque el tiempo es eso que da sentido al espacio, lo que genera la memoria y lo que permite que tengamos una idea de linealidad. Que comprendamos de manera sencilla al universo, aun cuando es una cosa que está muy por encima de nuestra capacidad de entender.

De eso se trata.

Pero para hacer algo bueno con ello primero hay que superar el cansancio.

600 entradas

Increíble que ya haya podido completar seiscientas entradas.

Esto tenía que ser un ejercicio de retrospectiva o de examinar qué tanto ha pasado.

Pero no. Va a ser distinto.
Tomado de: https://pixabay.com/es/m%C3%A1quina-de-escribir-antiguos-vintage-2653187/
Cuando llevaba algo así como 500 entradas escribí esto:

Con la entrada anterior complete ya 485 entradas publicadas. Serían muchas más si aquí persistieran los cuentos y los poemas que alguna vez estuvieron manifiestos en este espacio, pero que tuvieron que ser retirados en virtud a que los empezaron a copiar, a plagiar, a reproducir sin la decencia de siquiera mencionar la fuente, mi nombre o seudónimo. 

Pues bien, en la actualidad he podido completar más de una reflexión, he seguido con el ejercicio especulativo constante. La actividad de escritura me relaja y me hace pensar en diferentes cosas que resultan útiles dentro del desarrollo de mi vida cotidiana. Para exorcizar los demonios, para permitirme escenarios de verdadero cuestionamiento, del ejercicio de la consciencia y la razón; espacio que me ha servido para expresarme y opinar, con independencia de que ya nadie lea esto.

No me detendré por ninguna otra razón que sea que ya no sirve este sitio, que ya no tenga el efecto positivo que tiene hoy en día, puede ser que llegue a las 1000 entradas o a diez veces esa cantidad. La verdad es que no me importa de a mucho, porque al escribir resisto, al pensar y ser consciente refuerzo mi propio lugar en la existencia, de forma que seguiré, hasta que aún tenga aliento para escribir.

jueves, 8 de marzo de 2018

Jueves de ausencia de formas adecuadas

Esto de escribir todos los días es un ejercicio bastante complicado. No es como tal que no tenga algo para decir, es, simplemente, que todo puede llegar a ser repetitivo y, por otro lado, tengo muchas cosas en mente que requieren un ensayo mucho más largo que el de una entrada simple como esta que escribo en este momento.

En este día me sucede. Estoy afectado por el correr de las formalidades, de aquellas impuestas por aquel otro cuya sola presencia fastidia. Y es que he reflexionado y especulado sobre la tolerancia del otro y no he querido entrar a discutir sobre el "respeto", que según como lo veo es más un valor de igualdad más que una virtud necesaria para no dañar la convivencia social, para no tomar un camino violento o inadecuado frente a los demás.

Las formas. Acudimos a ellas siempre que necesitamos una excusa para un proceder que exceda el sentido común (o que lo reemplace). Porque el procedimiento, la ritualidad, crea en nosotros la ilusión de lo correcto, de aquello que es total y comúnmente aceptado.
 
Somos víctimas de los convencionalismos, de todo aquello que se supone "está bien". Pensar por nuestra propia cuenta, tener alguna suerte mínima de actitud crítica frente a la vida, a lo único que lleva es a un problema incesante. Se choca. Ser una persona chocante es, precisamente, que lo que uno pueda llegar a expresar siempre sirva como preludio de un problema. Nadie está dispuesto a ser confrontado, nadie quiere que le digan que está actuando mal, que no lo sabe todo, que no es la persona que cree ser o que sus palabras o acciones no son de completo y buen recibo para alguien.

Las formas, las formalidades, el ritual, son pequeños contratos de sometimiento. Algunas son más que necesarias para una convivencia "civilizada". Pero las demás para lo único que sirven es para demostrar que vinimos al mundo a estar, a pasar por ahí sin dejar la menor huella, salvo que esta huella se alinee junto a las de todos esos otros especiales y que están aquí para demostrar su valía, para dejar una muestra de su paso por este universo en el cual somos poco menos de estadísticas convenientes para mostrar la futilidad de nuestra propia existencia.

martes, 6 de marzo de 2018

Martes de excesos

Creo que mi ser empieza a darse por vencido, que deja de ser para empezar a estar. Que empieza a considerar detenerse o dejarse llevar por la inercia espiralada de la existencia. Hoy mis palpitaciones anuncian de nuevo el advenimiento de la enfermedad, la conveniente aparición de la molestia, del malestar, de la indisposición.

Como de costumbre todo se junta y los días pasan sin consciencia, sin sentido y sin que pueda detenerme lo suficiente para aprender algo de ellos. Un aspecto insignificante seguido de otro y la consciencia de que solo el amor puede darle sentido al tiempo. No debería ser así y sin embargo es muy poco lo que puede hacerse al respecto, porque la consciencia es un camino poco absoluto. Porque pensar es no tener certezas, no es el control si no que es la falta de éste y la esperanza de ir hallando poco a poco respuestas.

Claro, si es que se sobrevive a la rutina.

lunes, 5 de marzo de 2018

Lunes sin color

El lunes azul (Blue Monday) es tan ridículo como el viernes negro (Black Friday). Los días no tienen un color como tampoco una categoría. Sin embargo, para este mundo (moderno) que solo puede ser explicado a través de infografías y de conceptos rápidos y contundentes, quizá lo mejor sea dar a cada cosa, a todo, algún carácter simbólico que lo haga inconfundible. Pues sí, aquel lunes de enero puede llegar a ser el más tiste del año y en sí cada uno de los lunes del año pero creo que para el común de las personas (los convencionales) todos los lunes son amargos, tristes, difíciles.

A veces entiendo el malestar de las personas por cuenta del inicio de la semana laboral. Quizá tengo algo que ver con mi propia condición, con lo que tengo para hacer, con aquello a lo que me enfrento dentro de una rutina que no es la ideal o a la que quizá ya no encuentro el chiste.
Tomado de: https://pixabay.com/es/dolor-de-cabeza-el-dolor-la-cabeza-1910649/
Solo al intentar escribir este texto tuve al menos un par de interrupciones, sin contar con el continuo resonar de los teclados, los eventuales clics de los "mouse" y todo lo demás que solo contribuye a la cacofonía de ruidos que no lo dejan a uno concentrarse del todo. Que son la pesadilla de la oficina moderna. Sin contar con quien no ha aprendido lo mínimo del respeto y tiene, además, su celular con todas las notificaciones a todo volumen (la semana pasada alguien acá tenía esto tan duro que hacía eco en todo el piso).

Este ritmo de vida, este frenético resistir, aguantar, soportar; ha puesto incluso en peligro mi vida. Mi cuerpo no está hecho para lidiar con este tipo de cosas. No soy un ser convencional, tampoco parece que perteneciera a este tiempo y a veces simplemente me pregunto si mi forma de ser no es anacrónica, si no se ha perdido en la corriente del tiempo y pertenece al mismo recuerdo al cual lo hará esta entrada una vez sea publicada.

Así las cosas, este lunes no tiene ningún color. Es un día más de la semana y aun cuando pueda coincidir de manera detestable con lo que siento, con los achaques de la salud y la convencionalidad, no tiene nada que ver en sí y por sí. Es hora de dejar las estupideces de un lado y dejar de absorber los mensajes de las etiquetas que nos han impuesto. Claro, catalogar, etiquetar, nombrar, son cosas importantes dentro de la economía de la reflexión, para no detenernos ante cada instante de consideración objetiva, para no pensar de más. Pero tampoco debe ser una excusa para dejar de pensar.

domingo, 4 de marzo de 2018

Una entrada de añadidura o cómo es de bueno hablar carreta

Así es, me encanta hablar, sin embargo no lo hago tanto como debiera. A veces siento que no seré bien considerado, que no seré comprendido y es que claro, puedo expresar toda una gama de pensamientos y sentimientos, pero lo cierto es que hay mucho que no es suficiente para que, lo que en verdad pienso, para que todo aquello que pasa por mi cabeza, todo el tiempo, para que las cosas que vienen a mí durante cada segundo, para que las reflexiones derivadas de mi paso por el mundo, para que las expectativas se cumplan, para que los deseos trasciendan los planos de la realidad; todo puede llegar a ser cierto aun cuando lo mismo palpable y cierto tenga niveles.

Así es y lo ha sido desde hace un buen rato. Mi condición de pensamiento me impide, como quizá se lo impida a muchas otras personas, el expresar todo lo que pasa por mi cabeza. No es correcto o tal vez se trate de que los pensamientos deban ser íntimos. Muchas de las cosas lo deberían ser y tal vez por la inquietante condición moderna (millennial) que hace que se tenga que compartir (estados, actualizaciones, trinos, etc.) algunas personas si pueden llegar a considerar que sus pensamientos son lo suficientemente valiosos o útiles para irlos por ahí desplegando.

Tomado de: https://pixabay.com/es/fuegos-artificiales-fuego-2585843/
Pero los pensamientos refieren a todo lo que hace la razón con cuanto percibimos. Nuestro cerebro es tan complejo que en ningún caso puede analizarse bajo una óptica de circuito integrado o bajo una lógica de algoritmo, puesto que no somos computadores, ni siquiera máquinas. Nuestra mente es un cuerpo complejo en que la consciencia fluye junto con los pensamientos y recuerdos y en donde todo pasa al mismo tiempo. La imaginación, la razón y el sentimiento están ahí presente mientras que lo único que da sentido a cualquier línea de expresión, no es otra cosa que el mismo tiempo, pues de otra forma nuestra propia razón podría perderse entre la percepción personal y la correspondencia espacial.

Darse cuenta, es difícil. Aunque con cierto esfuerzo ya no se precisa de alguna suerte de ayuda química o de algún transgresor que ponga a nuestros sentidos y a nuestra mente a trabajar de mejor manera, no. Somos capaces de abrir nuestras mentes a las sensaciones del mundo exterior, a pesar del ruido de la calle, del olor nauseabundo de los postes y las esquinas, e incluso a pesar de todo el smog que se queda pegado a nuestras pieles y que luego impide que nos desenvolvamos adecuadamente en términos de las sensaciones de nuestra piel, aquel gigantesco órgano que nos sirve como sensor de temperatura, así como de tantas otras cosas.

Como puede observar cualquiera que haya resistido la lectura de este texto, está en mi naturaleza el expresarme, de tantas formas como me sea posible y respecto de tan variados temas como esté a mi alcance. Especular es bueno, teorizar, pensar en las razones para las cosas. También es interesante y muy provechoso para todo el ser el que uno pueda aprender cosas, que se ilustre y halle respuestas en las observaciones y especulaciones de otros, las que tal vez sí fueron probadas, las que pudieron haberse consolidado con el fin de quedar dentro de un esquema de consenso que permita tenerlas, al menos en parte, como ciertas.

viernes, 2 de marzo de 2018

Viernes de falta de ganas

Viernes. Sí, lo es, de nuevo. Ni más faltaba, el tiempo pasa, tiene que hacerlo, no tiene de otra.

Y es fácil entender por qué cada vez es más pesada la semana de trabajo. Quizá sea porque ahora que mi vida se encuentra satisfecha en aquella dimensión del ser que me resulta más satisfactoria sin que sea individual, pues los fines de semana no son solo descansos si no momentos añorados en que salgo casi que corriendo a buscar aquello que anhelo. Todo lo lleva a uno a esto, a buscar con desesperación el salir de la rutina, el dejar de ver todo lo que no es tan satisfactorio En cierta manera escapar, porque hay un límite de tolerancia para la confrontación, porque tampoco es bueno quedarse a sufrir con las consecuencias de una vida sin sentido, o de una existencia fútil que, de una u otra forma, requiere de respiros.

Aún siguen sin significar gran cosa para mí estos días, pero el sentimiento de desidia generalizado también se contagia. Las malas energías se pegan y resulta uno cubierto hasta la cabeza de cosas que ni se esperaba, lleno de todo lo que otras personas emanan aún sin darse cuenta. Y es que este es el común denominador, no darse cuenta, ir por ahí sin ser, tan solo existir.

Quisiera que fuera diferente, pero mi cabeza a veces no da para tanto. La madrugada la falta de una buena rutina de ejercicio o aquellas salidas creativas que para mí son fundamentales. Todo esto hace que la vida se complique, que se llene de aquel ruido al que ni siquiera puedo escapar con los audífonos, uno que parece que emanara desde dentro de mi propia cabeza. Así, tengo que lidiar con los demás, con el clima, con la contaminación y con mi propio desgano porque hoy es viernes.

Pero mañana es sábado y por fin podré tenerte en mis brazos D.D.

jueves, 1 de marzo de 2018

Insomnio

Creo que alguna otra vez empecé una reflexión con la definición del insomnio.

Insomnio: Dificultad para conciliar el sueño cuando se debería dormir...

En ese momento fui irónico, indicando que bastaba "definirlo para entenderlo" y que ya se podía solucionar.  Porque la forma de cambiar cualquier cosa es tan solo aceptar. O todo podría reducirse tan solo a decirlo, a una forma perversa de programación neurolingüística en donde nada importa porque todo puede cambiarse a través de la voluntad: ¿te duele? entonces piensa que no, y se pasará; ¿te preocupa? Pues deja de preocuparte. Simple, ¿no?

Claro, y esto de nuevo es una cita de mí mismo: "la magia de las palabras, o el positivismo aquel que de forma pusilánime pretende que las cosas carezcan de significado y que se les reste importancia; obviamente, por la magia de la reducción, de la negación, de la simplificación, todas los problemas se hacen circunstancias anómalas, las crisis se convierten en inflexiones, en curvaciones a las que no se debe prestar el mayor cuidado".

Así, las personas no deben esforzarse en conseguir la fuerza para superar todos los obstáculos. No. Lo que deben hacer es "minimizar estos últimos hasta el punto de que estos supuestamente sean mas franqueables, tanto como si en lugar de saltar un arroyo, se caminara por la ladera hasta su nacimiento para cruzarlo con un simple paso".

Pero sigo pensando en que es una trampa, una mentira que tal vez es necesaria para superar el día a día; autoengaño, un pajazo mental que tal vez ocupa más espacio que toda una cama king size.

Lo que me recuerda...

Sí, jajajajaja, dormir.

Esta entrada quedó muy parecida a la anterior, pero ni modo.

martes, 27 de febrero de 2018

El ritmo de la escritura, una reflexión para cuando no haya ritmo o voluntad

Hasta el momento en que escribo esto llevo algo así como 17 entradas en lo que va corrido del año y todas ellas con algo de contenido (al publicar esta serán 18). Lo cual es una menos de lo que escribí durante todo el año anterior. Excusas, razones, justificaciones, las tengo todas, y quizá pueda llegar simplemente a inventar algunas nuevas de ser el caso, de ser necesario. Soy bueno para ello, porque me encantan las historias, porque vivo con la imaginación activa y activada todo el tiempo. Y eso es algo que me llena de orgullo.
Tomado de: https://pixabay.com/es/tecnolog%C3%ADa-equipo-m%C3%A1quina-aire-3167297/
Así las cosas, quizá esta sea una invitación, una palmada en la espalda dada por mí mismo (para motivarme a seguir así) en la medida en que nadie más parece leer este blog, al menos no cuando no comparto en redes sociales las entradas. De eso se trata, se le tiene que pedir el favor a otros para que de una u otra manera se pueda leer. El tiempo se va en mirar memes, en no pensar. Así es, así está. Sin embargo, yo no me comportaré como lo determina la moda; he resistido a ella y lo que me queda es la facilidad para hacer cualquier tipo de reflexión en cualquier momento del día, incluso todos y cada uno de ellos.

Esta es, al fin y al cabo, mi forma de resistir, de enfrentar a la rutina, de confrontar a la cotidianidad y de expresarme.

viernes, 23 de febrero de 2018

Reflexiones apresuradas

La reflexión se trata de confrontar lo que se siente con lo que se percibe, de hacer una serie de cálculos sobre resultados, sobre procesos, sobre comienzos y finales. Muchas veces con independencia del resultado. Es algo necesario dentro de una vida atestada de cosas que se dan por ciertas, en donde se nos prohibe tener cualquier chispa de verdadero pensamiento independiente, de actitud crítica. En donde cada cosa es como debe ser a pesar de que a diario se encuentren contradicciones, retrocesos

Nunca esperé llegar a un momento en mi vida en que un viernes me diera algo de tranquilidad diferente, aparente, o incluso cierta, en relación con la llegada de un merecido descanso. Y no se trata ni siquiera de que me haga falta en demasia el tiempo para mí. Es solo que todo me toma más energía de la debida. La cotidianidad se me está convirtiendo en una espesa agonía de la cual me cuesta despegarme, como si estuviera atrapado en la tela de una araña y además sumergido en alguna clase de líquido viscoso. La propia baba de la existencia.

El día a día, la ciudad con sus interminables matices grises, con sus muros altos y sus tiempos cambiantes. Las calles colmadas de personas a todas horas, cada una más ensimismada que la anterior, con un afán increíble de llegar a su siguiente destino, aún cuando cada momento de su existencia está plagado de la contínua adicción moderna por el entretenimiento básico, por la inexorable condición de ocupación que tan solo genera vacío, soledad, miseria. La gente no tiene idea de por qué se dirige a su destino, tan solo quiere arribar ahí rápido. Y lo mejor: llegará tarde.

Pero para mí lo peor es el ruido. Y es que siempre me he quejado de los espacios oficinezcos, y no es para menos: unos contra otros, un aire enrarecido, viciado y reusado, que no parece llevar más que desdichas, desesperanza, tedio y, por supuesto, enfermedades. El constante murmullo que a veces se convierte en pesadas conversaciones sobre el corrillo incesante de vidas llenas de falsas ilusiones, de alegrías efímeras y de hipocresía.

Es necesario someterse a un posible daño futuro en los tímpanos, sumergirse dentro de notas de aquellas melodías que lo acompañan a uno y que, seguramente, distan de aquellas que han enseñado a esos otros a repetir antes que a decir, a retraer en lugar de pensar, a dar por sentado y no establecer algún punto crítico porque hasta la música de hoy en día está hecha para someter, para apaciguar, de ahí que recurra a los instintos más básicos; el perreo, la tensión sexual, que estas primen para que no haya tiempo de pensar. No, lo importante es coger, tirar, tener todo el sexo posible con tantas personas como sea posible. Porque hasta eso debemos acumular, tener, tener y tener.

Y yo, yo tengo sueño.

viernes, 16 de febrero de 2018

Reflexión sobre inteligencia aplicada: Ser fiel (y leal)

El día de ayer vi una película en donde se planteaba el que llamaré "mito" de las relaciones sentimentales de carácter abierto, aquellas en las que dos personas se quieren, se acompañan pero en también pueden tener sexo con otras personas, siempre, por supuesto, que todo se hable, que todo se sepa. En la película los protagonistas terminan ocultándose cosas y al final también, en un giro un poco cliché, aunque bien contado, se dan cuenta de qué era aquello que en verdad querían en la vida.

Pues bien, en su momento hice una reflexión sobre la fidelidad en donde resalté lo que  a mí juicio era importante (en ese momento) tanto de este concepto como el de lealtad. Aunque he de confesar que me ocupé bastante de los que eran más de lo que en realidad pienso de lo mismo, más allá de mi reflexión inicial conforme con la que su ejercicio hace parte del comportamiento inteligente.

Tomado de: https://pixabay.com/es/amor-par-familia-novios-febrero-2055372/
Pero vamos a ver por qué lo digo. No se trata únicamente del refuerzo de una característica que pienso, es relativa a una persona con esta condición. Esto porque, en principio, siempre he considerado que la inteligencia es un espectro que, además, puede ser entrenado y desarrollado como si se tratara de cualquier otro talento. Pero si me parece que es conveniente, que es interesante, que a su vez es estimulante  y que además es lo correcto. De forma que considero que cumple con requisitos de índole moral, también de carácter, de lo que va de la mano con el desarrollo de la consciencia y el ejercicio de la razón, porque es racional a la vez que corresponde con todo el espectro sentimental de una persona.

Es que son constantes en mi vida las alusiones de otras personas, en su mayoría hombres, aunque varias mujeres también me lo han dicho, en donde se afirma que la fidelidad es un mito, y que una persona no puede ir por la vida sin acostarse (tener sexo, coger, tirar, comerse) con todo aquel que le guste y en cada momento en que se le presente la oportunidad. No estoy seguro si el amigo que me dice eso en realidad gusta de todas las parejas sexuales que tiene (o ha tenido) o de si solamente lo hace por esa necesidad de afirmación de su "naturaleza" biológica y de su masculinidad. Cuando en los círculos de compañeros o amigos en que explico mi propio gusto por el mantenimiento de relaciones saludables, generalmente recibo este tipo de respuestas, aún muchas veces de forma descarada en donde todo lo anteriormente dicho sobre la relación se hace de manera soterrada, oculta, lo cual es incluso peor. Porque puede ser que algunos no puedan oponerse a sus "instintos" o se digan eso para justificar su comportamiento, su falta de carácter y voluntad, o simplemente lo que pasa es que cualquier excusa es buena.
 
En algún post por ahí por internet vi alguna cosa llamada "mitos del Amor Romántico" en donde el número 3 correspondía al "Mito de la Exclusividad" y dice "creer que es imposible que nos gusten varias personas a la vez". Claro, esto es uno de los grandes argumentos de todos aquellos que pretenden que la vida es eso que transcurre entre uno y otro coito. Podemos gustar de varias personas a la vez... ¡vaya! Qué gran descubrimiento (!) Pues sí, hombres y mujeres por igual, con independencia de su tipo especial de preferencia sexual, pueden desarrollar un gusto particular por una o varias personas, de manera simultánea como concomitante e incluso puede pasar aún cuando estas se encuentren en la mejor de sus relaciones. Gustamos de otros, de muchas maneras y por muchas razones. De hecho una de las manifestaciones del gusto es la amistad, que va desde la simple coincidencia en algunas cosas hasta el amor verdadero. Entonces ¿Qué significa eso de que nos puedan gustar "varias personas a la vez"? Pues bien, para no construir un hombre de paja y dado que el meme refería al amor romántico he de pensar que se trata de aquel gusto que recae en enamoramiento de alguna clase y que inexorablemente aterriza también en sexo.

Es que ¿saben? a eso refieren todos los dramas de las personas en las relaciones (o en gran parte) puesto que la madurez de una relación y de las personas que la protagonizan bien puede medirse a través de los conflictos que surgen entre ellas. Pero el sexo es un tema complejo y que establece un precepto sobre el cual se mide mucho de lo que pasa entre dos. Algunos 'progres' (progresistas)  me podrían decir que la idea de la exclusividad, del sexo tradicional, de la misma binariedad natural (hombre/mujer); son cosas mandadas a recoger en la medida en que las cosas entre las personas no pueden ser encuadradas solo en una cantidad de "manifestaciones de amor limitadas" y es que claro, cuando conviene si podemos meter al amor como motor de las relaciones humanas, como forma de interrelación y de acercamiento entre las personas. No voy a entrar en este tipo de consideraciones, pero digamos que la aceptación de los escenarios diversos y la tolerancia del otro, de lo que no es tan abundante o que no necesariamente es norma, no puede revertirse hacia la cultura de que las excepciones indeterminen la biología o que nieguen lo que al menos es más común. La excepción prueba la regla y no al contrario.

Pero en todo caso algunos pueden llegar a considerar que el amor romántico, que las relaciones, no necesitan ni de etiquetas ni de exclusividad. A esas personas he de decirles que asumir compromisos, que establecer obligaciones y formalizar aspectos de la vida tiene mucho que ver con la búsqueda de la tranquilidad de la cual viene acompañada la madurez. Crecer es buscar lo repetible, lo seguro, estamos programados biológicamente para dejar de hacer locuras después de cierto momento, para transitar de manera pausada, para tomarnos el tiempo de pensar antes de actuar y en cierta manera estamos, con el tiempo, dispuestos a considerar que alguna otra persona pueda hacer parte de nuestra vida con algún grado especial de presencia, con exclusividad.

No les voy a explicar cómo funciona una relación ni voy a convertir esto en una revista de variedades en donde puedan encontrar, con un test, si están en una relación buena o no. O si deben cambiar para avanzar, para mejorar, o si deben dejar atrás o no lo que está mal con sus vidas. No tengo interés en decirle a cada cual lo que le podría funcionar. Lo que sí se es lo que en definitiva resulta problemático a largo plazo, aquello que no llena porque termina afectando la vida de alguna forma.

Pero sí, he de decirlo. Lo mejor que le puede pasar a una persona es encontrar aquella otra por la que puede sentir, de tal forma, con tal intensidad, que no le resulte difícil dedicar su vida con devoción y con afecto para amarle. Amar no es solamente tener sexo, se trata de los planes aburridos, de los cursis, de los cansones. Ese tipo de cosas se vuelven indispensables con el tiempo, porque no hay nada mejor que de verdad sentirnos acompañados, entendidos o escuchados. Porque uno quizá siempre tendrá a su familia para varias cosas, los amigos para otras. Pero para otras cosas nada como tener un cómplice, alguien que de verdad lo quiera a uno, lo desee, lo adore, lo ame. Duro. Quizá sea un imposible de lograr, pero claro que se puede. Ese tipo de relaciones se encuentran, se logran cuando uno madura y entiende que no debe ser como fue antes, que debe dejar de repetirse, que debe aprender de lo que le enseñaron antes las demás personas.

Ese quizá sea mi punto. De las excusas no se aprende, tampoco de las justificaciones y los pajazos mentales. No tenemos ninguna necesidad de mantener la ilusión de una relación estable si negamos cualquier esfuerzo por su consolidación a través del juego constante de la búsqueda de otras personas. Y claro, lo malo es que se haga de manera oculta, sin la verdad, sin el debido respeto por el otro. O de manera conveniente y egoísta, como cuando se piensa que solo uno de los dos tiene derecho de comportarse de una u otra manera.

Somos seres humanos y eso nos da la ventaja de un intelecto, de una razón y una consciencia que nos permite destacar sobre otras especies. Somos perfectamente capaces de decir que NO, de igual forma en que podemos decir que sí a cuanto queramos. Construimos cada uno de nuestros complejos universos a través de una base cultural medianamente difusa, de unas características endógenas y exógenas que construyen nuestra personalidad. Y para ello no debemos ser necesariamente monjes, personas célibes u otras frígidas que no han explorado las ventajas y dimensiones del sexo. Somos seres sexuales, pero podemos vivir esta dimensión a través de una vida más o menos responsable que implique un conocimiento mediano de nosotros mismos a través de nuestros cuerpos hasta que podamos unir eso con la propia consolidación de nuestras mentes y espíritus (si es que tal cosa existe).

Exploramos y vivimos, pero para eso no necesitamos mentir. Si nuestro camino es la exploración del sexo, pues podemos conseguir estas parejas disimiles y esporádicas sin necesidad de mentir a nadie. En especial sin necesidad de mentirnos a nosotros mismos. Pensar que no somos capaces de controlar una situación social es negar nuestra razón, la misma que en principio justifica la existencia de nuestros complejos sentimientos que son más que simple instinto.

Así, somos los encargados de llenar nuestras vidas con algo más satisfactorio que el simple intercambio de fluidos. El amor es aquella cosa que nos rompe, el sexo es algo que nos une, pero sin una consciencia del otro no estamos más que en una sesión masturbatoria, un producto hedonista de la concepción egoísta a la que somos arrastrados por cuenta del aislamiento en el mundo moderno. De esta forma para que el amor no nos destruya del todo, hemos de tener un sexo que nos permita mantener algo más que una consciencia univoca de lo que es la compañía. Quizá esto no funcione todo el tiempo o se descomponga por la propia necesidad individual de auto sabotaje, pero lo cierto es que el intento vale la pena y que con el tiempo se puede aprender a hacer más y mejor el amor. Porque es mejor hacerlo, lograrlo, conseguirlo, que simplemente darlo por hecho.

Si pensamos en lo que necesitamos, en lo que queremos y trabajamos por ello en lugar de justificarnos para ir de un lado a otro sin una concepción adecuada de nosotros mismos o sin una consciencia suficiente del papel de nuestra moral, de nuestra inteligencia y virtudes, lo que haremos será navegar hacia un vacío que inexorablemente nos condenará a la soledad. Incluso a la soledad del otro.

jueves, 15 de febrero de 2018

Recuerdo onírico

A veces, solo a veces recuerdo con claridad lo que ha sido objeto de mis sueños. Eso podría explicarse en que en la mayoría de casos, todos y cada uno de mis pensamientos se concentran muchas veces en lo que pasa durante el día, o durante el tiempo que paso despierto. Mi realidad es una que no se corresponde del todo con la finitud del espacio como nos lo han enseñado. La fantasía, la imaginación, lo etéreo, todo aquello hace parte de mi cotidianidad y, en cierta medida, es lo que me impide perder la cordura.

La cordura, tal vez esto sea algo sobrevalorado, algo que solo sirve para las clasificaciones del rendimiento. Aquellas etiquetas con que nos adornan con el fin de que entremos en la dinámica del establecimiento, para que obedezcamos y neguemos cualquier capacidad crítica, porque la misma quizá sea una locura y es que ¿para qué contradecir lo que está tan bien con el mundo? Salirnos de nuestro lugar de obediencia y de confort está mal y lo único que podemos hacer es usar aquellos espacios bien definidos que nos dan, para quejarnos, para hacer uso de lo propio, para hacer parte del sistema al tiempo que hacemos algo por mejorarlo.

Tomado de: https://pixabay.com/es/fantas%C3%ADa-la-luz-estado-de-%C3%A1nimo-2861107/
Me hallaba en un salón extraño, amplio y lleno de toda clase de formas de iluminación precaria: velas, candelabros y lámparas de gas. Pero lo que primaba era una poquísima luz que hacía que todas las cosas describieran largas y poderosas sombras. Aquel era un baile de formas sombrías, una danza de espectros en donde el personaje principal parecía dirigir el conjunto armónico de músicos invisibles a través de una batuta un tanto extraña.

Se trataba de un pincel. Sus cerdas negras suaves cubiertas de algún tipo de pintura escarlata como si un momento cualquier antes de aquella escena aquel instrumento se hubiera usado para atravesar el cuerpo de alguien. Sangre espesa, líquido vital.

El lienzo, por su parte, era una extraña tela oscura montada sobre un caballete hecho en un material oscuro, con el brillo de la piedra pulida, pero la apariencia de la madera de ébano.

Los movimientos del pincel no solo generaban la música de la estancia y daban forma al baile espectral, además iban formando una silueta carmesí sobre la extraña y oscura tela.

El pintor se extrañó con lo que pareció ser su última pincelada.

Desperté.

miércoles, 31 de enero de 2018

Otro mucho, que no es tanto, sobre el amor

El amor es la cosa más extraña del mundo. En algún momento quise entenderlo, quise abordarlo, reflexionar sobre este sentimiento que, se dice, mueve al mundo. Mis conclusiones no fueron buenas, se quedaron en pequeños aspectos de la realidad y de las relaciones que poco decían, que poco daban cuenta de lo que en realidad sucedió.

Empecé con una serie de entradas para construir una especulación, de esas que ya poco se ven por este espacio. Allí, tan solo hice una descripción superficial del concepto.


Decía algo así: El amor es un sentimiento que surge por las personas (aunque algunos pudieran profesar que lo sienten por mascotas, cosas y demás; en fin, todo tipo de ideas, tangibles e intangibles). Eso parece simple y fácil de entender por las personas; en materia de sentimientos creemos que por el hecho de cumplir el requisito fundamental, es decir, sentir, ya estamos en capacidad de entender todo lo que esta alrededor del sentimiento; Claro esta, que podemos fácilmente dejar escapar muchas cosas a la hora de tratar de entender algo que en definitiva no ha sido diseñado para ser entendido. Probablemente ese sea el problema, como lo he mencionado en ocasiones anteriores, somos seres complicados; Nos concentramos tan solo en intentar hacer, en intentar no errar, no caer y por supuesto en no sufrir. El problema entonces es que todo se nos queda en el intento, por la mala manía de fracasar antes de iniciar; un pesimismo que incluso he visto en muchos de los que podrían jurarse a si mismos como abanderados del optimismo, pero, como es para mi y lo seguiré pensando, no somos mas sino una suma extraña de recuerdos y melancolías, buscando que nuevas memorias tristes o felices pueden reemplazar a las anteriores; Como si estuviéramos constituidos de un lego que a fuerza sabemos carece de todas las piezas y que intentamos casi de manera infructuosa completar cada día con las piezas con las que tropezamos.

Y un poco después llegué a otras conclusiones relacionadas con este sentimiento en "otro poco sobre el amor" una entrada ya bastante vieja que me produce un poco de nostalgia sobre cómo podía usar las ideas antes.

Querer es muy difícil o mejor, tener una relación que implique un buen querer es complicado. Tanto es así que la mayoría de las veces el amor se confunde con muchas cosas que las personas asumen como amor por la inexperiencia o porque simplemente una vez hemos querido y sufrido por el amor, entonces nos creemos dotados de todo lo necesario para hacerlo (hablar y predicar sobre ello como algo natural y obvio) (...)

Así las cosas lo mejor que puedo hacer es tratar de encontrar lo que puede llegar a ser una escala del querer o unos niveles lógicos de amor. Si bien es claro que para muchos el amor se divide en amor filial (fraternal) como el que se le tiene a la familia; amor a lo etéreo, divino (devoción) y que esta por encima del hombre (el amor a dios si es el caso); y el amor al otro, al complemento, media naranja, etc. Este último se asimila a veces con lo erótico y lo sexual, también llamado sentimental o romántico (cosa que no comparto, cuando cada palabra significa una cosa diametralmente distante de lo complejo de la pareja o plantea algo muy vago como para ser seriamente considerado).

Aunque devienen lógicamente del amor, de aquella capacidad del ser humano para sentir, se suele despreciar de alguna manera el cariño que puede sentirse por las cosas, al no ser sujetos sino objetos y no entenderse que no puedan corresponder, y a los animales en la medida en que suelen entenderse estos como seres puramente instintivos incapaces al parecer de responder a otra cosa que no sea a lo primario y urgente. También existen amores a las actividades diarias (yo diría el gusto por lo que haces, aunque hay quienes dicen que hay que hacerlo todo con amor, ¿confuso, no?).

(...)
Amar no es una incesante búsqueda por el sufrimiento como todos creen; ni es la fabrica mas eficiente de cínicos(as), misóginos(as) y decadentes despojos de seres humanos que convirtieron en costras duras como el metal la antigua materia suave y dulce que los rodeaba y que en algún gaseoso contorno hacia casi que volaran. El dolor es una manera de mostrarnos los errores, y ante todo la fragilidad propia del estar y de la forma clave de ser.

Somos porque sentimos, porque el mundo nos afecta y nos da motivos expresados en senso-percepciones para tomar decisiones; entonces, el amor no es mas que una forma mas de estimulo; uno que causa un caudal múltiple de reacciones tanto en nuestro cuerpo como en nuestro espíritu y cuya respuesta solo depende de nuestras propias decisiones y de las cosas que hacemos para intentar sobrellevar la corriente. Y no es que sea nadar contra la corriente, es precisamente que mientras que nos lleva, no nos ahogue.

Lo he recordado, he revivido este sentimiento y he pensado nuevamente de una forma coherente o que me resulta al menos agradable. Aquí estoy nuevamente con la capacidad para buscar con el disfrute del encontrar y con las esperanzas renovadas. Quizá esta vez sí resulte.

jueves, 25 de enero de 2018

Mi primera novela

Hoy tuve la fortuna de lograr terminar una novela, la que espero sea la primera de varias. Siempre me ha gustado escribir y de una u otra forma ha sido un ejercicio constante desde hace más de una década. Quizá, precisamente, lo que necesitaba para seguir adelante con los proyectos literarios no era más que pasara el tiempo. He visto con horror como antes podía contar historias (lo he hecho desde antes de empezar a escribirlas como tal). Yo soy una personas que empezó tarde en su vida a ver las cosas terminadas, a tener la satisfacción de llevar un proyecto hasta sus últimas consecuencias. Hoy es otro de ellos, hoy se completa otro pequeño ciclo que para lo único que sirve es para mostrar que se pueden hacer muchas cosas, aún cuando uno está consumido por tantas y tan peligrosas emociones.

Igual, a veces no tengo cómo saber que lo pienso es cierto, que lo que siento es tan real como antes, porque mi vida se debate entre el pensamiento, la reflexión y la especulación al igual que bajo la premisa de la creación. No puedo dejar de expresarme, no puedo dejar de narrar, de contar, de inventar. Me gustan las historias, me gusta el drama -el literario- y creo que he de seguir adelante con todos estos caminos que pueden llevarme a un mejor desarrollo de mi ser.

Enhorabuena por mí. No me queda más que sentirme dichoso y pensar en que este es solo el primero de varios triunfos iguales o similares.


lunes, 22 de enero de 2018

Otro balance inútil para tratar de dar explicación a lo que en realidad no la tiene, o de la cual es simple y sencillo

El año 2017 fue un maldito año. Difícil, improductivo en muchos niveles, y desastroso para mi confianza en muchos otros, aunque interesante en varios tantos otros aspectos, lo que evitó que no me volviera loco. No me refiero solo a cosas intrisecamente personales o que estén relacionados con la vida el infinito y todo lo demás. Sí, algo me dice que la profundidad de mis pensamientos ha ido mermando y para recuperar esta agudeza, de alguna u otra forma tengo que volver sobre lo que he escrito. Tengo que leerme y darme cuenta, recordar o evitar olvidar. No es un balance sobre lo personal, eso empezó regular, fue avanzando y en cierta manera terminó muy bien. Quizá mi falla tenga que ver con este espacio, con otro tipo de consideraciones personales correspondientes con mi inteligencia, lo poco o mucho que resta de ella luego de establecer rutinas dañinas para mi cerebro. Y no, no se trata de un carrusel de circunstancias destructivas o de vicios que hayan podido mermar las cosas. No, es solo la falta de interés, de cuestionamiento. Aquellos lugares cómodos que se forman cuando uno está allí para hacer lo que se le indica. La pusilanimidad en su máxima expresión.

Pero lo que en realidad me molesta es que termine afectando cosas como este espacio.

Mi año más malo en términos de entradas, antes de 2017, fue el 2011 en el que tan solo escribí un total de 27. Mientras que en este fatidico año pasado solo fueron 17, esto es, diez menos. En 2016 había escrito 47, todo un avance para el año anterior en que fueron 37. Pero no se trata solo de números. Se trata de la diversidad y calidad de las diferentes entradas y de eso hay poco en este año. Poco, poquísimo. Casi todo lo que escribí fueron cosas ligeras, poco elaboradas. No hay mayores entradas reflexivas como las del año 2016.

No haré un propósito para este año 2018, no creo en tales cosas. Me parece un tanto ridículo, puesto que uno no debe esperar a algo tan circunstancial como el final del año. Pues si bien es un hecho correspondiente a un consenso científico que la tierra hace su moviento de traslación en 365 días, la fecha de cada vuelta alrededor del sol es algo que alguien se inventó.

En fin. Tendré que escribir más y quejarme menos. Ja.

lunes, 15 de enero de 2018

Maldito año nuevo

Maldito año nuevo.

He decidido desde hace un tiempo que me encanta maldecir, es algo que se me da bien tanto como pocas otras cosas. Y quizá es que el verdadero talento me sea esquivo, o tal vez esa cosa no exista y por tanto no pueda, por más que lo intente, alcanzarlo.

Como sea.

No soy bueno para esto de los propósitos de año nuevo, pues este tema del año es tan aleatorio como puede ser y parte de la decisión de alguien, al igual que el mismo número del año en que nos encontramos. Y es que damos por sentado tantas cosas y lo que sucede es que nuestra vida es dictada. Corresponde con lo que nos dicen, lo que nos enseñan, a agachar la cabeza y a hacer caso.

La vida es eso que pasa mientras aprendemos a decir: ¡NO!