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martes, 6 de febrero de 2018

Por fin, la modernidad: preludio de una reflexión anunciada

Esta es una reflexión que pude haber empezado desde el año 2007, desde el génesis mismo de este sitio. Es algo que desde siempre me ha preocupado porque, como entiendo el tema, resulta asolutamente relevante. Para todas y cada una de las personas. Claro, no soy el mismo de hace diez años, por supuesto, pero además tengo más cosas que añadir a los males que estan aquí desde el advenimiento y triunfo de la modernidad. Alguien podría decirme que este fenómeno es relativo, que todo ya terminó y lo que ahora sucede es otra cosa. ¿Sí? ¿Qué?...

Tomado de: https://pixabay.com/es/rascacielos-ciudad-zirkel-contar-3096215/
Veo con sorpresa que la modernidad se ha perpetuado y se ha pervertido, que no se ha dado el salto a la tan necesaria contemporaneidad y que estamos estancados bajo falsas banderas de progreso (progresismo). Que en el mundo se luchan guerras por el ideal (ideología), y que en lugar de avanzar sobre este tipo de temas, de lograr un progreso en términos de la tolerancia, en lugar de aunar consensos que nos permitan avanzar, en lugar de todo eso, lo único que hacemos es separarnos, dividirnos más y tener todos los días una excusa para ver en el otro a un enemigo.

Tal vez sea selección natural, porque somos muchos y es hora de que empecemos a matarnos los unos a los otros. Quizá.

Esta modernidad que nos carcome nos enseñó el valor de la corriente generalizada (lo mainstream), el poder de la hegemonía, el valor del pensamiento colectivo y de la opinión general, porque el individuo es solo esa idea que sirve para volver masa todo. Tu opinión y pensamiento es muy importante, siempre que esté de acuerdo con lo que este u otro grupo de interés dicte. La consciencia, la realización social y política de cada individuo, debe obedecer a alguna corriente ideológica preestablecida. Algo que ya exista y que no cause más ruidos en el sistema que lo que implica el choque de esos opuestos que se anulan, mientras que el establecimiento es aprovechado por los mismos; por aquellos que aprendieron desde hace mucho tiempo que el antagonismo humano es caldo de cultivo de todas las formas de dominación; el instinto de confrontación, que es una de las formas en que la mente se llena de información por el desarrollo de la inteligencia, la curiosidad, la creatividad, todo eso se ha cambiado por el disgusto y la indignación.

Pero todos son iguales, son calcas de algo que fue creado como una serie única, pero con toda la intención de ser repetible. Hoy la moda dicta que todo sea alternativo, que se resalte la individualidad aun cuando esta es copia identica de la de aquel que es más carismático y que impuso el "trend"...

El mundo se debate entonces entre el consumo absoluto como forma de desarrollo de la personalidad, de ese nihilismo que tan solo sirve para la búsqueda constante de la felicidad, misma que es material y se puede pagar con tarjeta de crédito. Se ha de tener, se ha de poseer, y lo que se hace también está en línea con aquello que sea popular y que permita establecer algún aspecto común con los pupulares. Es el mundo de los seguidores y los seguidos, de las estrellas, de los famosos, de aquel otro que nos impone la forma de pensar, de vivir, de existir.

Tomada de: https://pixabay.com/get/eb3cb60629f4063ed1584d05fb0938c9bd22ffd41cb0194197f0c57ea3/smiley-2979107_1280.jpg
Todo funciona de la misma manera. La misma rutina, las mismas cosas para hacer que son populares, que están bien, que son aceptables y deseables. Porque lo que está bien se debe replicar, sí. Pero nuestra sociedad tiene más males, muchos: creados, adquiridos, heredados, impuestos, pero ciertos. Vivimos entre el debate del aburrimiento que impulsa aquella necesidad de diversión, de aquella, claro está, que se consume. Vamos a cine con la idea de que la siguiente película no sea "mala", porque es una historia ya tantas veces contada, porque nos sabemos todas las historias, a pesar de no ser capaces de contar la propia. Conocemos los trucos de la narrativa, los aspectos triviales de lo visual, porque todo el tiempo consumimos entretenimiento audiovisual, o quizá es más simple: ya nos contaron toda la película a lo largo de su promoción. La publicidad que se hace para retrasados mentales tuvo su efecto y nos hizo un poco menos atentos, nos hizo desear verla, pero también la dañó para nosotros.

Pero también está la indignación. Somos cada vez más perezosos y aún así queremos estar metidos en todos los asuntos de la vida cotidiana. Nos volvemos facilmente abanderados de todas las causas sociales desde la comodidad de nuestros asientos, detrás de las pantallas de los moviles que parecen ser los únicos que en realidad comparten tiempo de calidad con nosotros. Ya lo he dicho, el móvil para el baño, el móvil al despertar, el móvil para que controle nuestros movimientos intestinales y para que nos planee la vida, quizá esas dos aplicaciones se cruzan y por eso la existencia se nos vuelve una mierda. Pero nos indignamos, lo hacemos porque es lo necesario. Porque la justicia, porque lo terrible, hay tanto para hacer pero nosotros nos ocupamos en pequeño de los grandes problemas de la humanidad mientras que hacemos tremendas pataletas, shows dramáticos frente a las trivialidades más estúpidas y males artificiales que no son más que el resultado de nuestra forma de vida moderna. Qué sufrimiento si debemos escoger durante horas lo que compraremos a continuación, o si nos amarga lo demorado que es el transporte público desde el sitio de vivienda al trabajo, cuando todo tiene solución, y esto sin contar los verdaderos problemas inocuos y dramas del primer mundo de los cuales sufrimos aun sin que este terruño pertenezca a esto. Porque en medio de nuestra pobreza navegamos entre todos los conflictos de la abundancia y el exceso.

Esta es la sociedad del rendimiento, la sociedad de las metas, de los planes y los grandes discursos; pero también es la sociedad del cansancio, es la sociedad del aburrimiento, la sociedad del aislamiento y de la soledad.

Esta es una sociedad condenada y todo, es culpa de la modernidad.

viernes, 2 de febrero de 2018

Diatriba contra internet y las redes sociales

Cuando comencé mi primera entrada sobre los efectos del facebook en la vida de las personas, recuerdo que estaba sufriendo de manera paulatina por cuenta de su influencia aun cuando en realidad era poco lo que resultaba "dañando" mi vida. En efecto, se trataba de un efecto creciente que muchos hemos podido llegar a mitigar con algunas precauciones tanto o más agresivas según el nivel de relación que tenemos. Y claro, es que llegado el caso uno debe aprender a alejarse de todo aquello que le resulte tóxico, que amargue su vida, que contamine su paz, que la mine de alguna manera. Lo bueno es que se puede vivir sin publicar todos y cada uno de los pensamientos superficiales que pasan por la cabeza de uno, se puede existir sin anunciar a todo ese enorme cúmulo de personas del internet lo que está aconteciendo con uno. Creanme, no es necesario, no todos esos contactos que tenemos son en realidad "amigos" y todos aquellos que creemos amigos, tampoco lo son. Nuestros conocidos, los compañeros de trabajo, los eventuales compañeros de estudio, no son más que gente pasajera en nuestras vidas. Pero nosotros nos encargamos de hacerlos algo más permanente, de no dejarlos ir.

Quizá sea un asunto de soledad, o de la necesidad del ser humano de buscar aprobación, aceptación, de sentir que estamos solos en el universo y que además somos un grano de arena en aquella playa miserable en la que para distinguirnos tendríamos que ser capaces de cambiar el mundo. Para dejar huella, para expresarnos, al parecer tenemos que tener todas las redes sociales posibles y compartir todos nuestros sucesos en ellas. De lo contrario es posible que desaparezcan.

Hoy en día todo es una red social, todo son estados, y lo que antes podia llegar a ser criticado con respecto al "qué estas pensando" del Facebook se trasladó a una serie de historias que no son otra cosa que la necesidad de la gente, como dije, de buscar aprobación frente a todo lo que hacen.

Tomado de la página de facebook de Pictoline, porque: ironía.
Cada cual sabe la vida que tiene, cada uno la vida que se da. Pero las historias de las redes sociales, las imagenes con etiquetas geo localizadas, no muestran las facturas por pagar, no muestran el estado de la cuenta de ahorros, ni el estado de endeudamiento de las tarjetas de crédito.

Depresión y ansiedad, en efecto, eso es lo que causan las redes sociales. Yo mismo he pasado por ahi y es la razón por la cual durante el final del año anterior y principios de este me alejé de las mismas. Muchas personas compartiendo las fotos y videos paradisiacos en los que yo hubiera querido estar. Y mientras en mi caso no existieron tales vacaciones, sino un cortísimo periodo de inactividad por cuenta del desempleo, pude ver como otras personas se detuvieron al menos durante dos semanas, otras durante todo un mes. Claro, quizá tenga que ver con que mucha de la gente que es muy activa en redes aún están en edad escolar, su vida universitaria es el disfrute. El tiempo libre es una constante, aún en las epocas de estudio, y por supuesto están las vacaciones, que son casi cinco meses al año, porque los semestres academicos en realidad son de apenas 4 meses o menos.


Alguna vez indiqué respecto de facebook, que su semilla se había venido cultivando en casi todas las personas "sin reparo de edad o condición social y ha creado toda una cultura detrás de este modelo de negocio que mucha gente no entiende; y es que nada en el mundo es realmente gratis, pese a que nos han vendido la idea de que en internet todas las cosas están dispuestas enteramente para nuestro disfrute". Pues bien, eso hoy en día es cierto incluso de otras redes como Instagram, Twitter, Snapchat y por supuesto el temible WhatsApp.


Basta hacer un examen del tiempo que consumimos en consulta del feed de Facebook o Instagram para darnos cuenta de que algo está mal. Y de Snapchat no hablaré porque a pesar de conocer lo infame que es, no he sido capaz nunca de instalarlo, me parece algo eminentemente adolescente y el hecho de que sus filtros y estados se hayan esparcido como una infección hacia todas las demás redes sociales me hace temerle.

Entonces, gastamos más tiempo del que tenemos para ello en ver estados, y estos cada vez son más sosos y poco interesantes, pues la gente ya relata cualquier estupidez de su cotidianidad como si esto fuera un momento de verdadera exaltación, algo para admirar o celebrar. Y sí, quizá esto pueda llegar a ser así en el caso de estas personas que tienen vidas realmente interesantes, los que quizá, en virtud de lo mismo, tengan millares de seguidores. Sí, de eso se trata la vida, de que nos podamos medir según la cantidad de personas que estan dispuestas a celebrar cuanta estupidez hagamos. Cuando usamos las redes como medio o forma de expresión de nuestro cuerpo (las fotos lindas que comparte esa gente que es esteticamente agradable), o de nuestro espíritu (cuentas de fotografía, arte o música).

Y es que no todo puede ser malo. Ver arte, o las expresiones del espíritu de otras personas es estimulante, despierta la creatividad y lo llena a uno de alguna manera. Lo bello, aquello que cumple con nuestras necesidades estéticas siempre tendrá cabida en nuestras vidas. Pero no pasa lo mismo con esas contínuas selfies, fotos con amigos y estados, cientos de miles de estados en que se le muestra a los otros lo mucho que se "disfruta" la vida. ¿Es necesario? No lo sé.

Yo mismo he pecado por consentir el eterno devenir de las redes y adaptarme a ellas en algunos momentos de mi vida, pero a mí me causan aburrimiento luego de algún tiempo o simplemente me saturan. Hoy en día uso Facebook como fuente de información y para encontrar memes, infografías y cosas de poca duración que resulten entretenidas, que me entretengan, a pesar de que yo soy capaz de entretenerme con tantas otras cosas. Me gusta la imagen, el arte, la fotografía, por eso siempre he tenido un gusto por Instagram, pero las historias son tediosas y muchas veces lo único que hago es pasarlas para evitar aquella notificación naranja que perturba mi TOC.

Me he beneficiado en más de una ocasión del chat presente en todas y cada una de estas redes sociales, pero también me encuentro sometido por la aplicación de chat por defecto, aquel maldito WhatsApp que es usado por todo el mundo para mantenerlo a uno controlado. Desde las personas del trabajo para hacer que uno trabaje en horas y momentos en que debería estar descansando hasta para lidiar con el aburrimiento de otras personas, que, por supuesto, pretenden que uno esté disponible siempre. ¡Siempre! El móvil, el celular, es un instrumento esclavizador, hay que ver todas las veces que en el día volteamos a observarlo, a veces con la única intención de consultar la hora, y otras tantas por cuenta de las malditas notificaciones. Y es que hasta las Apps vienen programadas para que se nos notifique en el momento en que las tengamos descuidadas. Tal vez no les haya pasado y eso significa que son más adictos al teléfono y a las redes que yo, pero cuando no consultan las redes en muchas horas o días, estas les producen notificaciones indicandoles que "x" o "y" persona han subido contenido que no hemos visto. ¿De veras? Y la configuración de notificaciones se ha hecho oscura, compleja, de forma que ya no es posible dejarlas de lado, o al menos a mí me resulta mamón el buscar cómo.

Ya en mi reflexión sobre Facebook lo había dicho, que cada cual usa estas herramientas como mejor le conviene a usus "instintos, perversiones, pasiones y modos; Y es que mucha gente necesita un escape de la realidad, la cual satisface a través del computador, protegido por la complicidad del anonimato, escudado por el silicón y los micro circuitos". Allí en internet, donde mucha gente "construye su personalidad como mejor desea que la vea el mundo, a la final es tan solo es una forma de satisfacer el morbo –sabiendo de otros- y la necesidad de mostrarse al mundo, ya que parece un mal de época el querer destacarse -¿exhibicionismo?-".

"En un universo -el internet- donde confluyen múltiples niveles de discurso, diversidad de género, edades, y condición social, es natural que se presenten roces, altercados y verdaderas hecatombes; La intención allí se desdibuja, no tiene sonido, no tiene emoción, no tiene cuerpo, no tiene alma, no tiene nada". Basta recordad que nuestro mundo cada vez carece más de naturalidad, no hay arraigo cultural, tan solo expresiones seudo proteccionistas y liberarles respecto de las reivindicaciones culturales; cosas de moda (maldita modernidad). Existen fallas profundas en la educación básica como ya lo indiqué en aquella vieja reflexión "de esa [educación] que nos enseña a pensar y a tener “competencias” desde el parvulario". Las redes sociales entonces, tanto como lo es -y sigue siendo- Facebook, son herramientas limitadas y limitantes respecto de la comunicación, que no le permiten a la persona ver "más allá de sus posibilidades sociales". Se nos obliga a compartir, se nos condiciona a pensar en términos de lo que hacen los demás, a desear su status, a buscar vivir esa otra vida que se desarrolla en otras latitudes, que es feliz porque nadie se toma selfies con su peor cara o al menos con su cara normal. Todo esto es una mentira, y si llegará a ser verdad, pues es la verdad de otra persona con menos limitaciones y problemas, que quizá gozó de suerte, de dicha, de dinero (quizá).

Yo los invito de nuevo a dejar a un lado el móvil (teléfono celular) en especial cuando estamos con nuestras personas especiales. No carguemos con el chat, las redes sociales, la aprobación, las historias, los estados y los "me gusta", durante todos y cada uno de los momentos de nuestras vidas. Instagram no nos ayuda con las deposiciones, Facebook no nos facilita el baño, Whatsapp no ayuda a que las charlas con nuestros cercanos sean más siginificativas. La pantalla no acelera la digestión ni la mejora. Dejemos de ser zombies sometidos a las notificaciones. Olvidemonos durante un momento al día de aquella cosa.

Cerremos los ojos, reflexionemos sobre lo que en verdad nos hace falta, más allá de las imagenes de bellos, famosos y exitosos, más allá de las selfies, de los paisajes y de las historias de felicidad de otros. Vivamos nuestras propias historias y guardemos estas para nosotros mismos, volvamos al placer de la intimidad, a la complicidad de ese momento del que nadie más supo, aquel instante, aquel momento que es solo nuestro, que no necesita de alguien más, porque somos seres completos y no estas marionetas huecas que requieren a toda hora la aprobación de alguien más. No funcionamos con un "me gusta" como combustible, lo que necesitamos es amor, afecto, tanto propio como de otros, y real, porque ningun emoji reemplaza a ese beso que lo deja a uno temblando y con calor en el cuerpo, y ningun "me gusta" es tan reconforntante como ese abrazo que lo transporta a uno y le hace sentir que todo, todo, va a estar bien.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Deshumanización

Hay, en definitiva, muchas cosas que actualmente me hacen reflexionar. Sin embargo, no todas estas cosas logran quedar plasmadas de alguna forma en éste, mi sitio. Pocas cosas logran sacarme del estado de letargo en que me tiene el trabajo, y es que ni modo, hay que lograr el sustento, pues es difícil -o casi imposible- dedicarse de una forma ideal a la contemplación, reflexionar de manera crítica es un ejercicio reservado a aquellos que poco a poco tienen menos cabida en este mundo que busca inflexiones críticas concisas y concebidas a través de un formato preexistente, ojalá a través de un formato económico que ocupe poco tiempo de los otros.

Es raro como la monotonía lo apabulla a uno, el propio aburrimiento. Y es que sobre este tema he lanzado varias y gastadas reflexiones. De ellas, debo decir, que me encantaría que hubieran sido compartidas, vistas al menos, por otros, pero el mismo mal que aqueja nuestras vidas, la sobreproducción, el exceso de información, el lleno absoluto de nuestros tiempos -que incluso deja poco o nulo espacio para el ocio-; todas esas circunstancias han disminuido nuestras posibilidades de dar paso a otros aspectos relevantes de la vida. Y eso mismo impide que podamos buscar algunas palabras de consuelo y desconsuelo. Estoy, quizá, condenado a que nadie lea esto.

Lo importante, es estar ocupado. La cotidianidad se trata de recibir información, variada -quizá-, repetitiva -lo más seguro-; sobre el ambiente, sobre la verdad de otros en relación con las cosas. Sucesos, historias. Vemos con resignación los éxitos de los demás, los que se han convertido en foco de nuestras propias frustraciones. Nos gusta sufrir, hacernos daño, a través de la idea del otro, aquel a quien seguimos, a quien le damos "like", justificando la envidia a través de un sentido de lo bueno, de la prospección del sentido de la vida, y todo otro pensamiento indolente puede llegar a ser visto como una forma tácita de aceptación a una vida que no es la que se debe vivir. Toda forma de indiferencia es vista como una debilidad, y por el contrario la fortaleza se encuentra en aspirar, en desear, en gustar, y por supuesto, en necesitar. Así, la expuesta vida de otros nos recuerda lo pobres que somos, lo fracasados que somos, lo infelices que somos.

Qué complique.

Quizá muchas de las personas que ahora sufren de adolescencia eterna, quienes se resisten a crecer, y que sobrepasan por mucho el síndrome de Peter Pan, entiendan mejor que yo lo peligroso que resulta el aburrimiento y como el mismo carcome cada estructura medianamente sana del pensamiento.

Pero el problema se extiende más allá de las costumbres, trasciende a la ciencia de lo social y ya se encuentra profundamente arraigada a lo que nos hace personas. Nos está cambiando.

Quizá todos los adultos ya nos hemos convertido en nostálgicos, a causa del efecto progresivo-destructivo que ejerce la cultura popular, la cual se transforma al mismo ritmo frenético que lo hacen las formas de comunicación. Quizá lo más grave es que la capacidad de crear, de trascender la esfera de lo real se encuentra mediada por un continuo malestar relacionado con el conocimiento que se tiene por cuenta de la corriente de información recibida a diario. Esto es más cierto cuanto más bajamos en la edad de los afectados.

(Paréntesis: Malditos determinismos, nos tocan a todos, pero aun cuando parezca un atentado contra la propia juventud, lo cierto es que el espiral de decadencia que pudo haber comenzado con el mismo advenimiento de la modernidad, y que ha continuado y haciéndose latente a partir de la expansión de las formas de comunicación, de los medios de expresión; ese fenómeno absoluto terminará por destruir mucho de lo que hace que valgamos la pena como sociedad).

De esta forma, no se crea tanto en la medida en que todo puede resultar ya gastado, intrascendente frente a lo que es nuevo. Esto, sumado a que los gustos trascienden a la percepción estética de lo que es o no bueno, de lo que puede llegar a cambiarnos de mayor o menor manera. No hay lugar más que a la aceptación, pues el cuestionamiento es peligroso y está reservado a ese otro que es ajeno, que es común en su diferencia y diferente como precepto de discriminación y eso, por supuesto, genera estructuras desviadas de poder relacionadas con la cohesión. Mejor dicho, si eres como yo, tendrás mejor oportunidad de expresar lo que difiere, de lo contrario, serás rechazado por raro, por extraño.

Vivimos nuestras vidas al ritmo que demandan las vibraciones de nuestros teléfonos móviles, los cuales son tan inteligentes que saben como romper con la dinámica de nuestras vidas. Su influjo se cola por encima de los momentos con aquel que estuvimos esperando por ver o sentir, atraviesa las reuniones con los amigos, daña los instantes en familia. Extrañamos a ese otro, pero no lo disfrutamos cuando está. Renegamos del trabajo, y por tanto lo hacemos a medias mientras consultamos una y otra vez el avance de esa línea de tiempo, definida a través de los estudios de nuestros datos, de las costumbres que entre una y otra opinión, entre una y otra frase rebuscada, entre una y otra imagen gastada de los mismos sucesos que nos llevan solo a pensar que somos miserables, que estamos reducidos a un centenar de metas y sueños sin realizar; entre toda esa información que se desplaza infinitamente al capricho de nuestros dedos, de forma mecánica muchas veces. Entre todo eso se nos va la vida y ya no la disfrutamos.

Las personas se encuentran en cualquier situación de su cotidianidad y a la vez están pendientes de otra latitud, de otras personas. Cada cual se siente con el derecho, ante la inmediatez de la comunicación, para disruptir todo instante personal del otro; cualquier momento es bueno para una conversación sin sentido con estas otras personas con quienes sería mejor charlar un poco sin la intermediación de un aparato. La tecnología nos está haciendo cada vez más introvertidos y está empezando a afectar la forma en que nos relacionamos con otros, a afectar las estructuras de pensamiento y a aislarnos. Y esto es grave, en la medida en que como seres humanos en realidad, somos criaturas altamente sociales.

Nos estamos deshumanizando.

jueves, 12 de mayo de 2016

Hacia dónde vamos

En estos últimos días he estado leyendo bastante, de variados y nutridos temas, y también he estado realizando algunas investigaciones sobre la virtud humana, o incluso en relación con la misma estupidez, aun cuando esto último tiene poco de conciso y definitivo en tanto se desprende de mi propia forma de ver las cosas, ¿o no?

Tengo una preocupación constante en relación con las formas que han tomado los consensos, esto en la medida en que la argumentación y el pensamiento crítico en mi parecer, han ido perdiendo fuerza, cediendo ante fuerzas que antes si bien existían, no tenían el poder que tienen ahora.

La opinión se ha vendido como un derecho, como una derivación clara de la libre expresión que incluso muchas veces como discurso o idea, se desprende de la responsabilidad básica inherente a toda acción humana, sin embargo, esta idea resulta muy conveniente a expensas de lo que implica el disenso. De esta manera, se puede decir lo que se desee, siempre que no se contravenga el orden preestablecido, o que no se contraríe al emisor de la opinión que se contrasta, y esto se agrava si acaso se cuestiona algún objeto de culto, deseo o gusto, dado que todos estos han tendido a convertirse más que todo en fanatismos.

Nuestra cultura se la ha pasado constituyendo estructuras propicias para la creación y mantenimiento de ídolos, durante los últimos 50 años. Las mecánicas propias de la cohesión a nivel comunidad, las ideas nacionalistas o las identidades a través de grupos basados en conexiones étnicas y culturales, se han ido desdibujando a través de la creación de aldeas globales desprovistas de circunstancias de verdadera cohesión que propenden más por una idea de identidad en la adopción de unos mismos patrones, que por la aceptación de diferencias y la solidaridad de tipo orgánico, propia de las sociedades anteriores.

Tomado de: https://pixabay.com/es/gato-cara-retrato-mascota-1429231/
El exceso de medios de comunicación y la llamada conectividad, han causado que las personas se aíslen más y eviten (por la razón que sea) el contacto personal. Así, toda interacción tiende a mediarse a través del filtro de una pantalla, o de una aplicación (app) que minimiza el grado de atención que se le presta al otro, de forma tal que se pueda adelantar en simultanea, varias tareas que resultan tanto o más importantes que la misma relación. Esto, es culpa de las estructuras sociales que a partir del advenimiento del presente siglo, han reencausado las motivaciones e incluso las formas de control, pervirtiendo los objetivos personales por cuenta de una excesiva fuerza en la autodeterminación, de manera que es la propia persona la que se pone metas constantes, y se ocupa, y como no si además debe atender a toda la corriente de información que está siendo inyectada en su vida a través de su terminal personal, su conexión con la red, de la cual hace parte innegable. Pero no me quiero detener más sobre este tema, puesto que no es ello lo que hoy me preocupa.

Retomando, los problemas de comunicación son transmitidos en cascada hacia las nuevas generaciones, de la mejor manera que se puede pero con los agravantes propios de una cultura y un sistema educativo en crisis. En primer lugar a los niños se les enseña desde muy pequeños a ser extremadamente competitivos, pero con el único propósito de que sus estructuras de pensamiento respondan a la predación del otro que ya se da en el mundo, puesto que somos en teoría muchos y los recursos son muy pocos, con independencia de que sea un problema enteramente de distribución, por cuenta del acaparamiento, de la vanidad y de aquel egoísmo que si es malo, no como el que he predicado en más de una ocasión en este Blog.

A los infantes además se les bombardea de ideas sobre derechos, valores y preceptos morales, totalmente desprovistos de contexto, de esta manera se les enseña lo especiales, importantes y valiosos que son, pero no se les instruye sobre el otro, de manera que se educan considerándose imbuidos de gracia, de tal manera que tienen todo el derecho del mundo (todos), a equivocarse, a opinar, a hacer y deshacer, porque a diferencia de sus padres, ellos sí son el futuro y están llamados por supuesto, a hacer grandes cosas y son entonces imparables.

Bueno. Lo anterior quiere decir que las nuevas generaciones no conocen que es estar equivocados, ni que es obrar con responsabilidad, puesto que en su derecho a vivir la vida como a bien lo tienen, no pueden ser condenados de manera alguna, ni por las leyes humanas, ni por las divinas. 

Lo anterior, no es otra cosa que la negación de la consciencia, desconectar a estas personas de la idea de la consecuencia, de la física de la responsabilidad, los hace más valientes, arrojados, pero a su vez los convierte en seres absolutamente dañinos y en potenciales psicópatas.

Pero al margen de la responsabilidad y la consciencia, también queda presente un tufillo maluco en lo que refiere a la forma de comunicación, discutir con un adolescente siempre fue complicado, pero al menos las generaciones anteriores reconocían la autoridad aun para negarla (esto de la autoridad es un tema difícil, pero va para otra entrada), y la rebeldía hacia parte de un proceso de madurez que necesariamente facilitaba los consensos posteriores. Hoy en día no se puede cuestionar al otro, puesto que aun los adultos se encuentran entregados completamente a una dinámica de enemigo que resulta endémica, y que es consecuencia de todo lo que he mencionado antes y algunos otros problemas más a nivel personal, individual o social, que hacen que las personas se encuentren sometidas de manera constante a estrés y que a través de espacios como las redes sociales, simplemente exploten, en particular si se tiene en cuenta que la expresión mediada por las terminales, brinda una seguridad que no puede darse mediante las formas de comunicación más clásicas.

Pero concretando, lo que me preocupa es lo que sucede cuando se cuestionan los ídolos de estos jóvenes, que fueron criados para hacer respetar sus gustos y sus aficiones, pero al parecer nunca para aceptar la crítica, o los mismos gustos y aficiones de otros. Así, las personas en su afán de lucirse, de aparentar, de mostrar, en su búsqueda constante de "likes", de aprobación y reconocimiento, no resisten que se les cuestione, y todo cruce de palabras en ese sentido, resulta en un conflicto, y es diciente que muchas de las replicas a una opinión en disenso, tengan como punto común un "cállese" o como lo vi en alguno de los foros a los que acudí antes de escribir estas líneas "KYC"... Patético.

Escribiendo estas líneas me doy cuenta que de todas maneras estoy un poco falto de perspectiva, dado que estos problemas no tienen nada que ver con la generación, y que están zurcando todos y cada uno de los espectros sociales.

Nuestra sociedad se ha convertido en una dicotomia entre obligación y libertad, en donde las personas "deben" o "tienen" todo el tiempo, de manera que están constantemente ocupados, entre el devenir del trabajo, los caos por el transporte público, las distracciones obligadas y recurrentes, y el poco tiempo para el descanso, las personas están constantemente buscando el fin del ciclo semanal, se espera con ansias que sea viernes y se maldice toda la existencia cada vez que llega un lunes. De igual manera el que estudia espera desde el primer día de su trimestre, semestre o año escolar, que llegue el fin del ciclo, que se acabe rápido, y no se trata solo de la educación regular media, o básica, si no de aquellos estudios necesarios o no que incluso se hacen con recursos propios. Y es que tenemos que ser alguien, sí, desarrollarnos como personas, sí. Y por tanto se tienen que hacer esas cosas que no nos gustan. Pero, ¿qué nos gusta?. Trabajar no es, estudiar tampoco, descansar tampoco porque la gente evade sus vidas de la mejor manera que puede a través de la constante presencia en la oficina.

Tomado de: http://chocobuda.com/2012/06/06/el-aburrimiento-ya-no-existe-beneficio-inesperado-de-la-meditacion/

Tomado de: https://pixabay.com/es/opciones-elija-la-vida-men%C3%BA-73332/
No somos felices solos, pero no valoramos a los nuestros, amamos a nuestras familias pero no resistimos pasar tiempo con ellos. Somos la sociedad de la contradicción, de la ocupación, del rendimiento, de la producción, de la información, del conocimiento, pero también del cansancio, del aburrimiento, de la preocupación y el estrés. Lo cierto es que quienes están sometidos a un régimen normal de responsabilidad tienen que trabajar para vivir, y no les queda tiempo para educar a sus hijos, ni para quererlos, ni para apoyarlos, ni para corregirlos, ni para nada que no sea maldecir sus propias existencias y buscar formas de escape en aficiones, gustos, modas. Todos buscamos en algún grado aquella anestesia que nos libre de la agonía en que se nos convirtió vivir, y cualquier cosa funciona: dios, drogas, alcohol, ejercicio, meditación, arte, literatura e incluso el fanatismo por cualquier cosa o ídolo que resulte estimulante. Para huir de nuestras vacías existencias, del aburrimiento al que nos condicionó la vida digital, tenemos que estar recibiendo información, siendo entretenidos todo el tiempo, siguiendo a otros porque todos somos seguidores de alguien que resulta más inteligente, más bello, más carismático.

Así que entre cada celebridad menor o mayor, nuestra vida se nos va en aplausos que ahora toman la forma de pulgares arriba y que para esos otros con una mayor estrella, fortuna o suerte, o quienes si han sabido como trabajar y esforzarse, son solamente una forma de monetizar nuestras frustraciones. Pero aun estas personas, se sepultan en los excesos, y consumen montañas de dinero transformado en estimulantes (anestesia), porque su propia existencia también les resulta miserable, porque hasta la atención cansa, o agobia de una manera que es resistida de diferentes maneras.

No se para donde vamos, pero no es para un buen lugar.

(Espero resolver y desarrollar todos los puntos que dejé sueltos en esta entrada)

sábado, 23 de abril de 2016

Reflexión inútil

Como me gustaría que fuera nuevamente 2008, que no existieran las redes sociales, que volviéramos a usar el internet para conectar nuestros pensamientos 'largos', reflexiones profundas, especulaciones y estimaciones. Pero esto es un imposible en una sociedad en que la mitad de las personas creen que lo saben todo por cuenta de su capacidad para consultar a su deidad personal absoluta, la concentración del saber en una caja fabricada con pixeles y que da respuestas a todas las inquietudes, trascendentales o no.

Tenemos un sentir exponencial y creciente, ignorancia rodeada de soberbia por cuenta de la inmediatez de todo, y aun así ese "todo" está lejano. Nadie tiene tiempo, por eso ya no se consumen contenidos audiovisuales de más de 6 minutos, que es prácticamente lo que tarda un millennial en aburrirse (supongo), en buscar un nuevo foco de entretención. Esta es la generación del aburrimiento, como la anterior lo fue del fracaso y la que precedió a esa de la confusión.

Este mundo tiende a ser manejado por quienes entienden o al menos aceptan las dinámicas del poder, sin embargo estas personas se suelen embriagar por las resultas de ese pequeño cúmulo de conocimiento, y en nada ayuda que el éxito personal se mida en la capacidad de captar y disponer de cuanto se ha acumulado.

Todo se capitaliza, desde la incertidumbre hasta la saciedad o la negación consciente, el amor, la soledad, los principios, los vicios y las perversiones.

No obstante, hay que hacer resistencia, hay que oponerse a esa inercia racional, en donde pensar se reduce a estar o no de acuerdo con lo que alguien más se ha ocupado de expresar, con esputar alguna clase de vociferada opinión que ha de resultar tan cierta como el espectro demográfico en el cual se encaja...

Esto, es tan inútil que hay que seguirlo haciendo.


jueves, 2 de julio de 2015

Aburrimiento (III) segundo preludio de una reflexión

Me gustaba cuando le ponía imágenes a este Blog, ah tiempos aquellos que no pueden volver a cuenta de los bloqueos de esta maldinga red...

Si hay algo que caracteriza al ser humano es su inexorable tendencia al tedio infinito, al menos en los últimos tiempos. Recuerdo aquellas reflexiones en relación con lo que implica el aburrimiento (AburrimientoAburrimiento IIAburridoTrabajoEl fondo)...

Aburrido como puede estar todo aquel que se desencanta, la frustración por el devenir propio de los días y sus noches, lo que es tal vez diferente a la sensación de desasosiego propia del que necesita estar distraído, o en tal caso concentrado. cualquiera sea la razón, el motivo o el resultado de un ejercicio de pensamiento. Por una parte se encuentra la indisposición por hacer, por carecer de sentido o ser indiferente a las razones propias de ese "deber ser", un esquema de valores y principios que distan del "ser" o del "es", y que sobrepasan cualquier escala racional de correspondencia moral e incluso lógica. La respuesta de la mayoría suele estar en unos días adelante, en el tan anhelado viernes, en donde la existencia es una carga que se sobrelleva a punta de alcohol o de cualquier otro distractor, de tal forma que el mismo quehacer, las obligaciones, las ocupaciones, también constituyen una forma adicional de llenar la cabeza con sensaciones, percepciones y pensamientos "felices", todo con el fin de nunca, nunca, nunca (jamás), pensar en la razón de las cosas, en los por qué, en las consecuencias y en general en lo que viene, pero a partir de lo que se queda...

Estoy empezando a odiar un poco la rutina de todos los meses, los pagos que se traducen en colas en bancos, por la pereza y la atención a la deuda ante una falsa seguridad de dinero en los bolsillos, ser tan libre que no se pueda disponer debidamente de los espacios y los tiempos para al menos acabar con los pendientes, en alguna suerte de orden que deje solo aquellos más graves, los que algún día tendrán que resolverse.

Y en medio de todo, el aburrimiento, el tedio...


domingo, 11 de diciembre de 2011

Aburrimiento (II), preludio de una reflexión

A mi me queda fácil aburrirme, porque simplemente estoy incomodo, es una forma de protestar, de no hacer las cosas como los demás, ya que en realidad quisiera estar haciendo tantas otras cosas diferentes a las que hago, pero como sé que no es del todo posible, normalmente me suelo gastar infulas rebeldes terriblemente infantiles, aunque valga aclarar, estas son la mayoría de las veces, bastante inofensivas.

El aburrimiento sin embargo, parece haberse convertido en un problema mucho más grave de lo que pudiera haber sido en un momento anterior de la humanidad, ¿a que se debe esto?, a que los ritmos para nuestro mundo cambiaron a una velocidad vertiginosa, y ante la ausencia de retos, por la facilidad que presenta la técnica y la tecnología, ante la madurez del discurso, la vastedad de conocimiento y la pluralidad de conceptos e ideas, plasmadas en formas tan diversas, pero claramente audiovisuales, a las personas no les queda mucho para hacer, mucho para ver; sus verbos están gastados, y conjugarlos se hace tedioso, ante la ausencia de algo que despierte la curiosidad, que es el combustible del pensamiento libre, de la construcción de conocimiento, y por que no, necesario para la adquisición de sabiduría.

Las personas que estan realmente inmersas en la contemporaneidad de los fenomenos que describí anteriormente, viven su vida conforme a lineamientos que han evolucionado para replantear varios conceptos que hasta el siglo XX parecian bastante claros, uno de ellos es el de intimidad; tambien está la diversión, el conocimiento, la comunicación, sin dejar de lado la amistad y hasta el amor.

No es gratuito entonces, que nos encontremos con personas cuyo signo distintivo sea la frivolidad, sepultados entre juguetes costosos y complejas marañas de contactos, estados y mensajes que enmarcan sus vidas y los hacen esclavos de comunidades que son a todas luces, más grandes que ellos mismos, pero en las cuales al parecer, se sienten miembros fundantes e imprescindibles; lo gracioso es que la relación es de total codependencia, en donde cada una de estas personas, no hallaría sentido a su vida sin la presencia constante de estas redes que enlazan sus pensamientos, necesidades y virtudes; Se sentirían, terriblemente aburridos.

Esto es solo un texto para reflexionar, parte de uno mayor...

Se parece a este tema:
Aburrimiento.
Aburrido.

lunes, 26 de enero de 2009

Trabajo


Sobre el aburrimiento ya escribí, tal cual como eso que no permite el bienestar, esta parte que no deja encajar de una manera adecuada, opuesto a la conformidad que se respira toxica cuando cada exhalación grita el inconformismo; rebeldes ante nuestra propia situación no cobijamos una sola certeza que no este antecedida de una docena de dudas; pero también es muy próximo a nuestra condición estable el hecho de que encontramos la dicha en los rincones mas insospechados.

Es un juego de tapar, de construir un castillo sobre el derrumbe del ayer, reciclar emociones, pensamientos, palabras, canciones y personas; seguir allí pese a lo doloroso que resulta el suelo, a lo complicado de cada paso y a lo infructuoso de cada estación; una de las soluciones es buscar en la rutina el quiebre de lo monótono, en reemplazar lo mismo con lo de siempre, ya que a la final nos sentimos seguros en lo más fuerte que tenemos: la costumbre.

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Hoy tuve un poco mas de lo mismo del año pasado; una corta visita al edificio en donde nos cambiaban un par de horas de nuestro tiempo y anhelos, por varios días de esperas y angustias propias y ajenas, personales y grupales, de un mundo que está enfermo y cree que el castigo es la razón de ser de la culpa y por que no, de la intención.

No quería y sin embargo fue divertido, el respeto artificial que influye una profesión con responsabilidades de este tamaño colma egos, llena billeteras (ciertamente no aún), pese a que arruina vidas y hace sudar ojos; el caso es que me hace falta, y tal vez más aún la fuerza de la novedad y la esperanza de un escenario igual pero diferente, en donde no juegue al destino ni le dé mas almas al barquero o excusas al dependiente para agitar su llavero, al cerrajero para hacer más llaves, al verdugo para afilar más hachas; no, en el mundo de la seguridad del producto del ingenio, me espera algo distinto, lo sé porque lo espero y mi poca esperanza, no es fé, solo un buen legado del calculo positivo de probabilidades, o matemáticas del destino.
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IMAGEN DE AQUÍ

martes, 11 de noviembre de 2008

El Fondo

Hoy he visto de nuevo el fondo de la taza; he encontrado la razón en el insensato devenir del día. He visto el corazón del miedo y no me ha gustado el resultado. Cuando uno enfrenta a sus demonios no espera que ellos sean un reflejo de uno mismo.

Aún creo que cada cosa tiene un lugar y que el mejor momento es el que esta sucediendo justo ahora; pero ni eso es suficiente, he encontrado que ciertos estados son tan explicables, tan ciertos, que lo único que puede uno hacer al respecto es sufrirlos lo mejor que se pueda. Claro que reflexionando sobre el punto anterior me encuentro con que tampoco es que me represente sufrimiento, más bien es algo harto, aburrido. Y el aburrimiento no es más sino un desacople de la situación y si bien uno no es una pieza multiforme o adaptable que pueda casar en todo evento, si muchas veces se presenta como algo que puede estar conforme a un sin numero de situaciones.

Entonces, que queda. No más sino pasar... estar como siempre se ha estado, es solo que el mundo no lo comprende, no da espera y así uno quiera tomarse un espacio, tener un alto en el camino; pues no se puede y después hay que cobrársela así sea mediante un sacrificio... El de hoy... tal vez el sueño.

domingo, 27 de abril de 2008

Aburrimiento

Aburrimiento. ¿Hasta que punto se nos puede confundir en la cabeza lo que es una cosa y lo que en definitiva tiende a entrar dentro de otra categoria?: Desidia. A veces nos confundimos y nuestra cabeza nos hace entrar en laberintos sondeables solo a traves de lo bueno de otros dias y lo que podría corresponder a la experiencia y el grado de sabiduria que se posea al momento de la confrontación con aquello que puede causar la sensación, que causa el problema.

¿Como saber cuando estamos aburridos? Yo creo que no es solo la sensación del no encontrar confort en lo que se hace; un problema de momento y de lo que esta pasando a través de nuestra vida. Acostumbramos a observar a nuestro alrededor filtrando las cosas de acuerdo a aquello que por el momento nos afecte. Esto es algo en extremo problematico, y doloroso; Aunque en algunas ocasiones es conveniente. Lo anterior se resume a algo como ver la vida del color que nos de la ocasión, desde lo mas oscuro de nuestra alma, hasta el mas puro color de nuestros sueños.

¿Será que en verdad nos aburrimos? o ¿que aquello a nuestro alrededor y en nuestras manos esta bien; pero simplemente no somos capaces de verlo asi?

hoy dejo esta reflexión de este tamaño, pero es claro que las cosas se afectan mucho mas por nosotros que lo que nosotros las afectamos a ellas. ¿Problema de visión?


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