martes, 30 de marzo de 2010

Reflexionar

Hace rato que no sé cómo empezar una entrada, es como si a veces no me naciera de a mucho escribir aquí, lo cierto es que he estado escribiendo a modo de narrativa de mi vida en otro espacio mil veces más intimo y parece ser que no necesito este; Sin embargo las necesidades son engañosas, más cuando se trata de la satisfacción, ya que una es la narrativa que necesita ese ejercicio de recordar y saber ¿por qué se hacen las cosas?, y otra muy distinta es la narrativa de la existencia, de saber ¿por qué estamos aquí?

Este Blog siempre ha sido más un espacio reflexivo y de encuentro de mi mente con esos temas que me ocupan de la vida, y todos los complejidades propias de su devenir, que una forma de compartir las cosas que me pasan; Alguna vez intenté hacer de este un sitio más personal plagado de algunas anécdotas, pero no lo conseguí y terminé siempre escribiendo lo que pienso por encima de lo que me pasa.

Tengo muchas cosas que ocupan mi cabeza, reflexiones a medio terminar y otras a medio empezar y no es que esto precisamente sea el culto a la mediocridad, pero las cosas a medias no son más si no cosas que necesitan completarse y no un problema de rendimiento o productividad (y es que ese par de palabras me producen escozor).

Reflexionar es algo que hacemos todos, sin embargo unos más que otros y peor aún solo algunos pocos nos sentimos bien de hacerlo, pensar esta tan infravalorado que mucha gente se siente culpable (ociosa incluso) cuando se detiene a hacerlo, a mover esa maquinaria invisible que produce pensamientos. Ya lo escribí una vez y lo hago de nuevo, que me pareció muy ofensivo cuando alguien me dijo que "el que piensa pierde", y yo me pregunto, ¿Por qué? Si, en algún momento entendí que pensar tanto no es bueno, como no es bueno ningún extremo, porque según dicen, todos los extremos son viciosos; Sin embargo pensar no es malo, y en definitiva quien piensa no pierde, solo gana de una manera distinta.

Nos han enseñado que ganar es una eliminación del otro, que para poder alcanzar algo, primero debe pasarse por encima de quien primero lo haya alcanzado, es decir, todo es una competencia, y eso siempre implica que alguien debe perder, aún se muestra como algo natural, la evolución, la supervivencia del más apto; Tomando leyes naturales para cuestiones humanas, cuando para otras cosas si se dice que la razón prima sobre lo natural y que lo más humano está precisamente por encima de la naturaleza. A que voy, a que no siempre es cuestión de ganar, a veces simplemente es algo para uno, con uno solamente, ni siquiera un reto como tal, sino simplemente una cuestión de desarrollo personal, y es que uno no se desarrolla solo de la manera que se proyecta a los demás, de esa en que se resalta todo lo exterior, también existe nuestro fuero interno, aquel que no se confronta a los demás porque está oculto, latente. A ese yo interior si le interesa que pensemos, se alimenta de ello y tiende a vivir con hambre en el caso de algunos sujetos; Somos seres complejos con necesidades simples, con quereres y deseos infinitos, con respuestas impredecibles.

Tenemos en nuestra construcción complejidades de todas las otras formas de la naturaleza a las cuales supuestamente sobrepasamos en nivel evolutivo; Somos aves, lagartos, serpientes, mamíferos, peces e incluso amebas y virus; A veces eso que somos sale a relucir más que nuestra propia humanidad compuesta, por eso hay de quienes se jura que son perros, o ratas, e incluso dentro de la apropiación de la vida contemporánea por lo natural, hay quienes son unos aviones. Tan diversa es nuestra composición, que simplemente pasamos por varias fases, por etapas naturales en que nuestro ser nos exige diferentes cosas para lograr la tranquilidad tan comúnmente confundida con felicidad.

Hoy realmente pido que no se deje de reflexionar, de pensar las cosas, de extender la mirada hacia el infinito y empezar a desenvolver algunos ¿por qué? Busquemos la respuesta, aquella que no se haya en el fondo del vaso, ni en las esquinas de la última pulgada de nuestros televisores, ni en el almidonado espacio virtual de nuestras bitácoras y redes sociales; Hablar con uno mismo, responderse y responderle a la vida no puede olvidarse, ya que, nadie puede convencernos de que todo está dicho, pensado ni mucho menos hecho.

martes, 16 de febrero de 2010

Creer

A veces creer es una cosa muy difícil, desde muy jóvenes nos enseñan el valor de ello, y si hemos tenido la suerte (buena o mala, eso se lo dejo a cada uno) de haber crecido en un hogar cristiano, católico, judío, musulmán, budista, hindú; y otras tantas que puedan existir, religión, culto, secta, etc. Pues tendremos clara la idea de que puede significar el creer, ya que todas estas formas de exaltación de lo humano a través de la idea de lo divino, no se pueden concebir sin tener claro que es aquello de tener por cierto, de aceptar por verdad. Pero me resulta muy difícil hacer eso, aceptar es una de esas cosas que me cuesta, sin contar con que definitivamente soy una persona muy terca, lo cual debería ser en principio bueno, pero en un mundo que muere por la idea de aceptar, tiende a ser un problema.

En realidad lo que yo pienso es que no debe tragarse entero, no es cuestionar todo, pero si cuestionar; Es una cuestión de independencia, tiene que ver con darse cuenta de que el mundo también recibe nuestra influencia y a diferencia de algo que he escuchado y que por cierto me molesta, no todo está dicho y hecho; Si esto último fuera verdad, el ser humano ya no tendría razón de ser en el mundo. Cada cual debe ser capaz de tener criterio, no solamente como forma de reforzar nuestra personalidad y carácter, sino para no quedarnos sumergidos en la banalidad del montón; Quizá lo escribí antes, lo cierto es que lo sigo pensando así, la banalidad es algo bueno, le da sentido incluso a lo profundo de nuestras vidas por simple contraste, pero no hay que sumergirnos en ellos, tal cual como otra frase más cierta que dice que todos los extremos son viciosos, en realidad allí si tenemos que darle sentido a nuestro sentido de razón, encontrar un equilibrio, no necesariamente dominar al mundo, pero si poder siquiera estar en él, sin dejarlos apabullar por su vastedad, engañosa cuando sabemos que muchas veces nuestra imaginación abarca mucho más.

En resumidas cuentas lo que busco es reiterar mi forma de ver las cosas, no simplemente de la manera necia en la que a veces otras personas ahogadas en su propia ceguera, pretenden reflejar en mi; sino esa forma consciente de cuestionar, de solo aceptar seso que encontramos propio de serlo, aquello que así pueda no ser tan entendible, tan razonable, si pueda llegar a verse como cierto. En cierta manera no debe abandonarse la fe porque casi todo el tiempo solo vemos una parte del camino, lo más cercano y seguro y debemos aventurarnos, dejarnos llevar, pero el equilibrio esta precisamente en siquiera examinar alguno de los pasos, el sendero o el puente sobre el precipicio.

A la final yo creo en mí, pero nadie más está obligado a hacerlo, pero no estaría mal comenzar por aquí; ¿o sí? 

martes, 12 de enero de 2010

Las maravillas del tiempo en el Blog

Y sí, uno puede devolverse aquí sobre sus pasos y hacer algo diferente, no en el momento en que valía la pena, si no después, pero a la final no queda notandose la diferencia. Ojala pudiera hacer uno lo mismo con otras cosas de su vida, pero es que la vida, simplemente no es un Blog.

jueves, 24 de diciembre de 2009

Desecho

La entrada que viene, no la terminé a tiempo por las vicisitudes del final del año. El hoy se presenta diferente, y varias personas me recordaron que mal que bien es bueno hacer lo que se hace, lo que me obliga necesariamente a darle un empujón a la desidia y acabar el escrito.

 Esta va a ser en lo posible mi última entrada del año. En algún momento me preocupo el número de entradas que pueda llegar a tener por mes o incluso por año, pero teniendo en cuenta que son más bien pocos mis lectores (no por eso menos importantes) pues la verdad esta vez simplemente: ¡Me vale huevo!
 
Y si, históricamente estas fiestas (con esto me refiero a la navidad, ni más ni menos) me deprimen, me molestan; esto por muchas razones, tanto por la anestesia personal de cada cual, ejemplarizado creo yo en especial por la alegría extraña que emana de las personas quienes ayudados por los medios creen esta una época especial y llena de cosas para compartir y en el cual la regla por defecto es la felicidad (cosa que no puede estar más lejana de la verdad).

Pues bien, yo creo que lo natural en las personas usualmente es la miseria, otra cosa es que podamos llenarnos de motivos para sonreír y eso contribuya a sacarnos la sonrisa del diario, esa dosis de tranquilidad y relativa alegría necesaria para pasar cada día, para algunos cosas tan simples como el café, para otros complicados hechos y consecuencias que más tienen que ver con sus intrincadas frustraciones que con lo simple que puede resultar estar bien. Cada cual se siente bien a su manera o disfraza su miseria para que los demás vean ese disfraz de felicidad, y en este mundo en donde ser feliz es resultado de tener éxito, pues es muy bueno mostrar nuestros logros, y más si por alguna razón nuestros dientes colaboran.

Pues bien, es normal de una u otra manera, pero se vuelve tan común, tan cotidiano en estas fechas, que de alguna forma resulta ridícula; se encuentra sustentada en cada esquina con algo postizo, con un adorno altamente contaminante, con un sentido alienado de lo que es una celebración, traducida en la irresponsable forma de hacer las cosas, como el ejemplo de la energía eléctrica usada en las lucecitas, desperdiciándola, sin importar tantos problemas ecológicos, ambientales, que podrían mitigarse si se decidiera hacer una fiesta sin ellas, pero todo el mundo se limita a decir "tan lindo el alumbrado", pero detrás de eso hay mucho de daño, y los que vemos el daño y no gustamos de las cosas brillantes, ni nos deslumbramos por los colores vivos, somos tachados de raros, asociales o cualquier otra cosa que se le ocurra a alguien y que pueda a uno asociarlo con el Grinch.

Pero no solo se produce daño ambiental en estas fechas, el daño psicológico también es muy real. Si, a la mayoría les resulta simpático ver a sus familiares, que les den regalos, viajar, que les den regalos, comer cosas especiales, que les den regalos, bailar o pasársela de rumba, que les den regalos, tomar hasta enloquecerse y ¿por qué no? ¡Que les den regalos!; pues bien, a mi no me parece, no me gusta, me deprime (y de hecho las últimas vacaciones fueron un ejemplo de lo malo que es hacer todas esas cosas anteriormente listadas, aún el viajar resultó poco gratificante).

Es una completa mascarada, un circo como muchos de los esquemas sociales humanos, se dice que andas compartiendo pero en realidad es una de las realizaciones del ego, se busca tomar (yo), bailar (yo), que me regalen (a mí, osea yo) con lo cual esto desata sensaciones tan superficiales que después traen un vacío, uno tan complicado que hace que mucha gente se sienta mal cuando recupera su rutina, y lo peor es que por conveniencia terminan culpando a su vida normal y la pesadilla de rojo y verde (y azul gracias al comercio) se queda impune.

Son ideas difusas pero que debería uno ponerse al menos a pensarlas por unos momentos, es que mal que bien no sirve para nada el momento, más que para darse gusto, solo que en otras épocas del año si tenemos claro que hacemos, pero en navidad todo se queda en tutaimas y en otras peripecias de una fiesta que más que todo obliga a consumir, hasta la conciencia; comes tantas cosas, que después todo se vuelve desecho.

En definitiva debí haber publicado esta entrada a tiempo, pero quizás en estos momentos sea más simple de entender.

domingo, 13 de diciembre de 2009

Verdades

Sensaciones extrañas se encuentran en ser uno mismo. Más cuando deviene lo confuso de la realidad de ser. Cuando las certezas son relativas, las victorias se sienten amargas y la felicidad es esquiva.

Hoy encuentro que lo peor es lo que pasa, nunca lo que está por suceder. El futuro es una idea solamente, tan irreal como el mañana, tan perdida en lo etéreo como las esperanzas que hay detrás de todo lo que descaradamente pasa uno de soñar a anhelar, las consabidas metas.

Sin embargo, un caso extraño la felicidad en una persona por encontrar esto; lo cual me lleva a que sencillamente es uno más de estos cegados por la critica consciente que desconoce el verdadero yo, por la incapacidad de acudir a la percepción a través de un sentir lógico, en donde el resultado no puede ser un gozo, o no por lo menos simple y descrito; me rehúso a creer que el ser humano escape a la razón pese a su considerable herencia animal; Pero no podemos seguir escudándonos en nuestros supuestos instintos, como justificación de las decisiones que surgen de las partes oscuras de nuestra mente. No puedo consentir en tal cosa, si el cerebro mismo nos permite deducir ciertas cosas con respecto a nuestro universo, entonces todo lo dicho puede ser (y lo ha sido antes) controvertido.

Es decir que no concibo ninguna verdad absoluta, solo una verdad más concreta, más creíble, más asimilable o que simplemente no se ha podido refutar; alguien me dijo que su verdad era tan cierta como un hecho, para ser más exacto, como la gravedad, pero el argumento es falaz, ya que su verdad fue producto de una conclusión, no un fenómeno recurrente que es tan difícilmente controvertible y lo pongo así porque llegará el momento en que alguien nos demuestre que volar es cuestión de negar esa fuerza que nos llama a mantenernos en el suelo. ¿Quien dice de qué tamaño es el universo? y ¿Cómo deben ser las cosas? Yo solo puedo contestar con el mismo resultado de ejercer mi capacidad de pensar, está en mi la capacidad de discutir y de seguirlo haciendo. Siempre tendré una verdad que me resulta cómoda, la mía, lo cual no quiere decir que no pueda llegar a ser concordante con la suya. La realidad al igual que el conocimiento e incluso a veces la sabiduría, es simplemente un consenso diario.

Debo terminar las entradas cuando empiezo a escribirlas, sino corren el riesgo de quedar como esta, es decir: Un poco enrevesadas.

domingo, 6 de diciembre de 2009

La fuerza de la palabra (II)

Navegando entre mi propio blog, me encontré con algo muy bello que escribí al principio de este año; Recuerdo que me inspiré en lo que le leí a A.V. en su propio sitio (donde por cierto no me paso hace rato). Espero que les guste:
...
Quisiera hoy dedicarme solo a pensar, a meditar sobre mis palabras, a construir nuevas, a escribirlas una y otra vez hasta que queden grabadas en los cimientos de las ciudades...

Dejar de nuevo que mi alma brote a través de mis dedos, que se exprese, que se elongue, que logre llegar a los oídos grandes y a los sordos, construir el puente indestructible de Benedetti, con ella por supuesto; buscar sentido a mis canciones, darle verso a mis miradas , engalanarme de amor en las madrugadas y dormir con arrullos de luna; quiero ver la mañana y reírme, carcajearme con el rugir de las nubes, danzar en sinfonía con el clamor del viento, aterrorizar a las aves con mi silbo mañanero y detestar cada pestañeo porque me hace perder de la luz tranquila, la de cada uno, la que narré en mis reflexiones y la que he buscado, encontrado y perdido sin reparo...

Quiero aprender a escalar los tejados, a saltar los arboles, a pulir las castañas y a consentir los duraznos; quiero una victoria sobre el segundo, una primavera que dure mientras añoro el invierno, un abrazo desmedido, sincero y de proporciones cosmicas; cubrir al universo con una mueca, derribar el continente de los lamentos, profanar la tumba de la gracia.

Ser y estar cada vez sin medida, con el gesto adecuado sin el tiempo justo; iría hasta allá pero esta vez vamos a ir los dos cada uno medio camino; lo importante es que vamos a encontrarnos.

Gracias a los que piensan, pese a lo problemático que resulta, a los que sienten pese al doloroso resultado, a los que sueñan por dar sentido a la realidad y a la fantasía, a los que leen por llevarse la Fuerza de la palabra, la esencia del alma y el cariño del escritor.

martes, 1 de diciembre de 2009

De nuevo la consciencia

Hace poco estaba viendo un capitulo de una serie que considero una de mis favoritas, en la cual sale un personaje bastante particular, el cual siempre he podido ver como el retrato de una persona que encarna lo solitario y miserable que puede llegar a ser tener conciencia, tanto así, que dicho personaje durante 5 años debió estar refugiado en los analgésicos opiáceos para distraerse de la realidad, de aquello que le resultaba lo más terrible: su propia conciencia; más aún en este ultimo capitulo que vi, apareció otro personaje el cual me recordó lo complicado que puede llegar a ser el estar “al tanto de”; Esta conciencia o  capacidad de reflexión que suele resultar de poder observar realmente, ser consecuente con las acciones y reaccionar de acuerdo al pequeño gran trozo de materia gris y blanca que tenemos arriba de los ojos, es problemático, de la misma manera que alguna vez lo plantee y que sigo pensándolo.

Creo que de cierta forma en la felicidad no resulta necesariamente esquiva y sobrenatural, sino verdadera, tan real que se disfruta como debe ser, pero la conciencia da una perspectiva en la que puede tenerse certeza tanto de que nada puede ser eterno, así como que las cosas tienen grados, momentos y consecuencias, y por supuesto, también principios.

Las cosas normalmente no salen de la nada, ni los bebes, ni las ideas, ni los colores ni mucho menos cada cosa que queremos; es decir que uno debe buscar, encontrar, hacer y conseguir; con lo cual no puedo estar de acuerdo en que muchos vean su vida como un cumulo absoluto de dicha infinita, me preguntaría entonces, ¿de dónde sale? Y es que tampoco creo que haya nada ilimitado, nada eterno, la misma naturaleza en su ejemplo nos muestra que si bien hay ciclos, tampoco nada se pervierte hasta resultar inmutable, eterno o diáfano.

Todo puede ser tocado, afectado por la distancia, por el tiempo, por la velocidad, por la temperatura, por la medida de las cosas, por el pensamiento del sujeto; por los verbos, adjetivos y sustantivos. Precisamente a algunos nos gusta no solo sentir, sino saber y conocer de donde viene el sentimiento y hacia donde va; No solo por el afán tan humano de entenderlo todo (y controlarlo), si no simplemente de poder replicarlo; Y es que uno de los principales intereses científicos en entender un fenómeno, es precisamente poderlo repetir, un experimento que nos de certezas, que nos permita estudiar datos y postular teorías.

Si, tal vez mi lenguaje no sea el adecuado para decir que no podemos confundir la felicidad, el éxtasis propio de los sentidos con la simple falta de crisis, con la ausencia de dolor. Pese a la dualidad que representa, el hecho de no sentir lo malo, no quiere decir por descarte sentir lo bueno, entonces ¿dónde queda el contraste? Si bien considero el equilibrio una realidad, es solo el antecedente tanto de la cima como del declive, esos instantes previos al descenso en la montaña rusa de nuestras vidas, en que temblamos de emoción (o de temor) antes de que llegué el vació, el grito, la emoción, que es en realidad lo que se busca, ya que ¿Quién querría un camino plano?

Esta entrada es un poco recurrente, pero llega a mi en un momento de tranquilidad que no me resulta del todo agradable; De la larga espera en la fila aguardando por una sacudida. Sigo considerando que la consciencia causa problemas, pero no son del índole dramático de las series de televisión, ya que hallarle el gusto a las cosas no es tan difícil, sin embargo el peligro existe siempre en que llegué uno a conformarse y a tomarle el gusto entonces precisamente al confort.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Lo malo de la costumbre

La costumbre es una mala base para tomar decisiones, y por costumbre me refiero al confort que se deriva del “tener”; sin problemas aparentes, lo que implica seguridad y tal vez para algunos hasta felicidad. Lo que hace que se convierta en uno de los principales motivos, o incluso finalidades en cuanto al comportamiento de otras personas, es decir en que es anhelado por muchos. Desde el simple “estar ahí", seguridad y confort que se cree tener precisamente por la certeza de algo que no se mueve, aun cuando los seres humanos somos dinámicos y no está en nuestra naturaleza lo estático. Tal vez no me haya expresado de manera clara, pero simplemente creo que lo que se tiene, siempre que permanezca quieto, seguro, resguardado (o en nuestro poder en todo caso), representa para muchos no solo un sentido natural y lógico en sus vidas, sino también una meta para todo aquello que se anhela (todo lo deseado).

 Las personas terminan viéndose ahogadas en la monotonía y en la rutina, pero de alguna manera sobrevaloran la seguridad que ellas mismas les representan, llegan incluso a llamar a esta sensación felicidad. Entonces se buscan escapes, algo para vencer la rutina y que sin embargo no trastoquen su vida (su mundo), una contradicción que hace que cada cual sea incoherente, difuso y que se pierda en su frustración al no poder "tener lo que quiere" (desea).

 Es por eso que el aburrimiento es un claro mal de época, uno de esos hijos bastardos de la modernidad que nos consume, del pensamiento burdo que nos obliga a estar apegados a algo, que nos llama a la captación y acumulación, pero que aparte nos obliga a buscar dinamismo, pero uno que permita ajustarse a un bucle, a una rutina que no disrupte los diferentes algoritmos del diario vivir y las dinámicas sociales preestablecidas por quienes determinan que se debe o no se debe hacer (precisamente la moda, sino no tendría sentido el modernismo).

Pero a lo que iba es que las personas no pueden dejar de arriesgarse con nuevos aspectos de su vida aunque estos sean dañinos, tediosos o inconvenientes, solo por no perder esa falsa seguridad de la rutina, la modesta facilidad que brinda la costumbre. Yo pienso que la costumbre lleva a la resignación, a la supresión de la rebeldía personal, a la falta de conciencia y por supuesto a la pusilanimidad. Entonces, no debe uno temer buscar la felicidad, así esto implique perder algo del confort rutinario. Debemos agitar nuestras vidas, seguir el ritmo del impulso de nuestros corazones y dar rienda a aquello que pueda de verdad hacernos felices, sonreír no por acomodo, sino de verdadero regocijo.

(Tal vez no se entienda que quiero decir, ni a quien se lo quiero decir. Que más dá, hoy me siento frustrado por tener tan claro esto que quiero expresar, pero no poder hacerlo entender a quien realmente necesita aplicarlo.)

lunes, 9 de noviembre de 2009

Escuchar y compartir

A mi me pasa de todo, sin embargo no suelo ser de los que da mucha importancia a cada hecho, lo cual no quiere decir necesariamente que no valore cada uno de ellos. Es solo que me falta esa chispa que tiene cada cual (muchos) para andar compartiendo, y aunque puedo hacerlo (de eso pueden dar fé muchas personas), no creo que muchas cosas de la vida de uno deban relatarse (o revelarse), y menos aún con el detalle que mucha gente espera de uno.

Y es que cada cual pareciera que no viviera tan a gusto su vida si no que quiere reflejarse en los demás mediante el disfrute (aparente), o la compadecencia e incluso sufrimiento con nuestras derrotas y fracasos; es tanto como si la empatía total existiese y fuera uno de los más evidentes, o casi obvios sentimientos humanos. Lo peor es que creo que mucha gente piensa que esto es una forma de definición del ser humano.

Yo pensaría que eso no es tan cierto y que no existe tal cosa como la empatía total o precisamente este sentido natural por el otro, esa "preocupación"; lo que si existe es un morbo trágico que nos encanta a casi todos, el enterarnos de cosas para nutrir nuestra imaginación y por qué no, darle rienda a los demonios de nuestras cabezas, a esos mismos que nos ordenan las más absurdas ideas, los más nefastos comportamientos, en especial todo aquello que atenta contra nosotros mismos. El egoísmo es la forma natural en que se miden todas las relaciones, solo que no es el egoísmo que a mí me gusta, el que permite enfocarse en uno y no solamente tomar de otros para uno, no solamente querer, y dejar de lado la necesidad; no escucharse a uno, sino solamente hacerse caso.

Cuál es la idea en compartir, cual es la idea en escuchar, a mi me queda claro que es encontrar, antes que buscar... ¿Y ustedes que han encontrado?

Madrugada [Cuento]

Madrugada.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

... (2)

La emoción es un cauce peligroso, en el cual si uno se deja llevar, casi siempre se ahoga.

sábado, 31 de octubre de 2009

Por Muchas Cosas [Poema]




Incompetencia e Injusticia (II) u otro problema más del "diario vivir"

Todos los días pasa que uno se da cuenta que las cosas no funcionan como deberían, es decir, que cada cosa causa una decepción, la cual no es otra cosa que recurrente; vuelvo a lo que se espera, pero esto de la plausibilidad solo sirve para causar desilusiones, y es que el combustible de muchos suelen ser esas fantasias que tan cómodamente disfrazan como "metas"; la lógica raya en lo absurdo y las cosas quieralo uno o no, no pueden ser siempre como esperamos.

Sin embargo, al menos algunas cosas deberían poder ser, pero sin embargo no son, ¿por que?. porque algunas personas no hacen las cosas como deberían (el hermoso "deber ser"), y lógicamente generan un complejo choque entre expectativas; Esto, causa serios atropellos, en especial en el caso de algunas instituciones, ya que siempre está detrás una necesidad mas que una simple ilusión (o deseo); nos sumergen en mares de formalismos, requerimientos, y procedimientos; producto de nuevo, de este orden moderno que nos invade y del cual siempre he intentado escapar.

Al parecer la técnica, producto de la soberbia humana que es puesta como lo mas útil y práctico, no puede dar respuestas a este tipo de necesidades, se supone entonces que las cosas deberían funcionar bien, pero no lo hacen y cuando no pasa esto, entonces viene el desespero, ya que algunos venimos con una muestra solamente de esa paciencia sin sentido y conformista que nada forja, ni construye y solo masifica, mas nunca especifica; y aún peor, me molesta más no poder ser atendido con un mínimo de diligencia, que todo allá que "impulsarlo", que pese a la sofisticada forma de ser de nuestro mundo, no podamos encontrar respuestas diligentes (¿simples?) a necesidades sencillas.

En fin, solo me molesta que haya incompetencia, del tipo que solo la burocracia en extremo y todas estas formas de tecnocracia pueden representar, la forma inocua que desprecia el valor de lo hecho con sentido y siguiendo el sentido de lo hecho ahí (conducta de existencia, negligencia, pereza y desidia; sin contar con que muchas de esas palabras no implican necesariamente cosas negativas); Entonces, si bien no todo puede ser como se desea y en ocasiones hay que tener paciencia, no me parece que la paciencia sea la eterna respuesta, empero que algunos tenemos poca, y siempre está el caso de que la paciencia llegue a su limite, limite que tengo claro en donde se ubica para mi caso, dejando claro en este momento que en definitiva, no tolero la incompetencia, aún menos cuando está revierte en injusticia.

Está reflexión la hice muy similar hace ya un rato largo, pero el texto es igualmente aplicable hoy; es tan común que asquea, la decepción no se puede convertir en la regla general al tratar de hacer algún trámite, que haya que saber esperar en términos de tiempo así como en posibles inconvenientes, demoras y malos genios. El estrés de no contar con nada mejor, aún cuando todo cuesta y también cuando se supone que estamos en un tiempo magnifico en que las ideas valen y en que las personas viven en un estado "ideal".

martes, 27 de octubre de 2009

Vacío

La verdad ya no recuerdo muy bien los temas sobre los que he escrito, se que antes facilmente me podía extender en cientos de lineas al respecto de cualquier cosa que pasara por el momento en mi cabeza, podía decir muchas cosas precisamente dándole cabida a la especulación, a lo simple y básico de pensar al respecto de algo; Estos días, y cada vez más sin embargo, me es difícil pensar en algo para discutir.

Lo cierto es que esto lo puedo llamar el vacío, aunque me enteré cierto día que algunos lo llaman "la madurez del discurso". La verdad no puedo estar de acuerdo con ello, ya que si el discurso al madurar se extingue, entonces que sentido tiene buscar precisamente que madure; ¿cual es el objetivo de concretar ideas, de alcanzar consensos, si al final esto llevará a la nada?

Lo interesante de lo escrito en el párrafo anterior es que el disenso si construye, y vale tanto que puede uno incluso escribir sobre ello, sobre lo que indica el no estar de acuerdo.

Yo sigo creyendo que los vacíos son circunstancias (como casi todo), lo que querría decir que esto es temporal, independientemente de que la temporalidad se extienda, pero no deja de serlo ya que el periodo mas largo no hace per se que cambie lo significante de aquel; ni siquiera sería demasiado preocupante la periodicidad, ya lo dije alguna vez que el ser humano se repite, que los avances a veces implican precisamente una vuelta sobre los mismos pasos, solo que dentro de la espiral finita de la vida, el camino se pierde (problema de conciencia) y a la final con los ojos enterrados en el suelo, se ve el avanzar aunque no el sentido o dirección del camino.

Vacío, entonces como por obvia disposición de nuestro idioma se toma, es la ausencia, la inevitable falta de... Tal vez de ese algo que antes estaba, tener ese "algo" que decir no debería ser tan complicado, pero lo que pasa no es que haya nada, sino que lo que hay no es satisfactorio, no es suficiente y la no suficiencia, por la forma en que es medida, es más peligrosa que el vacío.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Tiempo

El tiempo es una cosa de esas que escapan por completo a nuestro control; es efímero, es insustancial y por supuesto es subjetivo. Cada vez que uno necesita se estrecha; cuando uno quiere se acorta y siempre que se quieren acelerar las manecillas, estas se ralentizan hasta casi detenerse...

También tiene que ver con no poder administrarlo bien. Claro está, que eso último suena a una medida tecnócrata como todas aquellas de nuestra "moderna" sociedad. La cual nos exige tener plena responsabilidad de nuestras acciones y especialmente que cada cosa que tengamos sea tratada y manejada como un bien. Así las cosas, poderlo usar, abusar de el, comprarlo, venderlo y por supuesto: administrarlo.

Pero somos tan malos administradores como clientes, usuarios e ingenieros de la mecánica de nuestras sensaciones, ilusiones, sentimientos y por que no de todo aquello en nuestras vidas, que pretender manejar medianamente el tiempo, no es solo una ilusión dentro de este mundo ocupado y afanado, sino que además, probablemente no tengamos tiempo para hacerlo.

Hoy es un día de desvarío, así que...

¡Que importa!

domingo, 30 de agosto de 2009

Vientos

Es maluco que el viento no traiga aromas nuevos, ni sensaciones de aquellos lugares remotos en donde la gente es diferente; por el contrario el aire siempre está enrarecido, cargado de angustia y temor.

No pueden elevarse cometas si la brisa es tan fuerte y amenaza con femenina disposición (sino vean los nombres de los huracanes), llevarse todo. No quedaran en pie recuerdos, formas ni ganas. Los ojos arden porque el viento es tan corrosivo como las miradas ajenas, y la mezcla del aire contiene además sueños rotos y metas empapeladas.

Vientos, vientos tristes, de los mismos que hacen llorar a los guaduales.


(Y dale con lo de los guaduales, pero es que me parece repatético que unas matas lloren)

lunes, 13 de julio de 2009

Clasificado

Hombre bueno pero que aparenta ser malo, trabajador pero con espacio para la desidia, inteligente pero dispuesto a hacer tonterias, honesto pero picaro; audaz, aunque aún con fé; conciente pero un poco aventurado, demente, aunque el más cuerdo de los suyos; busca mujer de veintitantos, picara, princesa, bandida, bruja; y con una bella sonrisa que pueda recordarle todos los dias: que vale la pena...