Meh.
Bah...
domingo, 19 de marzo de 2017
lunes, 20 de febrero de 2017
viernes, 17 de febrero de 2017
El deber inconsciente de ser consciente del deber
El ser es etéreo, eso no es ninguna revelación. Se debate entre ires y venires, y su forma de percibir, de concebir el mundo, se encuentra cambiando con una regularidad que asombra tanto como el propio accidente que posteriormente hace que todo se torne confuso, entrópico.
La regularidad y la determinación, sin embargo, son útiles, pues permiten agrupar todo lo que termina adaptándose al ritmo común, cotidiano, a lo que alguien más pensó, y alguien más configuro como correcto, como cierto. A algunos de estos aspectos se les conoce, en este mundo posmoderno, precisamente como posverdad, en donde la naturaleza de los discursos, la pereza propia por el debate ha hecho que todo se encuentre dicho, y que cualquiera con el poder suficiente para manejar o dirigir opiniones, sea en realidad quien tenga la batuta a la hora de pensar. Los demás solo siguen.
Bien, eso no obsta para hacer, para establecer relaciones de dependencia con circunstancias, con objetos que son inescapables como inefable es la misma consciencia que en realidad se resiste a ellos. Así es, tal para cual. Ha de hacerse lo debido, porque lo querido nos cuesta, tanto como lo hermoso hasta la vida, según el mismo poeta que alguna vez me enseñó que para ser y estar, para odiar y amar, he de partirme en dos.
lunes, 30 de enero de 2017
Reflexión corta
Cada vez que se termina cualquier proyecto es un éxito, y en verdad son eso, éxitos, todos y cada uno de los relatos que concluyen, que logran terminar, así el final no sea tan satisfactorio. En mi caso he tenido la fortuna de estar acompañado de una constante inspiración, de una musa que me acompaña a todas partes, que me brinda ideas constantes, bien por cuenta de mi vívida imaginación, o gracias, incluso, a los sueños que están presentes aun en los momentos de lucidez durante el día.
Quizá sea eso, que soy un soñador, alguien que se ocupa de pensar en lo que podría ser y en lo que fue. Alguien que piensa, que siente más allá de lo que se encuentra a su alrededor, más allá de lo evidente.
lunes, 9 de enero de 2017
Otro, año...
La vida es una sucesión de cosas.
Es obvio.
Incluso para efectos de lo que hoy en día se maneja como correcto o pertinente, quizá sea una de esas cosas inútiles, porque lo esencial, lo realmente importante se encuentra previamente dictado, y, aunque el molde se entienda roto de entrada, lo cierto que que el mismo es casi imposible de no seguir.
Lo que sucede es que su material ha cambiado y con ello, todo se ha perdido...
Es obvio.
Incluso para efectos de lo que hoy en día se maneja como correcto o pertinente, quizá sea una de esas cosas inútiles, porque lo esencial, lo realmente importante se encuentra previamente dictado, y, aunque el molde se entienda roto de entrada, lo cierto que que el mismo es casi imposible de no seguir.
Lo que sucede es que su material ha cambiado y con ello, todo se ha perdido...
jueves, 15 de diciembre de 2016
Tal vez
Su partida, en gran medida, oscureció mi pasión por escribir aquí...
Tal vez.
Lo que sucede es que cada uno de mis días se ha resultado acompañado de un despertar, de una reflexión profunda, sincera, sobre lo que significa estar, lo que quiere decir seguir. Hoy y ahora probablemente sea el mejor momento para hacer las cosas, pero estos "slogans" están muy gastados, tanto como las reflexiones que muchas veces he titulado como tal.
En algún momento volverá la inspiración, cuando deje de estar consumido por los días, acechado por las noches sin sueño, agobiado por el paso del tiempo.
Como si pudiera evitarlo...
Tal vez.
Tal vez.
Lo que sucede es que cada uno de mis días se ha resultado acompañado de un despertar, de una reflexión profunda, sincera, sobre lo que significa estar, lo que quiere decir seguir. Hoy y ahora probablemente sea el mejor momento para hacer las cosas, pero estos "slogans" están muy gastados, tanto como las reflexiones que muchas veces he titulado como tal.
En algún momento volverá la inspiración, cuando deje de estar consumido por los días, acechado por las noches sin sueño, agobiado por el paso del tiempo.
Como si pudiera evitarlo...
Tal vez.
jueves, 10 de noviembre de 2016
10.11.2016
Estamos, siempre, maniatados por la voluntad. Somos la cárcel, el carcelero y la llave. Así, la responsabilidad es tan grande, que mejor nos quedamos encerrados, hacemos la vista a un lado, y nos tragamos la llave.
miércoles, 9 de noviembre de 2016
09.11.2016
El ser humano es tramposo, los rompecabezas los arma como sea, de tal manera que si le faltan piezas, ¡se las inventa!
martes, 8 de noviembre de 2016
08.11.2016
El dolor no es una expresión de humanidad, al contrario, es una expresión de divinidad. Creamos a un ser superior que nos sirviera para aliviar aquel dolor.
Martes de verdadera reflexión
Me he enfrentado constantemente a esto.
Quizá sea la época, los hechos repetitivos, el sino de la cercanía de un evento en que todo queda a la deriva, o no. He llegado a muchas conclusiones durante todos estos años en que me he dado a la tarea de escribir, de especular de manera más o menos razonada sobre las cosas, sobre los sucesos. En este momento, no tengo claro cosas que antes sí tenía, lo que quiere decir que la cotidianidad está cosechando frutos en mí, que he perdido algunas de las cosas que antes colmaban mi consciencia, que llenaban mi ser.
A esta idea llego luego de consultar los escritos viejos. Es claro que soy yo mismo, pero mis ideas no se encuentran tan agudas como antes, llenas de pensamientos otrora complejos, concepciones formadas, opiniones hechas. Tal vez he empezado a sufrir por cuenta de la anestesia que presenta el mundo, quizá es falta de realizar las actividades que dan profundidad al espíritu, a la vez que consolidan la mente.
Sí, quizá sea eso.
lunes, 7 de noviembre de 2016
7.11.2016
El que no gana, generalmente tampoco pierde, sin embargo se encuentra jugando, lo quiera o no, lo busque o no.
El juego es irreducible, inescapable.
El juego es irreducible, inescapable.
miércoles, 2 de noviembre de 2016
Deshumanización
Hay, en definitiva, muchas cosas que actualmente me hacen reflexionar. Sin embargo, no todas estas cosas logran quedar plasmadas de alguna forma en éste, mi sitio. Pocas cosas logran sacarme del estado de letargo en que me tiene el trabajo, y es que ni modo, hay que lograr el sustento, pues es difícil -o casi imposible- dedicarse de una forma ideal a la contemplación, reflexionar de manera crítica es un ejercicio reservado a aquellos que poco a poco tienen menos cabida en este mundo que busca inflexiones críticas concisas y concebidas a través de un formato preexistente, ojalá a través de un formato económico que ocupe poco tiempo de los otros.
Es raro como la monotonía lo apabulla a uno, el propio aburrimiento. Y es que sobre este tema he lanzado varias y gastadas reflexiones. De ellas, debo decir, que me encantaría que hubieran sido compartidas, vistas al menos, por otros, pero el mismo mal que aqueja nuestras vidas, la sobreproducción, el exceso de información, el lleno absoluto de nuestros tiempos -que incluso deja poco o nulo espacio para el ocio-; todas esas circunstancias han disminuido nuestras posibilidades de dar paso a otros aspectos relevantes de la vida. Y eso mismo impide que podamos buscar algunas palabras de consuelo y desconsuelo. Estoy, quizá, condenado a que nadie lea esto.
Lo importante, es estar ocupado. La cotidianidad se trata de recibir información, variada -quizá-, repetitiva -lo más seguro-; sobre el ambiente, sobre la verdad de otros en relación con las cosas. Sucesos, historias. Vemos con resignación los éxitos de los demás, los que se han convertido en foco de nuestras propias frustraciones. Nos gusta sufrir, hacernos daño, a través de la idea del otro, aquel a quien seguimos, a quien le damos "like", justificando la envidia a través de un sentido de lo bueno, de la prospección del sentido de la vida, y todo otro pensamiento indolente puede llegar a ser visto como una forma tácita de aceptación a una vida que no es la que se debe vivir. Toda forma de indiferencia es vista como una debilidad, y por el contrario la fortaleza se encuentra en aspirar, en desear, en gustar, y por supuesto, en necesitar. Así, la expuesta vida de otros nos recuerda lo pobres que somos, lo fracasados que somos, lo infelices que somos.
Qué complique.
Quizá muchas de las personas que ahora sufren de adolescencia eterna, quienes se resisten a crecer, y que sobrepasan por mucho el síndrome de Peter Pan, entiendan mejor que yo lo peligroso que resulta el aburrimiento y como el mismo carcome cada estructura medianamente sana del pensamiento.
Pero el problema se extiende más allá de las costumbres, trasciende a la ciencia de lo social y ya se encuentra profundamente arraigada a lo que nos hace personas. Nos está cambiando.
Quizá todos los adultos ya nos hemos convertido en nostálgicos, a causa del efecto progresivo-destructivo que ejerce la cultura popular, la cual se transforma al mismo ritmo frenético que lo hacen las formas de comunicación. Quizá lo más grave es que la capacidad de crear, de trascender la esfera de lo real se encuentra mediada por un continuo malestar relacionado con el conocimiento que se tiene por cuenta de la corriente de información recibida a diario. Esto es más cierto cuanto más bajamos en la edad de los afectados.
(Paréntesis: Malditos determinismos, nos tocan a todos, pero aun cuando parezca un atentado contra la propia juventud, lo cierto es que el espiral de decadencia que pudo haber comenzado con el mismo advenimiento de la modernidad, y que ha continuado y haciéndose latente a partir de la expansión de las formas de comunicación, de los medios de expresión; ese fenómeno absoluto terminará por destruir mucho de lo que hace que valgamos la pena como sociedad).
De esta forma, no se crea tanto en la medida en que todo puede resultar ya gastado, intrascendente frente a lo que es nuevo. Esto, sumado a que los gustos trascienden a la percepción estética de lo que es o no bueno, de lo que puede llegar a cambiarnos de mayor o menor manera. No hay lugar más que a la aceptación, pues el cuestionamiento es peligroso y está reservado a ese otro que es ajeno, que es común en su diferencia y diferente como precepto de discriminación y eso, por supuesto, genera estructuras desviadas de poder relacionadas con la cohesión. Mejor dicho, si eres como yo, tendrás mejor oportunidad de expresar lo que difiere, de lo contrario, serás rechazado por raro, por extraño.
Vivimos nuestras vidas al ritmo que demandan las vibraciones de nuestros teléfonos móviles, los cuales son tan inteligentes que saben como romper con la dinámica de nuestras vidas. Su influjo se cola por encima de los momentos con aquel que estuvimos esperando por ver o sentir, atraviesa las reuniones con los amigos, daña los instantes en familia. Extrañamos a ese otro, pero no lo disfrutamos cuando está. Renegamos del trabajo, y por tanto lo hacemos a medias mientras consultamos una y otra vez el avance de esa línea de tiempo, definida a través de los estudios de nuestros datos, de las costumbres que entre una y otra opinión, entre una y otra frase rebuscada, entre una y otra imagen gastada de los mismos sucesos que nos llevan solo a pensar que somos miserables, que estamos reducidos a un centenar de metas y sueños sin realizar; entre toda esa información que se desplaza infinitamente al capricho de nuestros dedos, de forma mecánica muchas veces. Entre todo eso se nos va la vida y ya no la disfrutamos.
Las personas se encuentran en cualquier situación de su cotidianidad y a la vez están pendientes de otra latitud, de otras personas. Cada cual se siente con el derecho, ante la inmediatez de la comunicación, para disruptir todo instante personal del otro; cualquier momento es bueno para una conversación sin sentido con estas otras personas con quienes sería mejor charlar un poco sin la intermediación de un aparato. La tecnología nos está haciendo cada vez más introvertidos y está empezando a afectar la forma en que nos relacionamos con otros, a afectar las estructuras de pensamiento y a aislarnos. Y esto es grave, en la medida en que como seres humanos en realidad, somos criaturas altamente sociales.
Nos estamos deshumanizando.
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martes, 18 de octubre de 2016
Sobre los perdedores
La presente entrada resultó, o tuvo lugar después de lo sucedido en Colombia el día 2 de octubre de 2016, luego de que las personas fueran consultadas sobre su parecer respecto del proceso de paz, el que serviría para terminar con un conflicto de más de 50 años.
Aquel ejercicio democrático, que presentó (al menos formalmente) una única dicotomía como opción para enfrentar este embrollo que resultó siendo la oportunidad de lograr un cese (formal al menos) del conflicto armado interno, reduciéndolo a lo sumo a una persecución de bandas de criminales; este ejercicio mostró en efecto lo que está mal con todos nosotros.
Lo que sorprende, es que los más liberales y considerados en campaña por el "sí" luego sacaron los dientes y las garras ante su indignación, y se les salió, del fondo del alma, aquella personalidad guerrerista que sí, podía establecer un perdón, si se quiere, al bando combatiente, al criminal que negocia, y no a su compatriota que tiene una opinión y convicción diferente (los del "no").
Claro está, esto no fue así en todos los casos, ni pasó en todos los estamentos, aun cuando el fanatismo electoral no distingue credo, nivel de educación o económico.
Estas líneas, esta reflexión tan enredada, va a que la tolerancia, el anhelo de paz, tampoco debe ser excusa para la censura, ni para evitar la confrontación de ideas. He visto que airadamente algunos del "sí" se han indignado (razón de ser de las redes sociales al parecer), pero en términos generales la actitud ha sido de confrontación de ideas, de disensos y búsquedas, con el fin de esclarecer los diálogos que desde la esfera política llevaron al colectivo a tomar esa decisión.
Lo democrático no se trata solo de vencer o ser vencido. De hecho la paz institucional, es aquella que tiene en cuenta el ser y el deber ser, puesto que las personas han de tener cierto grado de auto regulación, no se trata solo de acatar, si no de respetar, de tolerar incluso. Hacer lo que se debe, y desarrollarse sin atropellar tanto al otro, de tal forma que no se le perturbe sin ninguna razón, que no se le cause daño. Así, cuestionar a otros, exigir del gobierno o de los políticos no es dañino, por el contrario es beneficioso y debería ser tomado como una obligación, tanto como salir a usar las herramientas democráticas.
Pero nuestro principal motor de la existencia es la pereza, nos creímos muy bien el cuento de que "la pereza es madre de todos lo vicios, pero es madre es madre y se respeta".
Aquí nos han enseñado a que alguien más se ha de ocupar, y que es de alguien más la culpa. El otro existe solo para correr con culpas y responsabilidades que no se quieren, y aquello como la institución, el Gobierno, es una cosa ajena.
Así, nos han enseñado a obedecer, a callar, a trabajar, pero solo en apariencia, y cuando el que controla está mirando.
En el fondo lo único que habita es rabia, desidia.
La rabia puede canalizarse expresándose, en lo posible con todo el respeto del caso.
Pero la desidia si parece estar metida en lo más profundo de nuestros seres.
Disentir, también es resistir.
Pero a veces siento que los que disentimos somos cada vez más pocos.
jueves, 13 de octubre de 2016
La tolerancia del otro
Dejar ser.
Sí claro.
Alguna vez se me ocurrió escribir sobre la tolerancia, aunque tal vez no con la idea adecuada en términos del alcance del concepto.
Solo basta recordar que tolerar es según el diccionario: "permitir o consentir algo sin aprobarlo expresamente". Esto del alcance puede llegar a ser intuitivo, en la medida en que se habla de permitir o consentir, donde lo contrario es impedir o disentir. Esto lleva a pensar que el concepto comprende dos tipos de tolerancia, una que implica una actitud pasiva desde la posibilidad física de reacción frente a lo que se desaprueba, pero se deja ser; la otra, que se manifiesta en un reproche que no habría de pasar de un escenario de discurso, o incluso desprovisto de éste y que en todo caso podría referir a un ejercicio de reflexión, de dialogo o de simple negación consciente.
Pues bien, imaginemos por un momento que cuando se realiza un cuestionamiento, cuando se hace una crítica no se está dejando de consentir.
El consentimiento es la voluntad. Se pueden llegar a aceptar acciones o consecuencias negativas y también se puede autorizar. De esta forma al consentir sin aprobar, como se desprende de la tolerancia, se está teniendo conocimiento de algo, y se está permitiendo, lo que no implica que al respecto no puedan realizarse observaciones.
Las personas asumen que la tolerancia es una medida de pasividad y que se trata únicamente de permitir, sin que pueda hacerse nada más, sin que pueda actuarse, como si las relaciones entre seres humanos fueran pacíficas, univocas, unidimensionales y unidireccionales. Aquel otro, que está del otro lado de la carga perceptiva, debe ser capaz de asumir todo el cúmulo de expresiones y emociones que sean posibles desde y este lado de la relación.
De esta forma se considera que la tolerancia es solo hacia mí, y no del otro. Que tengo derechos absolutos, a expresar cualquier opinión en desarrollo de los principios liberales básicos como la opinión y el desarrollo de la personalidad. Nadie ha de detener la expresión de un emisor absorto en una mecánica de libertad y tolerancia individual, pues de otra manera esta persona -este otro- está atentando contra la persona, no lo está tolerando, no lo está respetando.
Dejemos el respeto para otro día, ya que el mismo es formal, relativo y de una construcción enteramente social. La tolerancia de 'uno', lleva de la mano la posibilidad de ser, y el derecho a que lo dejen ser, a que no se le interrumpa, no se le cuestione, no se le critique, y por supuesto, que jamás se le indique que sus argumentos, el fondo de su expresión, sus ideas, están de alguna forma equivocadas o no son tan coherentes, gráciles, adecuadas, pertinentes como aquel 'uno' lo considero.
Pero si todos son sujetos de tolerancia, si todos deben ser tolerados, el escenario conlleva un conflicto de libertades y de derechos que resulta más harto de lo que esta entrada permite.
¿Dónde queda el otro?
El otro por lo general, no existe. Esta sociedad se ha ocupado de negarlo sistemáticamente, en convertir al mundo en un colectivo de 'unos'. Esto, a partir del reconocimiento del individualismo, por sobre cualquier característica de la individualidad. Es una diferencia tonta, quizá, pero se impone una idea colectiva que no permita la crítica, el dialogo o la construcción desde y hacia el individuo. Así, se le enseñan las ventajas, los derechos, las virtudes de una situación sin permitir una experiencia siquiera cercana al valor propio de lo individual, a los aspectos básicos de la introspección, no, esto no es importante, por tanto la idea del otro tampoco lo es.
Solo se reconoce al otro para hacerlo sujeto de toda esa serie de obligaciones que la escala valorativa personal concibe como 'buenas' o 'justas' frente a quien observa, frente a quien determina, frente a 'uno'.
¿A que va todo esto?
A que a 'uno' no le importa tolerar lo que hace el otro, no le interesa. Está preocupado en que las ideas que gravitan por su cabeza, pero que no concibió, que se auto impuso por cuenta de la corriente mayoritaría, de la tendencia, de la moda, que todas esas ideas transiten libres y nunca sean cuestionadas, pues de otra manera ese otro, es un intolerante.
Y ya sabemos cual es el remedio para quienes no toleran, a esos no los vamos a tolerar acá.
lunes, 10 de octubre de 2016
El problema somos nosotros
Mario Mendoza, escritor colombiano, curioso explorador del comportamiento humano, presenta una exposición de lo que en términos del plebiscito colombiano significó el ejercicio democrático del 2 de octubre.
Dejo el enlace.
http://mariomendozaescritorcolombiano.blogspot.com.co/2016/10/el-problema-somos-nosotros.html
Dejo el enlace.
http://mariomendozaescritorcolombiano.blogspot.com.co/2016/10/el-problema-somos-nosotros.html
lunes, 26 de septiembre de 2016
Continuar
Perder la confianza es difícil.
Entender que lo que sucede, la forma que toma la cotidianidad, es solo eso: el ser.
Continuar, a pesar de las perdidas, a pesar de las contradicciones, de los sucesos. Y sí, cada momento se extiende tanto como lo dejamos, existe quizá en una concepción, una perspectiva pensada a la que denominamos tiempo, el que consideramos inefable, infinito, inmutable. De ahí que nos cause tanta fascinación lo eterno, lo incierto, aun cuando la incertidumbre nos agote, nos colme de ansiedad y temor.
Lo cierto, es poco, o incluso nada.
Una reflexión puede llevarnos a la muerte y cada instante de agonía va de la mano de una serie compleja de razones para negar, para incidir en nuestra propia percepción y negar los procesos consecuentes a través de la razón.
Sí.
Negación, consciente.
Pero esta, en todo caso, no es necesaria para continuar.
miércoles, 17 de agosto de 2016
Aforismo
nombre masculino
1. "Frase o sentencia breve y doctrinal que se propone como regla en alguna ciencia o arte".
2. "Una declaración u oración que pretende expresar un principio de manera concisa, coherente y en apariencia cerrada"
1. Espalsa- Calpe.
2. RAE.
Fuente directa: Búsqueda de Google.
1. "Frase o sentencia breve y doctrinal que se propone como regla en alguna ciencia o arte".
2. "Una declaración u oración que pretende expresar un principio de manera concisa, coherente y en apariencia cerrada"
1. Espalsa- Calpe.
2. RAE.
Fuente directa: Búsqueda de Google.
miércoles, 10 de agosto de 2016
Seudoexplicación del "cafrismo" y sus consecuencias
Comencé escribiendo sobre los cafres, pero únicamente desde su perspectiva relacionada con el internet y las redes sociales, mismas sobre las que después tendré que dejar ir toda la ira que merecen, y bastante que si es. Pero lo que me ocupa no es mi extensa carga de malestar con internet, ni con lo que representa, ni como cada día es una nueva excusa para consumir nuestras esperanzas, para agotar nuestra energía, para mantenernos lo más ocupados posible, de manera que nos resulte complicado darnos algún escape, un tiempo para cada uno, un minuto de silencio, pero no por cuenta de algo impuesto por el colectivo, propiciado por los medios, derivado de alguna suerte de influencia: compra esto, come aquello, qué divertido es hacer esto, qué bueno es viajar allí...
Lo ven, mejor no hablar de ello por ahora.
Esta es una reflexión que surgió de un largo malestar, quedado atrás en el tiempo por cuenta de esa pila de circunstancias, hechos, deberes y preocupaciones que suelen ya adornar de manera constante mi vida. Se suponía que las últimas circunstancias de la vida de la ciudad en la que habito, al igual que un amplio buscar y rebuscar entre las opiniones, esputos, vociferos y expresiones de los habitantes de este terruño, me habían llevado a considerar, lo que en realidad siempre he sabido, y que aun hoy, al finalizar de cierta manera este escrito: que vivo en medio de una cantidad insana de gente canalla, zafia, ruda, violenta, ignorante, rústica, grosera... gente cafre.
En parte el anterior, era un texto ya usado, ya pensado, ya escrito, que continuaba así:
No se trata solo de quienes a diario viven a zancadas, empujones y atropellos, desatando su propio deseo de contacto con el otro a través de micro riñas por un par de segundos de ventaja, o un pequeño espacio en el cual apiñarse, abriéndose paso a como de lugar y abusando de esa complicidad miserable que se pretende luego de tener cada vez menos que dar y si mucho que perder. No ceder ni un milímetro, aprovechar cada momento, capitalizar la desidia o el cansancio ajeno, así se mueve el cafre, pero al menos el de a pie vive con algo de consecuencia y está (al menos en apariencia) dispuesto a confrontar a sus semejantes, incluso puede llegar a desearlo.
Pero al margen de todas estas personas faltas de educación y que por cuenta del poco espacio que la vida les da para realizarse, sometidos a los desmanes del capitalismo, esclavos de sus propias decisiones y de la rutina, viven en un completo enfrentamiento contra todos aquellos y escasos enemigos invisibles a los que pueden derrotar, no a los verdaderos, no a quienes los oprimen, y ciertamente no a sí mismos. Entonces, cada momento de cafrismo podría ser un minúsculo triunfo, apenas suficiente para compensar un carácter débil, una existencia febril y devastada. Pero basta de justificaciones, el cafre existe y persiste en su cruzada contra sí mismo y contra los demás, por la razón que sea.
No se trata solo de ignorancia, que es incluso un calificativo que ha perdido sentido y que se usa a menudo para descalificar al otro, una herramienta del cafre para señalar a aquel que no piensa de su misma manera: "ignorante" es el nuevo "campesino" o "palurdo", porque estos otros significados recibieron el suficiente rechazo social como para haber sido escondido por conveniencia, por esa absurda forma de remendar todo a expensas de insertar algunos cambios en el lenguaje cotidiano, para hacerlo políticamente "correcto" o adecuado. El desconocimiento sistemático del otro, de la realidad, de la historia, no es ignorancia, es al menos una impedimento social cognitivo de la peor naturaleza, porque está sustentado en la voluntad de no aprender, de no conocer, de no saber.
El cafre entonces se rodea de una falsa confianza, de una seguridad manifiesta en que lo que hace, expresa, vive, hace parte de un deber ser adecuado, política y moralmente correcto y esto se agrava cuando tiene el descaro de atribuir su comportamiento a los seres superiores en los que cree. De esta forma se crean los peores tipos de cafres, aquellos que sirven en teoría a una deidad que predica amor, respeto, tolerancia, pero quizá solo entre ellos mismos, en donde el afecto hacia el prójimo no pasa de ritos desgastados heredados culturamente y de una serie de consignas que se repiten hasta el cansancio, pero que no tienen una aplicación práctica.Cada cafre es diferente al otro, quizá sean diferentes especies, tan variadas -he de insistir- como los sustentos y realidades que construyeron a cada uno de estos personajes. Lo cierto es que existen múltiples opciones para que una persona termine engrosando las filas de los cafres. Cientos, miles, cada uno diferente al otro, pero todos comportándose de la misma manera, sumergidos en su mecánica cafrística, reproduciéndose, adaptándose, convirtiéndose en una fuerza de temer.
Tal vez ese sea su mayor triunfo, estamos empezando a temerles.
Decidí escribir sobre este tema porque en algún momento me cansé del constante ruido en redes sociales (otra vez este asunto) con el tema de los paros de transporte, la movilización, la resistencia civil, la "cultura ciudadana", y otros tópicos que necesariamente se desprenden de las aplicaciones prácticas derivadas del actuar de los cafres.
He de expresarlo quizá en un momento posterior, pero la vida está llevando a las personas a una sucesión de reacciones constantes a problemas inventados que tienen como objetivo el causar malestar de índole social, lo cual se refleja en estados temporales de indignación, llamaré a esto la dignidad impuesta de tipo virtual. Puede rastrearse en un determinado año, digamos en el presente, una serie de temas que sirven al corrillo propio de las redes sociales y que incluso traspasa a la opinión que se forma (ja) a través de la radio y la televisión. Así, pasamos de los dramas deportivos, a los aspectos coyunturales e intrascendentes de la farándula (criolla o no), e incluso varios temas de corte necesariamente político. Para la muestra puede tenerse la actual coyuntura en relación con la formación de los niños en los colegios y que incluye temas como la aceptación, tolerancia, diferencia, marcada a través de lo que implica la diversidad de género y lo compleja que resulta la educación en un ambiente rodeado de cafres, a quienes también he de añadir su excelsa condición como discriminadores, solapados, homofóbicos, y tantas otras condiciones derivadas de la continua desaceleración en términos de avance social, en tanto es como si estuviéramos retrocediendo a nuestras más profundas raíces camanduleras, conservadoras y en extremo facistas.
He de expresarlo quizá en un momento posterior, pero la vida está llevando a las personas a una sucesión de reacciones constantes a problemas inventados que tienen como objetivo el causar malestar de índole social, lo cual se refleja en estados temporales de indignación, llamaré a esto la dignidad impuesta de tipo virtual. Puede rastrearse en un determinado año, digamos en el presente, una serie de temas que sirven al corrillo propio de las redes sociales y que incluso traspasa a la opinión que se forma (ja) a través de la radio y la televisión. Así, pasamos de los dramas deportivos, a los aspectos coyunturales e intrascendentes de la farándula (criolla o no), e incluso varios temas de corte necesariamente político. Para la muestra puede tenerse la actual coyuntura en relación con la formación de los niños en los colegios y que incluye temas como la aceptación, tolerancia, diferencia, marcada a través de lo que implica la diversidad de género y lo compleja que resulta la educación en un ambiente rodeado de cafres, a quienes también he de añadir su excelsa condición como discriminadores, solapados, homofóbicos, y tantas otras condiciones derivadas de la continua desaceleración en términos de avance social, en tanto es como si estuviéramos retrocediendo a nuestras más profundas raíces camanduleras, conservadoras y en extremo facistas.
En algún momento estuve al tanto de las vicisitudes de la dinámica propia de la ciudad que habito, la cual se ha empezado a llenar hasta el tope, y en la que las horas pico son un asunto complejo, y ya sé que es una situación a escala global, como consecuencia de la sobrepoblación, porque básicamente nos seguimos reproduciendo como los animales primales que somos, sin mesura y consideración con los recursos, en especial si los mismos no tienen una verdadera dinámica racional de distribución. Nuestra ciencia social es causalista y se encuentra sometida a las necesidades tecnócratas, en donde se pretende que las cosas respondan a un deber ser, correspondiente con un sistema perverso, al cual le tiene sin cuidado el otro, ese otro que se debate en las calles entre el crimen, la droga y la poca conservación de la dignidad. Eso hace al sistema indigno, pero bueno, siempre que se pueda defender de alguna manera al capital, pues todo vale. De esa manera, está bien visto la acumulación y el derroche característico de los millonarios.
Las herramientas con las que contamos nos llevan a cosas tan ridículas como la congestión vehicular, por la imposición de medios y formas a través de la deseabilidad y los preceptos aspiracionales, aun hay mucha gente por ahí con el "chip" marcado a través del cual su forma de éxito refiere a la posesión de alguna serie de cosas básicas dentro de las que se cuentan los vehículos, porque alrededor de los "centros de negocios" se establecen nichos habitacionales bastante costosos, puesto que quienes históricamente han hecho negocio especulando (además de los banqueros) han sido los dueños de las tierras, y por supuesto, los que se han dedicado a la construcción. Nuestras ciudades se han construido a base de opulencia y vanidad, de manera que el lugar especifico en que se vive, hace parte de ese componente especial al que he llamado aspiracional, que no es otra cosa que el deseo de demostrar que se es mejor que el otro. Así, las personas se encuentran identificados con un estrato, que marca o delimita su forma, estilo, clase social y tantas otras cosas relacionadas con su poder adquisitivo. Pero al margen de las divisiones que se dan entre unos y otros, entre ricos, aquellos que creen serlo y quienes están la mitad, junto con todos los tipos y naturalezas de pobres, los miserables, los paupérrimos y aquellos que están segregados y fueron mandados a los círculos de pobreza que rodean a todo centro urbano, porque es que somos una sociedad progresista que en realidad sigue funcionando en muchos aspectos como un feudo y en tantos otros refiere a una época colonial.
Por las anteriores razones, sumadas a las leyes básicas de oferta y demanda, muchas personas se ubican lejos, a distancias ridículas de sus centros de actividad, de producción y similares. La pobreza marcada aun de quienes aspiran a hacerse con los medios para tener antes que ser, no les permiten otra cosa que la adquisición de refugios totalmente por fuera de un radio racional de acción en relación con sus vidas. Habitan a distancias considerables, largas con respecto a su trabajo, sitio de estudio o similar, además están los horarios, lo que hace que todo el mundo concurra en sus actividades, el famoso horario de oficina marca las vidas de todas estas personas, y pocos afortunados gozan de la posibilidad de desplazamiento corto, o racional.
Así, los centros de producción se densifican de la manera más eficiente para permitir el crecimiento económico de los dueños de los medios de producción, aquellos verdaderos capitalistas de forma que un trabajador en un espacio de 4 m. cuadrados (si tiene suerte y no está reducido a 2 o 3), se hace rendir de forma tal que trabaje por un salario que le representa al dueño de esa fuerza laboral, al menos un 50% de plusvalía, y los tiempos relativos asociados al trabajo, corren por cuenta de este trabajador, de manera que todas aquellas horas de preparación y de efectivo recorrido hacia y desde el trabajo, no son recompensados. Por esto es que hay personas que salen de sus casas a las 6 de la mañana, para regresar a las 7 de la noche, y si contamos la preparación y disposición de sí mismos para irse a trabajar, tal vez esten en sus hogares tan solo unas 8 horas, que es lo mismo que se supone que deben dormir, nada de tiempo para el esparcimiento, absolutamente nada de tiempo para sí, solo les queda volver a preparar sus cuerpos y mentes para otra jornada de opresión.
Pero eso no es lo importante, lo que importa y me ocupa por ahora es lo que se refiere al desplazamiento. Existen recursos finitos, dentro de una franja reducida de tiempo en el cual muchas personas tienen que ir de un lugar a otro. Pero mirando las vías, las formas de desplazamiento, se ven muchísimos automoviles, todos ocupados por conductores solitarios habituados al transporte pausado, a la interrupción propia de una vía congestionada, al trancón, al taco.
Alguien me dirá que es un problema propio de todo el mundo civilizado, más allá de las consideraciones relativas a la perspectiva occidental u occidentalizada, o aquella propia de los países alejados de estas cosmogonías, es un asunto generalizado, presente en casi todas las latitudes, y que responde a la extrema pobreza de todo el mundo, puesto que quien trabaja, quien se encuentra obligado por cuenta del sometimiento de estos medios, modos y formas, es alguien necesitado, puesto que los demás, los dueños, los verdaderos capitalistas viven a otro ritmo, así también se vean atascados de vez en cuando, la diferencia es que tienen todo el tiempo, que no conducen si no que son conducidos, y que nadie, o casi nadie les recriminará por llegar o no llegar, por incumplir, mientras que el pobre, el de a pie, o el que a duras penas puede sortear los costos de un vehículo, vive aferrado a la suerte de poder prestarse al abuso de alguien, a poder ser sometido por el sistema, tiene la fortuna de ser explotado, tiene la fortuna de prestarse a una rutina, de tener horarios, jefes, responsabilidades y metas.
Esta entrada inició a través de los cafres, quizá juzgándolos o notando su existencia, pero no puede dejar de lado que el sentido cafrístico, que la naturaleza perversa de este ser esta rodeada a fuerza con toda esta serie de imposiciones. Así, es poca la esperanza que queda de una forma de cumplir, de una manera de hacer, que garantice una verdadera posibilidad de cambio, una luz al final del túnel, o una perspectiva de libertad, que resulte real.
Pensemos por un momento que el cafrismo no es responsabilidad de un gobernante de turno, no puede ser achacado a una política pública, no es una consecuencia del ejercicio de la acción del Estado, aunque si es un resultado de una sociedad tan canalla, que solo permite la generación de victimas y victimarios, en donde las circunstancias hacen que cada uno pase invariablemente de un extremo al otro, no hay respeto por el otro (por el ajeno), quizá porque no hay incentivos reales para lo bondad, y dado que las construcciones morales del cafre le dan por cuenta de un ser superior la posibilidad de pecar y empatar, o de justificar sus acciones en preceptos torcidos, en pensamientos absurdos que resisten a todo examen moral, y que por tanto no logran ser justificados ni en términos de justicia, ni mucho menos frente a la ética mínima que debe acompañar las relaciones sociales; entonces todo encuentra soporte moral, y ético.
Esta entrada iba a referir a problemas concretos de índole practico en relación con el establecimiento de las formas de funcionamiento, distribución y organización urbana, pero no pude tratarlos al pensar en lo injusta que es la base social sobre la que construimos lo que en ultimas rellena a cada cafre, al igual que a cada quien que no lo es, o quien responde tan solo de manera parcial a este comportamiento desviado que eventualmente se hace casi norma.
Las herramientas con las que contamos nos llevan a cosas tan ridículas como la congestión vehicular, por la imposición de medios y formas a través de la deseabilidad y los preceptos aspiracionales, aun hay mucha gente por ahí con el "chip" marcado a través del cual su forma de éxito refiere a la posesión de alguna serie de cosas básicas dentro de las que se cuentan los vehículos, porque alrededor de los "centros de negocios" se establecen nichos habitacionales bastante costosos, puesto que quienes históricamente han hecho negocio especulando (además de los banqueros) han sido los dueños de las tierras, y por supuesto, los que se han dedicado a la construcción. Nuestras ciudades se han construido a base de opulencia y vanidad, de manera que el lugar especifico en que se vive, hace parte de ese componente especial al que he llamado aspiracional, que no es otra cosa que el deseo de demostrar que se es mejor que el otro. Así, las personas se encuentran identificados con un estrato, que marca o delimita su forma, estilo, clase social y tantas otras cosas relacionadas con su poder adquisitivo. Pero al margen de las divisiones que se dan entre unos y otros, entre ricos, aquellos que creen serlo y quienes están la mitad, junto con todos los tipos y naturalezas de pobres, los miserables, los paupérrimos y aquellos que están segregados y fueron mandados a los círculos de pobreza que rodean a todo centro urbano, porque es que somos una sociedad progresista que en realidad sigue funcionando en muchos aspectos como un feudo y en tantos otros refiere a una época colonial.
Por las anteriores razones, sumadas a las leyes básicas de oferta y demanda, muchas personas se ubican lejos, a distancias ridículas de sus centros de actividad, de producción y similares. La pobreza marcada aun de quienes aspiran a hacerse con los medios para tener antes que ser, no les permiten otra cosa que la adquisición de refugios totalmente por fuera de un radio racional de acción en relación con sus vidas. Habitan a distancias considerables, largas con respecto a su trabajo, sitio de estudio o similar, además están los horarios, lo que hace que todo el mundo concurra en sus actividades, el famoso horario de oficina marca las vidas de todas estas personas, y pocos afortunados gozan de la posibilidad de desplazamiento corto, o racional.
Así, los centros de producción se densifican de la manera más eficiente para permitir el crecimiento económico de los dueños de los medios de producción, aquellos verdaderos capitalistas de forma que un trabajador en un espacio de 4 m. cuadrados (si tiene suerte y no está reducido a 2 o 3), se hace rendir de forma tal que trabaje por un salario que le representa al dueño de esa fuerza laboral, al menos un 50% de plusvalía, y los tiempos relativos asociados al trabajo, corren por cuenta de este trabajador, de manera que todas aquellas horas de preparación y de efectivo recorrido hacia y desde el trabajo, no son recompensados. Por esto es que hay personas que salen de sus casas a las 6 de la mañana, para regresar a las 7 de la noche, y si contamos la preparación y disposición de sí mismos para irse a trabajar, tal vez esten en sus hogares tan solo unas 8 horas, que es lo mismo que se supone que deben dormir, nada de tiempo para el esparcimiento, absolutamente nada de tiempo para sí, solo les queda volver a preparar sus cuerpos y mentes para otra jornada de opresión.
Pero eso no es lo importante, lo que importa y me ocupa por ahora es lo que se refiere al desplazamiento. Existen recursos finitos, dentro de una franja reducida de tiempo en el cual muchas personas tienen que ir de un lugar a otro. Pero mirando las vías, las formas de desplazamiento, se ven muchísimos automoviles, todos ocupados por conductores solitarios habituados al transporte pausado, a la interrupción propia de una vía congestionada, al trancón, al taco.
Alguien me dirá que es un problema propio de todo el mundo civilizado, más allá de las consideraciones relativas a la perspectiva occidental u occidentalizada, o aquella propia de los países alejados de estas cosmogonías, es un asunto generalizado, presente en casi todas las latitudes, y que responde a la extrema pobreza de todo el mundo, puesto que quien trabaja, quien se encuentra obligado por cuenta del sometimiento de estos medios, modos y formas, es alguien necesitado, puesto que los demás, los dueños, los verdaderos capitalistas viven a otro ritmo, así también se vean atascados de vez en cuando, la diferencia es que tienen todo el tiempo, que no conducen si no que son conducidos, y que nadie, o casi nadie les recriminará por llegar o no llegar, por incumplir, mientras que el pobre, el de a pie, o el que a duras penas puede sortear los costos de un vehículo, vive aferrado a la suerte de poder prestarse al abuso de alguien, a poder ser sometido por el sistema, tiene la fortuna de ser explotado, tiene la fortuna de prestarse a una rutina, de tener horarios, jefes, responsabilidades y metas.
Esta entrada inició a través de los cafres, quizá juzgándolos o notando su existencia, pero no puede dejar de lado que el sentido cafrístico, que la naturaleza perversa de este ser esta rodeada a fuerza con toda esta serie de imposiciones. Así, es poca la esperanza que queda de una forma de cumplir, de una manera de hacer, que garantice una verdadera posibilidad de cambio, una luz al final del túnel, o una perspectiva de libertad, que resulte real.
Pensemos por un momento que el cafrismo no es responsabilidad de un gobernante de turno, no puede ser achacado a una política pública, no es una consecuencia del ejercicio de la acción del Estado, aunque si es un resultado de una sociedad tan canalla, que solo permite la generación de victimas y victimarios, en donde las circunstancias hacen que cada uno pase invariablemente de un extremo al otro, no hay respeto por el otro (por el ajeno), quizá porque no hay incentivos reales para lo bondad, y dado que las construcciones morales del cafre le dan por cuenta de un ser superior la posibilidad de pecar y empatar, o de justificar sus acciones en preceptos torcidos, en pensamientos absurdos que resisten a todo examen moral, y que por tanto no logran ser justificados ni en términos de justicia, ni mucho menos frente a la ética mínima que debe acompañar las relaciones sociales; entonces todo encuentra soporte moral, y ético.
Esta entrada iba a referir a problemas concretos de índole practico en relación con el establecimiento de las formas de funcionamiento, distribución y organización urbana, pero no pude tratarlos al pensar en lo injusta que es la base social sobre la que construimos lo que en ultimas rellena a cada cafre, al igual que a cada quien que no lo es, o quien responde tan solo de manera parcial a este comportamiento desviado que eventualmente se hace casi norma.
Esta entrada quizá siga, con un análisis especulacional (palabra inventada) en relación con la densidad poblacional, las especulaciones en tal sentido, los vehículos, los medios privados y públicos de transporte y la forma que mejor se me ocurre de solucionar todas estas cosas, y es que vean mis notas iniciales para esta entrada, iba por otro lado:
Medios púbicos de transporte: Buses, BRT (Transmilenio), Metro.
Transporte de superficie, transporte subterraneo, transporte elevado
Modelos de Crecimiento y desarrollo Urbano: Celular, Arterial.
Sustentabilidad, impacto: Económico, Ambiental, Social.
Tal vez no sea a mí a quien le toque pensar una ciudad, en especial una llena de cafres, ¿no?
jueves, 4 de agosto de 2016
Jueves de agonía
Pensarse este mundo es muy complicado, no dejarse anestesiar por la corriente generalizada, no caer en todos los lugares comunes asociados con las mecánicas de deseo y consumo, es absolutamente complejo, inviable. Mi querido internet se ha convertido en un monstruo que preda sobre las intenciones, voluntades y sobre la atención de las personas, parecería que el único objetivo de las continuas herramientas y aplicaciones es lograr que las personas se pierdan en ellas, que se distraigan con ellas, lo que se corresponde con ese modelo de adormecimiento, de superación de la agonía de vivir que parece plantear el mundo actual.
No soy la excepción a estos malestares, me cuesta no dejarme absorber por los malestares de la cotidianidad, al igual que me cuesta no añadirle los propios, puesto que sumar males conlleva una aritmética más sencilla que lo que puede suceder con los triunfos, la dicha, la alegría, incluso frente a la tranquilidad.
Hoy resiento mi condición, maldigo la forma de hacer las cosas, estoy en desacuerdo con las contravenciones, con el paso del tiempo, con los espacios sobre cedidos por cuenta de los malestares, de las diferencias de opinión, de los achaques del tiempo, de los efectos de la misma influencia que yo preciso entender a veces pero que no niega la oscuridad de mi ser. Mis demonios han vuelto a ver la luz, y no han sido aplacados de la manera necesaria, o suficiente. Tan solo ahora, preso de la desolación, desubicado por cuenta de un castigo que se siente inmerecido, es que las oscuras criaturas han podido ser aplacadas de alguna manera, a costa de mi dicha -eso sí-, y eso, no es más que una agonía.
lunes, 25 de julio de 2016
Lunes de falta de inspiración
Vuelvo a la sequía propia de los días sin palabras, de las horas en que se me ocurre, viene a mí cada línea, cada situación, cada escena, pero en donde no soy capaz de concretarlo, de manifestarlo, de fijarlo o decirlo. De expresarlo a través de las letras.
De escribirlo.
Cada día se agota dentro de su propio ritmo, pero por cuenta de la imposición de ritmos, una forma agitada de llevar las cosas, de vivir si se quiere, que no está dispuesta a otra cosa que a poner de presente metas, en donde se debe producir y no hay derecho a un ocio, diferente al que nos imponen, se es exitoso en la medida en que se hacen todas esas cosas, se pertenece a la minoría que produce, se es inteligente si se quiere, lo cual no quiere decir otra cosa que la aceptación de la predisposición del mundo y el aprovechamiento de los esquemas que nos han establecimiento para el ascenso social, para el desarrollo, la superación. Aquel dedicado a lo que está bien y es comúnmente aceptado, aquel que se somete, ese será tenido como inteligente, y si no es lo suficientemente destacado, al menos será considerado como "pilo", pero estas categorías, insisto, están completamente sometidas al juego con las reglas que están allí, e incluso el ser extraño, difuso, raro, o especial, tiene que ver con las formas preconcebidas de serlo, de manera que se destaque lo individual a través de la percepción de aceptación en algún grupo que se haya constituido como una forma de alteridad de lo común, pero que en sí mismo es otra expresión de la manada, la misma oveja, pero con un tinte diferente en su pelaje, o quizá con un pelaje lacio o alguna parte esquilada. El punto es que de toda la manada se saca lana, y a todas se les puede sacrificar para saciar a los lobos. El depredador no está menos lejos de la mecánica de la manada, lo que sucede es que su papel es diferente, debe alimentarse de aquellos que son más débiles, debe estar al tanto de no mutar hacia el sentido oprimido, debe estar constantemente alimentándose, pero no sabe por qué, no tiene idea de lo que le espera detrás de cada comida, no sabe que implica el universo más allá de la manada, poco entiende de lo que le sucede a cada oveja, poco conoce, poco le importa, como a todos. ¿no?
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