jueves, 25 de febrero de 2016

No hay nada que festejar

Este título sugestivo tiene que ver con la canción de los Fabulosos Cadillacs "Quinto Centenario" en donde se dice que "5 siglos no son para fiesta, celebrando la matanza al indígena...", y lo que sucede es que nadie se tomó el trabajo de explicarles a la agrupación musical que la celebración no se hace por cuenta de la situación particular con respecto al descubrimiento, conquista o erradicación de este 'nuevo' mundo, no, se trata simplemente de la excusa contemporánea (bueno, de ese tiempo, pero que hoy también es relevante) para celebrar, porque festejar es un verbo transitivo que tiene que ver con hacer una fiesta, y eso que celebrar es también "llevar a cabo", con lo que lo que importa es la fiesta, y el motivo de esta no tiene la menor relevancia, puesto que lo que realmente termina siendo importante es que se celebre, que haya diversión, y esto ultimo implica bailar, comer, consumir licores o incluso otras bebidas, puesto que muchas veces lo importante no es el trago o cualquier otra sustancia que ponga o saque a la persona de algún estado.

La fiesta es una constante a escala humana, incluso podría pensarse que es necesaria, porque hay una dimensión muy importante que se desarrolla para el individuo a través del uso de su tiempo libre, de la explotación del ocio (explotación suena medio maluco, como a los discursos de gestión y producción), el disfrute que está asociado al bienestar, a la diversión como dije, al igual que frente al necesario tiempo libre, pues no todo puede ser trabajo o estudio. No se puede vivir para trabajar.

Tomado de: https://pixabay.com/es/sylvester-cohete-d%C3%ADa-de-a%C3%B1o-nuevo-541440/

No obstante, siempre puede encontrarse una diferencia entre la celebración y el celebracionismo, la gente es tan miserable con el devenir de sus vidas, que una vez llega el lunes, ya están añorando el viernes, de igual manera el año no empieza sin al menos una pequeña reflexión a las vacaciones, lo que puede llegar a pasar incluso al día siguiente de que se han disfrutado, y que es peor para quienes por cuestiones de suerte laboral no cuentan con este tipo de institución anual; pero lo más cierto viene con las fechas fijas para la fiesta, la primera de ellas el onomástico, la segunda la navidad. Algunos pensaran que cada fiesta no es más que el triunfo del capitalismo, como si el mismo estuviera en guerra constante, o en pugna de alguna manera con el establecimiento. ¿En donde viven? el capitalismo hace tiempo que ganó dentro de las formas o medios de producción y como tal tiene un lugar preponderante dentro de las consideraciones normales de nuestra vida en sociedad, en tanto toda persona necesita, quiere o desea ciertas cosas (bienes y servicios) que de una u otra manera influyen en su desarrollo, y no se trata solo de la comida, el vestido y el techo, si no que también existen múltiples 'necesidades' que a diferente  escala establecen una conducta, o que afectan o forman una dimensión de la personalidad, aquella que se da como consumidor. En fin, las discusiones contra el capitalismo tienen poco sentido, en tanto es una estructura que soporta la base social, la cual tiene que ver directamente con la forma en que se trabaja, y en la que se adjudican réditos, bienes, la adquisición y distribución de la riqueza, de tal forma que un cambio en este sentido implicaría una revolución que transgreda de manera profunda los cimientos de la sociedad.

El comercio, o la sociedad del comercio (consumo), tiene todo el derecho del mundo a perseguir que sus bienes sean consumidos, los problemas no vienen de la naturaleza primaria de las relaciones de comercio. No, lo malo empieza con la misma perversión del sistema, el cual ha sido aprovechado por una escasa minoría para establecer relaciones de poder y sobrepasar los elementos de gestión que podrían dar cuenta de una mejor forma para la administración de recursos tan escasos como los que nos sirven para el diario vivir. El mundo no es justo, y tampoco lo son las sociedades, los sistemas políticos o los jurídicos. De esta manera el enfoque depredador, el ideal vicioso, la perversión del sistema, son aquellos aspectos que generan consecuencias nefastas, tanto para quienes resultan víctimas (personas) como también del mismo medio, la base, el ambiente (el planeta), que difícilmente aguanta el ritmo frenético que impone el consumismo.

jueves, 11 de febrero de 2016

Dejar ser

Cada día, o más o menos a menudo, abro este espacio buscando completar alguna de mis entradas (pendientes); razonando, reflexionando si se quiere, sobre tantos temas que me gustaría tratar, sin embargo, tengo la plena certeza de que aun hago esto como un ejercicio de dejar salir, para que las cosas salgan de mi cabeza y no se queden dando vueltas, como todo y como nada.

Pero a veces también siento que mi propia cabeza intenta acallar los pensamientos, evitar que se dé esta expresión tan necesaria ¿Por qué? No tengo idea, lo que sí sé es que a la fecha tengo 19 borradores de entradas que no han sido capaces de ver la luz, o frente a las cuales he faltado a mi propio deber de concreción, son asuntos pendientes y la propia naturaleza de los mismos empieza a afectar a mi sentido del ser, al igual que del deber y el dejar. Ser.

jueves, 4 de febrero de 2016

El cafrismo: Explicación no pedida, confesión de la mecánica de un pueblo nefasto y canalla

Esta, es una entrada muy seria, tanto como los problemas que en ella intento exponer.

Las últimas circunstancias de la vida de la ciudad en la que habito, al igual que un amplio buscar y rebuscar entre las opiniones, esputos, vociferos y expresiones de los habitantes de este terruño, me han llevado a considerar desde hace un buen tiempo, que vivo en medio de una cantidad insana de gente canalla, zafia, ruda, violenta, ignorante, rústica, grosera... gente cafre.

No se trata solo de quienes a diario viven a zancadas, empujones y atropellos, desatando su propio deseo de contacto con el otro a través de micro riñas por un par de segundos de ventaja, o un pequeño espacio en el cual apiñarse, abriéndose paso a como de lugar y abusando de esa complicidad miserable que se pretende luego de tener cada vez menos que dar y si mucho que perder. No ceder ni un milímetro, aprovechar cada momento, capitalizar la desidia o el cansancio ajeno, así se mueve el cafre, pero al menos el de a pie vive con algo de consecuencia y está (al menos en apariencia) dispuesto a confrontar a sus semejantes, incluso puede llegar a desearlo.

Pero al margen de todas estas personas faltas de educación y que por cuenta del poco espacio que la vida les da para realizarse, sometidos a los desmanes del capitalismo, esclavos de sus propias decisiones y de la rutina, viven en un completo enfrentamiento contra todos aquellos y escasos enemigos invisibles a los que pueden derrotar, no a los verdaderos, no a quienes los oprimen, y ciertamente no a sí mismos. Entonces, cada momento de cafrismo podría ser un minúsculo triunfo, apenas suficiente para compensar un carácter débil, una existencia febril y devastada. Pero basta de justificaciones, el cafre existe y persiste en su cruzada contra sí mismo y contra los demás, por la razón que sea.

No se trata solo de ignorancia, que es incluso un calificativo que ha perdido sentido y que se usa a menudo para descalificar al otro, una herramienta del cafre para señalar a aquel que no piensa de su misma manera: "ignorante" es el nuevo "campesino" o "palurdo", porque estos otros significados recibieron el suficiente rechazo social como para haber sido escondido por conveniencia, por esa absurda forma de remendar todo a expensas de insertar algunos cambios en el lenguaje cotidiano, para hacerlo políticamente "correcto" o adecuado. El desconocimiento sistemático del otro, de la realidad, de la historia, no es ignorancia, es al menos una impedimento social cognitivo de la peor naturaleza, porque está sustentado en la voluntad de no aprender, de no conocer, de no saber.

El cafre entonces se rodea de una falsa confianza, de una seguridad manifiesta en que lo que hace, expresa, vive, hace parte de un deber ser adecuado, política y moralmente correcto y esto se agrava cuando tiene el descaro de atribuir su comportamiento a los seres superiores en los que cree. De esta forma se crean los peores tipos de cafres, aquellos que sirven en teoría a una deidad que predica amor, respeto, tolerancia, pero quizá solo entre ellos mismos, en donde el afecto hacia el prójimo no pasa de ritos desgastados heredados culturamente y de una serie de consignas que se repiten hasta el cansancio, pero que no tienen una aplicación práctica.

Mi intención no es desviarme de la realidad del cafre, quien también puede encontrar un sustento moral simplemente en construcciones derivadas de cualquier otro tipo de creencia, pero que en todo caso tendrá algún tipo de base moral que le servirá para justificar sus canalladas, con ideas sobre explotadas aunque poco desarrolladas sobre el bien común, la justicia, la equidad, el amor y la conservación tanto de la especie como del medio en que se habita.

Dejando de lado a toda esta suerte de cafres, con distintos perfiles, procederes, trasfondos y naturalezas, he de centrarme en los hechos que dieron origen a mi inquietud por escribir sobre este tema. Como con algunos otras reflexiones, la concepción de la idea del cafre fue consolidandose a través del devenir de las redes sociales, y los espacios de opinión de otro tipo de portales noticiosos o de información.

Es del caso recordar que por cuenta de la masificación del internet se le ha dado a múltiples personas la opción para expresarse, en donde claramente se encuentra la muestra poblacional cada vez más creciente de cafres. La expresión en un contexto de entorno virtual o digital apareja una serie  de ventajas, propias de la personalidad difusa de carácter digital, lo que facilita la actitud irresponsable de estos individuos, quienes se comportan conforme con aquellos límites que seguramente se han impuesto en su propia vida, quizá como aquellos seres diminutos, sometidos en cada etapa de su cotidianidad con solo una que otra (pequeña) posibilidad para dejar salir sus frustraciones, a través de algo como las opiniones que en su mayoría de veces están cargados de odio y con ataques dirigidos a alguien en particular que ha osado expresar su propia opinión.  Ya volveré a este punto, sobre los cafres, y su forma de expresarse.

Imagen liberada de Copyright, tomada de https://pixabay.com/
Existe una transformación simbólica importante que se ha dado como resultado de la interacción social en internet y parte de la naturaleza de la información. Esta es emitida por personas, entidades u organizaciones, muchas veces sin una adecuada determinación de fuentes y naturaleza. De esta manera se confunden las editoriales con los sucesos, y las opiniones con las críticas humorísticas. Lo peor sucede cuando los encargados de ilustrar o exponer, de dar a conocer los hechos que circunscriben el diario vivir, lo hacen de una manera parcializada, a través de supuestos (y elaborados) "análisis", lo que resulta peligroso dado que la función de los comunicadores se ha transformado para dar paso a una predigestión de la información, de forma tal que llegue con un mensaje política o comercialmente adecuado según los intereses del capital que se encuentre detrás.

Se trata quizá de un problema de lenguaje, de semiotica y discursos, lo cual se hace claro cuando en ciertos casos estos comunicadores otorgan etiquetas, lo que resulta peligroso en virtud a que la opinión pública tiene poco de formada y no se hace a un criterio personal, sino que usualmente repite y hace introspección de lo que le llega, de manera directa, porque los medios han hecho una explotación carismática de manera elaborada y como consecuencia de la misma cultura popular se ha 'celebrizado' y elevado por tanto la categoría social, de quienes aparecen detrás de los micrófonos y especialmente de las cámaras.

Los medios de comunicación entonces, se convierten en un poderoso factor de hegemonía cultural, en focos de dominación si se quiere, y este no es un discurso "de esos", en tanto mi posición es simplemente una crítica a las formas de construcción de discursos y consensos. Poco se hace para que lo que comunica esté revestido de diferentes ángulos, de imparcialidad, y en los casos en los que está, se hacen vastos esfuerzos editoriales por cargar la opinión hacia un extremo que resulte coherente con una determinada perspectiva política, la cual de paso lleva inmersa una gama de intereses, dictados por los circulos de poder conexos a esa corriente o idea política.

En este caso se ha hecho bien el trabajo, la opinión se encuentra absolutamente polarizada, pero quizá no de una forma estrictamente maniqueista, pero si de una forma en que existen unas posiciones "válidas" y unas cosmovisiones que son naturalmente aceptadas, y no me refiero solo al rechazo por solidaridad mecánica de los comportamientos que resultan aberrantes, detestables o censurables desde nuestra concepción moral a escala de sociedad, sino de aquellas ideas o estructuras de pensamiento que por cuenta de los problemas anteriores son precalificadas y en esencia rechazadas por cuenta del manejo de la información. Aquí basta recordar las dinámicas de exclusión, de manejo de las diferencias y el reconocimiento de las semejanzas, que a nivel social lleva a la configuración de bandadas, grupos, colectivos e incluso tribus.

Hacer y lograr identidad es fácil, y tiene que ver con la forma natural en que los seres humanos como individuos y sociedad, se integran para afrontar de mejor manera los diferentes retos de la cotidianidad, de manera que no es nada novedoso el que las personas se agrupen, no obstante, lo que resulta curioso es la calificación y clasificación del otro a través de dinámicas personales, que en el caso de los cafres refieren a formas canallas y ruines de encuadrar al otro para facilitar su ataque.

Cuando empecé a pensar en escribir sobre el cafrismo, tuve en cuenta una serie de ataques mediáticos u opiniones si es del caso, o información de análisis que suele confundirse con hechos de carácter informativo, puesto que al menos como lo he manifestado desde líneas anteriores, a mí me queda la duda del verdadero papel de los medios de comunicación y del carácter de la información que es recibida por los consabidos cafres. Entonces, de mi observación he visto que muchas de las demostraciones de cafrismo (en internet al menos) se dan en los escenarios políticos, aquellos foros de discusión virtual derivados de artículos de opinión, así como de portales noticiosos.

No hay un solo articulo que se refiera a hechos de actualidad, que exprese la opinión de algún columnista en materias de política, Estado, Nación o similares, que no contenga toda una serie de comentarios explosivos, reaccionarios y con un animo no solo de controversia, sino de verdadero enfrentamiento. Si alguien da una opinión que contiene una desaveniencia contra lo expresado por el común denominador de los foristas, entonces se produce un primer ataque, los calificativos están a la orden y los insultos también. Pensar diferente de otros es claramente una ofensa capital, con todo y que muchas concepciones y cosmovisiones parecen haber sido sacadas de algún lugar oscuro y desolado, probablemente muy disimil de un cerebro humano. Sin embargo las discusiones se salen de tono y usualmente se convierten en una verdadera pelea por cuenta de quien "tiene la razón" o es dueño de la verdad.

Todos nos equivocamos y nuestra posición política ciertamente está determinada por lo que consideramos que es lo mejor, lo correcto en términos del bienestar general, así como del progreso y el desarrollo científico, social y cultural. En un escenario ideal, las personas expresarían sus argumentos a favor de una u otra posición, pero las personas (en especial los cafres) son muy ligeras cuando se trata de mantener una posición política, y esto tiene consecuencias nefastas para el desarrollo social y deja en entredicho conceptos como la democracia, la libertad de expresión y otras consignas que fueron logros históricos para conseguir esa paz duradera de la que Kant tantas veces habló, pero que es una falacia, al menos en internet.

viernes, 15 de enero de 2016

Pausa para descansar (de verdad)

En los últimos días, o incluso desde hace un buen rato, he intentado probar las mieles de la buena vida, de aquellas cosas que por uso y ante mi supuesto nivel de vida (profesional, personal, etc.) debiera hacer para cumplir con los estándares de la sociedad actual. Claro, en esencia nunca me ha gustado cumplir con nada, atenerme, atender o asumir. Sin embargo, tengo claro que todo se trata de adaptación, supervivencia. Por ello intenté hacer muchas de las cosas que había querido hacer antes y para las cuales no se tiene tiempo, dinero o similares.

Una de ellas es viajar...

Esta imagen es de mi autoría.

Me fui entonces, por un tiempo en extremo corto para todo lo acumulado. A ver otros horizontes y conocer otros paisajes, a tomar un baño en otras aguas y definitivamente para pasar algo de tiempo al lado de la amada, sin horarios, sin trajes, sin corbatas y sin otras tantas pre-ocupaciones...

Pero tocó volver eventualmente...

jueves, 3 de diciembre de 2015

Jueves de no corbata

Esta imagen es de mi autoría.
Los habitantes de este mundillo oficinesco debemos encontrar salidas, al igual que motivos y razones, para tantas cosas como incluso la determinación del deber (ser), porque lo cierto es que cuando se trata del hacer, poco importa cualquier consideración de índole personal, nada más importa que hacer caso, lograr la meta, consolidar el resultado, puesto que toda acción no se somete a la reacción, si no que tiene que tener un resultado; a, b, c, o cualquier otra variable tienen que terminar siendo z, porque esa fue la respuesta que algún genio estableció... la autoridad.

De esta manera resulta apenas lógico que el colectivo termine reivindicando un mínimo de su libertad personal a través de lo más bobo que pueda, lo que implica no menos que hacer alguna micro revolución que solo sirva a un propósito de una pequeña victoria, aquella satisfacción que aun ínfima resulta altamente gratificante. Sí, el ejemplo, es tan sencillo como un día sin corbata...

lunes, 30 de noviembre de 2015

Lunes de amargura

Paciencia, tolerancia...

Me cuesta bastante entender como las personas se enfrentan a toda suerte de situaciones que sirven para colmar la paciencia, para acabar con los sentidos, para extinguir la paz persona, simplemente con una expresión desinteresada, algunos aun con un gesto de alegría, sosiego, hasta tranquilidad. Con un extremo de pasividad, por no decir otra cosa... (lo cierto es que se me entorpece un poco la maquinaria para la expresión, derivado de la  la situación misma que intento describir).

Quizá es falta de consciencia, de notar los límites que separan la propia existencia de la de los demás. Puede observarse sin mayor esfuerzo en cada otro, en cada cual, aquel que de manera excelsa -viviendo el cafrismo sin límites que parece dictar la vida de todos-, se preocupa y ocupa tan solo de sí mismo, de una manera que trasciende cualquier idea de sano egoísmo (del mismo que me he ocupado en algunas oportunidades). No existe una idea, una concepción del espacio personal en relación con el de los demás, y pro más cada ser pareciera distraído, absorto en alguna suerte de necesidad impuesta y a la vez insatisfecha. Se ha aprendido a querer, pero no se sabe por qué, ni tampoco se entiende como llegar realmente a la conclusión de lo que implica cualquier instrucción interna, convertida en un plan de vida, en una lista de chequeo que sirve para la validación ante los otros, y que no hace otra cosa que conjugar el verbo "tener", aun en forma de establecer lo propios para el "ser" y el "estar".

En todo caso, quisiera saber qué pasa por la cabeza de este individuo, mientras observa presuroso los historiales de sus múltiples redes sociales, cuando comparte por enésima vez en el día sus pensamientos con esa cualquier otra persona que se encuentra al otro lado de una red, tan cerca y a la vez tan distante, un red que genera apéndices, que diluye los espacios y que invade los momentos, porque el mundo de hoy es altamente invasivo, de suerte que no hay escape al otro, ni siquiera un respiro.

Ruido, muchísimo, más del necesario, porque el cuerpo de trabajo se mueve a través de una tonada disfónica y falta de toda armonía. cada uno hace lo poco que puede (lo más poco que le es posible) de la manera menos eficiente posible, porque lo importante es hacerse notar de alguna manera, quizá en razón a que estamos tan solos en medio de todo que lo necesario es lograr captar la atención del otro. Por eso también resulta importante que se pongan al día con lo que hace cada uno. ¿para qué? la amistad no requiere una actualización de hechos rutinarios, y otros tantos podrían llegar a ser compartidos en otros escenarios, pues las relaciones exceden a los ámbitos situaciones, a la comunión de actividades, a la adherencia a las agendas, tiempos o rutinas del otro. No, el trabajo está lleno de compañeros, de colegas, con quienes se requiere ejecutar tareas de manera mancomunada, cordial y de forma coordinada o cooperada. En este sentido no resultan importantes algunas intromisiones, aunque claro, la fuerza del uso forja (o forza) cierto grado de amistad entre los comunes, se establecen relaciones de un corte menos funcional, más difusas si se quiere, respondiendo a las interconexiones por cuenta de lugares comunes en las frustraciones o incluso en los logros que responden a la dinámica del trabajo.

Pero en el momento en que esto trasciende a una esfera aun más personal, es en este instante en que las cosas se hacen confusas. ¿En realidad hay un sentido del aprecio tal que resulta relevante saber después de un fin de semana, aquello que ese otro realizó? Particularmente no creo que las actividades del otro resulten tan satisfactorias para sí, en tanto la felicidad, el bienestar y confort ajenos resultan tan relevantes según sea el grado de relación con ese otro, el grado de interés mutuo e incluso el afecto, cariño, amor o cualquier otra graduación que soporte o consolide la relación. Lo demás es falso interés o incluso algo más perverso, quizá un soterrado sentimiento de rivalidad, una atención especifica derivada de la envidia, o incluso del odio por ese otro que no colabora de manera suficiente a la estabilidad personal.

Afortunadamente en la mayoría de los casos se trata más que todo de un uso social, un interés aparente que se traduce en una medida por cuenta de la necesidad de ser escuchado, de ver en ese otro un reflejo, o incluso únicamente de ser cordial por cuenta de la maximización de las dinámicas sociales, para evitar los roces, para consolidar micro amistades y hacer más agradable el ambiente.

Los conscientes pueden llegar a ser apáticos, o pueden estar en negación (en tanto la consciencia no solo responde a una determinada especialidad de la psiquis, o a una consolidación particular, especial de la persona, como tampoco a una racionalidad excelsa), pero lo cierto es que cada una de las dinámicas en relación con la existencia particular, colectiva o social, se encuentran permeadas de la forma en que el individuo concibe, siente y responde ante los estímulos ajenos, de suerte que incluso las más dinámicas de las relaciones o las interacciones convenientes, adecuadas o con una medida de responsabilidad sobre el ambiente, antes que sobre lo personal, también pueden llegar a afectar, a recaer sobre cada uno de manera que el momento, que el instante esté rodeado de una actitud que prevea la intención y se comporte según esta sin manifestar otro aspecto en contraste. Un momento en el cual no pueda darse espacio al otro para ser, sino que se entienda más importante lo propio, lo que puede traducirse en una amargura, no dejar que el otro se entere, que viva a través de uno, que sienta las cosas buenas, que pueda sacar provecho del bienestar aun en pasado, porque esos instantes están en la memoria temporal como una medida para resolver y exaltar el espíritu, y no es amargura, es alegría o dicha en reposo, consciente y coherente con una forma particular de ver el mundo...

viernes, 30 de octubre de 2015

Tiempo de disfraces

Hace mucho tiempo tenía una entrada como esta en remojo.

Las ideas han estado tan remojadas, que algunas veces creo que el exceso ha terminado diluyendo la forma de las cosas, entonces ya poco me queda de lo que antes sentía coherente, cierto y palpable. La realidad se ha constituido en poco más que una sucesión de compromisos, responsabilidades, haceres y quehaceres que se desprenden de la misma continuidad de las cosas que alguna vez  se hicieron. Tal fácil a la vez que complejo, permitir que el tiempo pase, que deje su huella mientras que los pensamientos parecen querer sumergirse en el pasado. Pero la historia es no menos que una confección incompleta, la realidad se entreteje a través de un instrumento que requiere de ciertas condiciones para funcionar de manera más o menos coherente, de esta forma la mente no es tan lúcida como se quisiera, en especial en una realidad que nos presenta cada día una nueva forma de hacer un atajo, con medios para contestar a todos los interrogantes y necesidades de información, con lo que captarla o aprehenderla ya no es necesario. Incluso las mismas mecánicas sociales nos han llevado a dejar de lado esa búsqueda por el otro, a pausar las relaciones y llevarlas en la cabeza de la misma manera que disponen los propios medios de interrelación.

Estas mecánicas se vuelven un tanto intolerables en la medida en que las personas responden a las dinámicas generalizadas que los arrastran a ejecutar sus comportamientos en forma estandarizada, de forma que la corriente generalizada dicta las respuestas, gustos, necesidades y de allí se traduce a toda la gama de acciones que son permitidas, en donde lo personal queda reducido a la forma en que se innova frente a lo que dicta el estándar, sin salirse de él, por supuesto.

He visto muchas personas adultas que ahora se enloquecen con el cuento de los disfraces, con muchas excusas dentro de las cuales puede o no estar la de divertirse (la tan sonada posibilidad de rumba), pero los placeres de lo social no distinguen caras, caretas o apariencias, de modo que la pinta pasa a un segundo plano en estos escenarios.

No, lo complejo es responder a una tendencia de la mejor manera posible, lo cual en principio no es malo, pero resulta interesante cuando se denota lo que la personalidad de cada uno dicta en términos de lo que se expresa a través del disfraz. 

Monstruos, villanos y aspectos caricaturizados o llevados al extremo por cuenta de la percepción personal de la realidad, sin contar con los dictados de la moda, en donde el individuo asume un rol que no sabe como se compagina con su entorno, ¿a qué responde?, ¿por qué está ahí?

Las respuestas se diluyen en un mar de justificaciones que no les permiten ver lo mal que se ven, ¿acaso no importa la apariencia cuando se toma la forma de otro? Resulta inexcusable que un adulto tome una apariencia ajena de mala manera, que su propia concepción de ese otro, que el papel que va a interpretar sea tan patético que no pueda siquiera pensarse en un juego de ironía.

En principio siempre me ha parecido un tanto complejo como los adultos (padres) juegan con sus hijos para convertirlos en lo que a ellos mismos les parece, o incluso con un poco más de participación como pueden dar cuenta del deseo de este niñato por cuenta de lo que su realidad le ha indicado: personajes altamente comercializados (vendidos) los cuales ni mencionaré para evitar caer en una infracción marcaria, pero que responden a su propia forma. Al niño en todo caso le gusta jugar, y su imaginación con independencia de la sátira contra el branding, se verá nutrida por cuenta del juego de rol en el cual ha de pensarse como parte fundante del personaje del cual toma prestada su apariencia, personalidad e incluso si su creatividad se lo permite, su propia naturaleza especial o mística.

Pero en los adultos es diferente, la dinámica se asemeja más a expresar algo de la decadente, enferma y problemática personalidad encerrada dentro de aquel yo personal, intimo, privado, el cual no suele salir por miedo a la reprimenda de esta sociedad que se predica tolerable, pero que en realidad sataniza y sanciona fuertemente cada comportamiento que considere como desviado (con independencia de que el mismo tenga o no consecuencias dañosas para el colectivo). Entonces, los más emocionados con este tipo de escenarios para tomar una apariencia 'ajena' o para adoptar una personalidad disimil, no son más que aquellas personas que viven encerradas en el juego de la apariencia, atrapadas por cuenta de la imposibilidad de desarrollar algunas partes de sí que resultan no tan coherentes con lo que la escala social de valores permite.

Asesinos crueles, personajes despiadados, apariencias que trascienden los géneros, disfraces que dejan de lado toda mesura y resguardo de la sexualidad, o incluso roles que dejan ver aspectos personales en principio predicables de una etapa anterior de la vida, dan cuenta de la necesidad de cada persona de expresarse y dejar salir aquellas cosas de sí, que normalmente son sometidas a la dinámica social, que propende por la expresión y la libertad, pero que en realidad censura el libre pensamiento, la crítica y que por supuesto se encuentra presta a castigar cualquier desviación, por inofensiva que esta pudiera resultar.

Bienvenidos los que están disfrazados de lo que no pueden ser, los que abrazan a estos personajes como una forma de dejar salir a su Mr. Hyde, a aquellos monstruos que son un reflejo de sí mismos y que están ocultos durante la mayor parte del año...

lunes, 14 de septiembre de 2015

Pausa para darle continuidad (y fin) a los proyectos

Imagen tomada de: https://pixabay.com/get/488b67f334c3a448382f/1448560314/forge-550622_1920.jpg?direct

Cualquier día de estos o de aquellos cae uno en cuenta de la necesidad de terminar a bien lo que de la misma manera se empezó. Por qué rayos es tan complicado el hacer aquellas cosas que en todo caso resultan necesarias para nuestro avance. Sí, avanzar es complejo en particular cuando por más que el tiempo nos lleve de la mano, la inercia propia que resulta en una existencia pacífica, muchas veces es más deseable.

Espero poder cerrar pronto esta parte de la historia, y que el capítulo termine de la mejor manera posible...

martes, 25 de agosto de 2015

Punto de no retorno

En estos días, nuevamente me he enfrentado a la inexorable levedad del ser, leve, frágil, la existencia humana en sí misma es una contradicción a cualquier condición o axioma, de tal suerte que muchas veces no se sabe. Se existe porque de una u otra manera la voluntad ajena estuvo involucrada, eso sumado a la suerte, al azar propio del caos cósmico del cual siempre he estado prendado, pues en cierta manera a este debo mi vida. Los días pasan, uno detrás del otro, horas que se suceden a través de ecos sumidos en el silencio que no dejan ver la propia velocidad a la que se supone se desplaza este monumental pedazo de hogar en que nos encontramos.

A este hogar es que hoy quisiera referirme, en donde unos y otros están discutiendo varios temas en relación con la bien o mal llamado "punto de no retorno", relativo a aquel estado en que ya nuestro planeta no tiene arreglo, o el daño ambiental es irreparable, y en donde se ha examinado por varios bien o mal llamados expertos, aquello que toca al ser humano, con voces de alerta que miden el consumo de recursos, la afectación al medio ambiente y al ecosistema y el cambio climático principalmente.

Imagen tomada de: https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/c/c9/Tarvasj%C3%B5gi_nov._2013.jpg

He visto, leído y escuchado, diferentes puntos de vista en relación con estos temas. Al parecer el mundo está sumido en un proceso que pronto (o incluso desde ahora mismo) llevará a una crisis irreversible, con un daño a su vez irreparable, lo que se verá en el corto y mediano plazo en un cambio climático, puesto que no se trataría solo del aumento global de la temperatura media del aire, sino también ante la presencia de fenómenos cada vez más frecuentes de extremos climáticos tales como profundas sequías, lluvias continuadas, huracanes, etc.

Es como si el planeta cada vez se manifestara con más fuerza, y afectara de una manera más diciente a las personas. Claro, esto es evidente y no requiere mayor explicación si históricamente revisamos como se comporta la vida en las ciudades en que hemos vivido durante los últimos 10, 15 o 20 años, cualquiera podría indicar que las temperaturas han aumentado considerablemente. Pero esta situación tan evidente tiene otra serie de explicaciones que incluso tocan la misma forma de construir las ciudades, el propio urbanismo y la forma en que las personas se han comportado. No hay que ser un experto en el clima para saber que una extensión considerable de asfalto y cemento no absorbe de la mejor manera la radiación solar, de tal suerte que el suelo y el aire se calientan, y sucede lo que pasa normalmente: el aire caliente se eleva y pasa a ser reemplazado por aire frío, lo que a su vez causa vientos que traen nubes y afectan la manera en que la humedad se ha concentrado previamente. Con un poco de imaginación y una inteligencia promedio, al igual que el recuerdo de las ciencias básicas aprendidas en la primaria (la educación de la niñez) se puede entender que un microclima como el de la ciudad, es afectada por la pobre arborización de la misma, y en general la falta de fuentes suficientes de agua, la inadecuada urbanización y por supuesto, el exceso de personas.

La densidad poblacional a mi juicio es el mayor de los problemas de los seres humanos, que tiene varias explicaciones. Una pobre educación sobre las consecuencias de la natalidad, que probablemente también se explica en una nula o también pobre educación sexual y que dispara los embarazos no deseados, en un país en donde la reproducción es aun un problema asociado a la religión y en que la gente de frente se persigna y reza, y por detrás es altamente promiscua. Sin contar con un sistema legal que no da a las mujeres control sobre sus cuerpos y obliga a que en estos casos los niños deban nacer o nacer, pero sin ayudar de verdad a estas madres a su desarrollo y el de los infantes, en tanto la norma propugna por la vida del neonato, pero en ningún caso por su dignidad, eso a nadie le importa. Por otro lado está la tecnología, la técnica, la medicina, factores que hacen que las personas mayores, los adultos mayores, prolonguen su vida por más tiempo de lo que en principio se habría esperado, de esta manera nuestro mundo se está llenando de niños, jóvenes y ancianos, pero solo hay recursos y facilidades de producción para los que están en una edad intermedia, los adultos formados y capacitados.

Los humanos entonces, se reproducen como si no hubiera un mañana, y en mi caso me parece fácil de ver cuando en un día normal de descanso casi todo sitio al que arribo está adornado con la clásica pareja de padres atormentados (de esos que olvidaron como sonreír) con al menos un par de infantes que no superan los 10 años de edad. Quizá su nivel actual económico les permita darles el sustento, lo necesario. Aunque también veo mucho padre joven sin los suficientes recursos (o ganas) de criar a sus hijos, a esos que probablemente no fueron del todo deseados. Padres que no crían a sus hijos porque deben trabajar a como de lugar para asegurar ese sustento que en el caso de los infantes es mucho más costoso que con respecto a los adultos, puesto que los gastos de desarrollo y educación, que cada vez son menos cubiertos por el Estado (a quien sin embargo si le importó desde un principio que no se evitara un nacimiento no deseado), con abuelos que cansados como están de una vida que ya en sí misma les reportó una vida sacrificada se encargan de ver (y criar) a sus nietos, teniendo que vivir y convivir con hijos que nunca superaron el ciclo que antes se consideraba normal, de independencia, de hacer una vida propia. Ese ciclo al que responde el sistema de principios y valores, y sobre el que incluso está cimentado (al menos en teoría) el modo de producción económico.

Así las cosas, somos muchos, algunos dirían que muchos más de los que aguanta nuestro planeta, y en principio no estarían tan equivocados, de no ser porque consumimos mucho más de lo que necesitamos. Ese es otro de los problemas más graves, el consumo. En este punto peco incluso como parte de esta colectividad rampante, nefasta y criminal, la cual tiene y muchas veces desea más. La culpa de esto es muy difícil de encuadrar, e incluso inútil. Resulta mejor intentar hacer algo por la humanidad, desde cada uno, disminuir el impacto de nuestro paso por el mundo, no abusar, no destruir, no excederse. Es en el exceso en el que se concentra el mayor problema, los cientos de toneladas de comida que se pierden porque la gente pide más de lo que puede comer; decenas de zapatos, bolsos, accesorios y muchos otros que responden únicamente a un sentido de la acumulación e incluso de la moda, los cuales resultan muy difíciles de derrotar.

Bueno, existen de todas maneras posturas críticas frente a este tipo de corrientes, y frente a los sucesos que dan cuenta de un mundo saturado, contaminado y en creciente depredación. El problema, sigue siendo la gente, es demasiada y no cumple sus ciclos naturales mientras que se concentra en multiplicarse sin crecer, en dejar retoños que no lleven ningún legado, puesto que su desarrollo es incompleto y no tienen nada que dejarle al mundo, posiblemente no tuvieron tiempo de aportar nada, mientras que los que aportaron son marginados, inutilizados y despojados de importancia al tiempo que se les mantiene con vida por conveniencia del sistema, el cual sin embargo se basa en una planeación a largo plazo que resultará insostenible en el mediano.

Hay que hacer,  lo que hay que hacer: Cierto, vivir de manera más responsable y pensar un poco más en el otro, por pura relación de supervivencia desde uno mismo, porque ese otro podría ser nuestro verdugo, a menos que se convierta en una influencia positiva en nuestras vidas, al tiempo que deberíamos nosotros serla en la suya...

Difícil, la vida, el mundo, el círculo de lo humano se ha cerrado alrededor de sí mismo, sin pensar en lo que le rodea, de tal suerte que algún agujero causado por su paso destructor, por su accionar depredador, será lo que lleve a su aniquilación.

lunes, 3 de agosto de 2015

El que espera, pues espera

Esto se corresponde bien con la idea de que quien se levanta temprano es ayudado por la divina providencia, porque no basta con que debamos hacer las cosas por nosotros mismos, sino que está bien metida dentro del imaginario colectivo la idea de que existe un poder superior que en principio está ahí para suplir la falta de voluntad de cada cual. Dicho esto, la idea misma no se correspondería a otra cosa que a la justificación, y a la pereza (por supuesto). Después de un largo rato, me he visto abocado nuevamente a hacer uso de este espacio, con el tiempo respirándome en el cuello y mostrándome lo agobiante de la finitud.

El uso de la paciencia podría ser uno de los más complejos tópicos para una disertación del tipo especulativo, porque no podría definirse de una manera que no resulte escueta, o como mínimo conveniente. En principio he usado esta reflexión como pico esgrimido dentro de la cortés forma en que se ha revertido mi tolerancia, o incluso desde un punto de vista un poco más regular y por tanto pusilánime, la ausencia de la misma, como si esta implicara la aceptación completa sin ninguna arista, de este tipo de situaciones. Aceptar, respetar, tolerar, no son exactamente sinónimos, ni implican en momento alguno la anulación del ser, o el simple repudio de la concepción y consciencia individual. Pero no es esta manera en que se pone a prueba mi voluntad, mi tranquilidad y mi capacidad para acallar cualquier pensamiento homicida el que me ocupa actualmente, no, no se trata de eso.

Se trata de la otra forma en que se ve este asunto, en tanto la paciencia es esta virtud de oponerse al malestar mismo que supone el hecho de dejar ser, de permitir que las cosas vayan, aun ante el sobresalto que supone poner algunas cosas al cuidado de otros, funcionar entonces a expensas de ese otro. La otredad es ajena, extraña por definición y eso implica necesariamente perder el control, muchas veces por completo.

Este tipo de circunstancias en las que se consolida la forma de ser, la forma de estar a través del manejo del tiempo, son las que consolidan esa otra forma de paciencia, la que se forja por espera. Existe entonces una manera de ver, de hacer, de contar, de vivir, que implica una agobiante y a la vez nutrida realidad: El ritmo de vida es uno solo, y nuestra percepción acelera o ralentiza las situaciones en atención a múltiples situaciones, que a su vez son también circunstanciales. Y es que entender la realidad es un gesto complejo, un guiño a la materialización de la razón, que seguramente no puede ser del todo realizada, pero que resulta todo una experiencia en hacer al menos alguna que otra aproximación, como seres pensantes y conscientes de la realidad que nos rodea, que nos ahoga a veces, porque el aire es solo una sustancia en la que podemos subsistir, en donde nos es natural existir, pero lo que no implica que no nos rodee, puesto que el espacio a nuestro alrededor tiene algo, muchas cosas, y la resonancia de estas, su reflexión, refracción, frecuencia, es lo que nos permite sentir, incluso el paso del tiempo.

El que espera entonces, generalmente no tiene de otra. Somos dueños únicamente de lo poco o mucho que las restricciones que nos rodean permiten, y la nuestra es la ilusión de la libertad, sometida a leyes tan determinantes y difíciles de romper como la gravedad, e incluso a aquellas de corte social que limitan total o parcialmente el desarrollo de nuestras mentes.

El grado de limitación es proporcional a la consciencia, a la aceptación de la lógica que subyace al límite, incluso porque se nos ha mostrado históricamente que somos débiles, y que hacemos lo que hacemos, para sobrevivir, casi como si toda circunstancia endógena y exógena correspondieran a la naturalización, porque claramente toda evidencia y lógica muestra que el deber ser es constantemente un equivalente del ser, para hallar el primero, de tal suerte que la imaginación usualmente es tan valiosa y constructiva como la corriente generalizada lo permita, y esto aplica a todas las ciencias, a toda disciplina, a todo acto o valor humano.

Esta es una reflexión inacabada, escueta y agobiante. Como todas las importantes.

También aplica:

Paciencia (2008)
Consecuencias
Sólo
Tiempo y espacio
Paciencia (2011)
Martes: Desafío de paciencia
Exaltaciones y Calmas 



jueves, 23 de julio de 2015

El ruido, preludio de alguna que otra especulación

Ruido, un bloqueador de los espacios de claridad existencial...

Es realmente complicado llegar a un verdadero espacio de claridad, en especial cuando la esfera personal, ese alrededor que circunscribe alguna porción del universo que puede considerarse como propia, se plaga de contaminación. Los ruidos se reproducen, se multiplican y conforman una extraña cacofonía que no deja de complementarse con toda serie de sensaciones y sentimientos de personas

La situación se hace en extremo preocupante cuando se llega a una conclusión no tan precipitada en relación con la recurrencia, no es la la primera vez que esto sucede. Un pequeño consuelo: De alguna u otra manera el hacinamiento como tal es mínimo, aún cuando las circunstancias resultan no menos que contaminantes, y la afectación del ser, en todo caso, termina permeando a su vez el estar.

Afortunadamente existen circunstancias amenas, recuerdos vívidos en los cuales el bienestar se une, se genera contra y desde el amor y todas las cosas pueden al menos ser bellas. Un poco, un tanto y a la vez desde lo cierto y lo evidente.

Menos mal.

jueves, 2 de julio de 2015

Aburrimiento (III) segundo preludio de una reflexión

Me gustaba cuando le ponía imágenes a este Blog, ah tiempos aquellos que no pueden volver a cuenta de los bloqueos de esta maldinga red...

Si hay algo que caracteriza al ser humano es su inexorable tendencia al tedio infinito, al menos en los últimos tiempos. Recuerdo aquellas reflexiones en relación con lo que implica el aburrimiento (AburrimientoAburrimiento IIAburridoTrabajoEl fondo)...

Aburrido como puede estar todo aquel que se desencanta, la frustración por el devenir propio de los días y sus noches, lo que es tal vez diferente a la sensación de desasosiego propia del que necesita estar distraído, o en tal caso concentrado. cualquiera sea la razón, el motivo o el resultado de un ejercicio de pensamiento. Por una parte se encuentra la indisposición por hacer, por carecer de sentido o ser indiferente a las razones propias de ese "deber ser", un esquema de valores y principios que distan del "ser" o del "es", y que sobrepasan cualquier escala racional de correspondencia moral e incluso lógica. La respuesta de la mayoría suele estar en unos días adelante, en el tan anhelado viernes, en donde la existencia es una carga que se sobrelleva a punta de alcohol o de cualquier otro distractor, de tal forma que el mismo quehacer, las obligaciones, las ocupaciones, también constituyen una forma adicional de llenar la cabeza con sensaciones, percepciones y pensamientos "felices", todo con el fin de nunca, nunca, nunca (jamás), pensar en la razón de las cosas, en los por qué, en las consecuencias y en general en lo que viene, pero a partir de lo que se queda...

Estoy empezando a odiar un poco la rutina de todos los meses, los pagos que se traducen en colas en bancos, por la pereza y la atención a la deuda ante una falsa seguridad de dinero en los bolsillos, ser tan libre que no se pueda disponer debidamente de los espacios y los tiempos para al menos acabar con los pendientes, en alguna suerte de orden que deje solo aquellos más graves, los que algún día tendrán que resolverse.

Y en medio de todo, el aburrimiento, el tedio...


viernes, 26 de junio de 2015

Reflexión mojada, para una lluvia mejor

Algunos días empiezan diferentes a otros. Somos el resultado de una consciencia dividida o incluso difusa, un producto o un conjunto que tuvo lugar, pero que no corresponde con una circunstancia espontánea. Venimos al mundo como resultado del amor y el deseo, pero negados de presente a ellos en la medida en que nuestra concepción establece lazos que con esfuerzo intentamos replicar a lo largo de toda una vida, muchas veces sin éxito.

Los errores constantes deberían construir una existencia completa, coherente, con un grado de consecuencia y de mesura al menos relativo frente a la cotidianidad, no esa que en sí misma intenta destruirnos a partir de la excesiva repetición y del establecimiento de rutinas que pueden ser resultado de la corriente generalizadora, aquella misma que nos impone los hábitos y las necesidades, porque muchos de nuestros aspectos deben de alguna manera estar previamente ajustados y determinados a lo que el colectivo expone (impone) como bueno o adecuado. Lo anterior no quiere decir que las reglas sean malas en sí mismas, en tanto su ideal se corresponde con la idea de una sociedad civilizada y pacífica, o cual implica la cesión de libertades, caprichos, derechos y posibilidades, e incluso la supresión en cierta medida de la propia independencia, autonomía y libertad.

El error es una prueba constituyente de la inexorable voluntad del caos cósmico, de la tozudez del propio ser humano, y consecuencia de la racionalidad del accionar al igual que de la levedad del pensamiento La acción contempla siempre un sinnúmero de valores, escenarios y sentimientos cruzados, de tal manera que no podemos ser enteramente lógicos, racionales o emotivos. El balance vendría a ser algo enteramente relativo, y no del tipo que permite actuar desaforadamente o incluso banalizar los aspectos relativos a la existencia, porque no, la relatividad no es igual a nimiedad o desarticulación de la evidencia objetiva, y la aproximación desde un sujeto tampoco desconoce o desestima una percepción, la idea derivada de la misma o un argumento resultado de todo el proceso cognitivo que torpemente se hiló anteriormente.

Hoy soy un ser sometido y atropellado por el error, mojado por la lluvia y atacado por la falta de defensas efectivas contra un ambiente que está plagado de circunstancias que enferman, y en donde la ausencia se me convierte en dolor y el dolor a la vez en ira. Tal vez me falta inteligencia emocional para lidiar con que no sea como yo quiero, con que las cosas no resulten de la manera en que las pienso, y es que puedo enfrentarme a casi cualquier cosa, menos a contrariar la propia idea que tengo sobre lo que me es más cercano: yo mismo.





lunes, 22 de junio de 2015

Pausa para "WTF"

Hay días de aquellos en que no se puede dejar de pensar: ¿Pero qué?... O ¿qué onda?, o, What the fuck?

Sí, no importa el idioma, no importa la propia forma, el sentimiento es el mismo. ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Qué necesidad? El mundo intenta agobiarnos por cuenta de su indecible necesidad (y necedad) por plantear las cosas de la manera menos natural o menos lógica posible. Tal vez anteriormente haya hecho alguna suerte de reflexión sobre lo que implica lo "natural", al igual que el sentido que tiene la lógica y como en algún sentido estas no son ideas contrarias, lo que sí es que dependen del esquema racional de quien hace este examen.

Pero toda perspectiva racional es insuficiente cuando se trata de hacer ciertas determinaciones y de establecer los presupuestos para la acción de otros. La planeación y los sistemas de gestión, al menos a nivel institucional, adolecen de una profunda falta precisamente de ese análisis que les da sentido, lo que me lleva a pensar que en el objetivo de hacer, mostrar y gestionar, se hace un olvido consciente de lo que precisa el manejo de todo tipo de recursos y talentos, en donde debe tenerse en cuenta naturalmente que se está tratando con personas, circunstancia que hace las cosas diferentes, los escenarios de planeación tan únicos, que no pueden estandarizarse protocolos o procedimientos que sirvan a su vez para muebles, papas, perros o materiales de desecho.

Somos seres humanos, con ciertas necesidades únicas que trascienden las esferas de la necesidad y de las obligaciones. Claro, estos temas son muy poderosos a expensas de lo que ata o aterriza a cada persona y que no tiene que ver con otra cosa que con la idea que según el tipo de sociedad, o el espectro cultural en que se desarrolla la persona, le circunscribe a escenarios en los cuales ha de ser, y debe hacer, lo que no impide que se hagan desarrollos personales que no deben resultar incompatibles con esas esferas obligacionales, es lo que en principio puede llamarse libre desarrollo de la personalidad y que pomposamente es defendido por políticos, juristas y defensores de lo humano, pero que en realidad no se entiende como dimensión y muchas veces no pasa de ser un eslogan de campaña.

Aterrizando todo esto, es incomodo por no decir otra cosa que los espacios laborales estén delimitados a la producción y al resultado, pero esto es normal, dado que de lo que se trata no es de realizar a cada persona en esa dimensión suya que es el trabajo o la profesión, sino de hacer todo lo posible por explotar al máximo la plusvalía. Para eso basta leer cualquier análisis económico medianamente serio y que críticamente no esté subvencionado por alguna rama ultra capitalista, a cualquier nivel institucional o académico. Probablemente esta afirmación no resista este trato superficial que le estoy dando, pero en este momento no intento abordar este problema que subyace a la misma esencia del mundo y que podría estar analizando algún día. En este momento me ocupa la consecuencia, la que procura que se establezcan reglas para la forma de laborar, pero sobre todo que se pongan de presente los límites dentro de los cuales se debe desarrollar esta actividad laboral, que a veces resulta hasta necesaria (y me odio un poco por esta justificación), cuando lo que se requiere es una actividad mecánica y prolongada, lo que curiosamente es lo peor recompensado y con el mayor grado de abuso.

Pero también existen imposiciones inexplicables, malucas, dentro del contexto de un trabajo de carácter intelectual. Y no me es fácil entrar en materia o hacer una crítica directa a lo que me generó el malestar que ahora se plasma en este texto. Se trata de pensar en el sentido que tiene la forma, las imposiciones derivadas de la sobre exposición diaria a la burocracia.

En este contexto entonces, resalto el motivo de mi inconformidad, la razón que en principio sirvió de combustible para estas líneas: el bloqueo sistemático a ciertos sitios de internet, dentro de la red de mi sitio de trabajo.

Insisto, ¿cuál es el sentido de bloquear contenidos de la red? a muchos les parecerá un lugar común el que las redes sociales se encuentren bloqueadas dentro de los trabajos, tal es el caso de Facebook, Twitter e incluso Youtube, sin embargo el catalogo de sitios a los que no se puede acceder, es bastante extenso. Las excusas que he encontrado a través de los años, en tanto esta situación no es nada nueva, tienen que ver con el hecho de que se exceden los anchos de banda y se consumen recursos de sistema necesarios para algunos procesos al interior de las diferentes entidades / empresas, de igual manera he encontrado que algunos justifican el hecho de este tipo de bloqueos en aspectos de rendimiento laboral, llegando al extremo absurdo de considerar que esto ayuda a las personas a concentrarse más en el trabajo. (*inserte risas*)

La generalidad de nuestros ambientes laborales contemporáneos es que se encuentran constituidos por cubículos, separaciones para delimitar espacios de trabajo y aprovechar en mejor manera los recursos, como el mismo espacio, porque si fuera factible nos pondrían a unos encima de otros, pero se supone que también se deben tener en cuenta los factores laborales como la dignidad y otras cosas que van de la mano con la gestión del talento humano, pero que en general están enfocados para ser tratados como un problema, un inconveniente, como aquel de que las personas tengan que usar el baño, hacer pausas activas, comer...

De igual manera se ve como un problema el que la gente tenga a bien espacios o momentos de alguna clase de esparcimiento, de tal suerte que en mi caso particular no puedo acceder por decir algo a la plataforma de lectura / escritura Wattpad, porque seguramente eso sería nefasto para mi productividad laboral, aunque curiosamente este bloqueo se mantiene aun en horas que se supone son de descanso como el medio día, y también luego de la misma jornada laboral, en donde no habrá problema si sacrifico de mi tiempo libre para "hacer más", pero si en que acceda a ciertos sitios.

La prohibición y el bloqueo se extienden a sitios como Deezer y Spotify, de tal suerte que ni siquiera se permite que se escuche música mientras se trabaja, circunstancia que no veo como puede interferir en el rendimiento. Ahora, son muchos más los sitios que son objeto de bloqueo, y muchos de ellos derivan de sitios personales, pero principalmente cualquier portal que pueda ser considerado como de ocio o que tenga contenidos ligeros. Blogger por alguna razón, se encuentra a salvo de los esfuerzos censuradores, tal vez dado que los correos electrónicos no son objeto de bloqueo, eso si que sería un despropósito. Todo esto surgió porque fue a revisar algunos documentos para una investigación que realizo, la cual podría llegar a tocar efectos laborales, pero en todo caso si va de la mano con algunos de mis intereses académicos, y ciertamente me puso a pensar que en mi trabajo requiero altas capacidades críticas y de investigación, estar al tanto de realidades de múltiples ámbitos políticos, económicos y jurídicos, pero con todo y eso no tendría por qué estar bloqueado parte alguna de la red, a donde es mi derecho llegar, más cuando a las redes bloqueadas puedo acceder desde mi smartphone, por lo que realmente toda justificación a este tipo de medidas es tecnocrata, fascista, y muy metida en la lógica de que se deben tener trabajadores adoctrinados y que tan solo ejecuten tareas mecánicas, lo cual estaría muy alejado de las mismas razones de ser de mi profesión, así como de la labor encargada y ejecutada.



viernes, 19 de junio de 2015

Tiempo después

Han pasado ya un poco más de tres meses y este espacio que se supone sirve entre otras cosas para garantizar (de alguna manera) la integridad de mi mente ha estado desocupado, libre de pensamientos, reflexiones y especulaciones. Tal vez yo no haya estado como tal desocupado, o tal vez me he ocupado de mala manera, como todo conmigo. Toda explicación es insuficiente, y lamentable, porque me lleva a las continuas razones de antes, las excusas del ayer que aún son las del hoy, lo que vuelve cada día una parte de un ciclo, un paso dentro de la misma curva del espiral. Y lo tengo tan claro que realmente no me es posible planear una escapatoria.

Es curioso como pasan las cosas, un movimiento en la rutina el cual tal vez no resultó de la manera planeada, porque toda estrategia puede adolecer de ese defecto ajeno, y seguramente es una proyección de culpa, sin embargo la seguridad y la consecuencia son efectos y virtudes personales que no deberían tener una consecuencia tan adversa, pero está el otro.

La otredad siempre ha llamado mi atención como una parte necesaria de lo relacional, por simples razones como que se hace inevitable, aún a pesar de la mejor interacción con cuadrúpedos e inanimados, con el sol, la luna, las estrellas y el viento. No, el otro no se va, no puede eliminarse, y de cierta manera tampoco puede ser del todo evadido.

De esta manera resulta no menos que imposible llevar una vida que pristinamente no cuente con el factor humano externo, y en mi caso esa realidad cuenta con una fuerza absoluta ante la externalidad, por la misma razón de ausencia de poder y libertad de la que ya me he ocupado. Vivir en estado de consciencia, así sea de manera parcial resulta complejo, conlleva un alejamiento de lo que está naturalmente establecido y que de manera clara es insuficiente.

Mi cabeza entonces se ocupa en circunstancias problemáticas generadas por otros, con soluciones, tiempos y determinaciones que exceden lo que puede ser considerado como cierto, justo o coherente. Plazos, indicaciones y contraindicaciones, todo esto amarrado a la necesidad, o simplemente a la falsa seguridad y a la misma desidia de enfrentarse a cualquier cambio, salvo que el mismo esté correctamente planeado y se corresponda con un estilo de vida, con un deber ser en términos del ser, una existencia agotada  y que no tiene más asiento que la propia certeza de llegar al día siguiente, pero buscando un plan a futuro. Un estado de contradicción, un sinsentido que parte de una idea impropia, que a su vez desemboca en una consecuencia incierta, incompatible, indeseada.

martes, 12 de mayo de 2015

Auto ayuda-me

Así que un recorrido de mil millas inicia con el primer paso...

Claro, ni modo que iniciara con el último.

Soy un gran entusiasta de la auto superación, de las buenas cosas que permiten salir adelante, seguir, continuar, vivir, sentir, existir, amar...

No obstante me resulta patético el que no se pueda dedicar un poco del esfuerzo personal a encontrar problemas, o al menos a reconocerlos, abordarlos. Claro, también llego a sufrir de esa magna cobardía que me hace huir para pelear después, pero solo en los casos en que la pelea no tiene sentido o cuando la misma me puede lastimar por una razón de dejar, por el sentido de lo que pasa si se lastima a ese otro por el que se siente tanto amor como por sí mismo, o tal vez más.

viernes, 8 de mayo de 2015

Feliz cumpleaños VIII

Es increíble, pero este como todos los años, procedí a olvidar que mi Blog, este espacio, cumple un año más cada mayo. Celebrando esa oportunidad en que decidí plasmar mis pensamientos en este tipo de formato, con la facilidad de, bueno, todas estas ventajas que tiene una bitácora o blog...

A veces me sorprende como ha cambiado la vida alrededor del internet durante los últimos años, y como algunos ni siquiera conocen lo que implica un blog, ni de donde salen o por qué están aquí.

Los contenidos se han hechos dinámicos, es decir aptos para quienes ya no quieren leer, porque se supone que no tienen tiempo, así una persona promedio pase incluso una tercera parte o más de su día viendo cosas como feeds de redes sociales y/o hablando por lo servicios de mensajería y chats.

martes, 7 de abril de 2015

Chiste del día

Alguna vez fui gracioso. Al menos un poco. Tengo la plena seguridad de vivir en un mundo que es un chiste eso sí, que no tiene la facultad de reírse de sí mismo, pero que por lo general se burla de todo.

Y eso amigos, eso...


¡No es gracioso!

viernes, 13 de febrero de 2015

Poder y libertad

Tomado de: http://www.imagenessincopyright.com/2014/08/playa-de-tailandia-durante-la-puesta.html
Ayer, dentro de las diferentes actividades de la noche, vi un video, en el cual una persona llenaba cuidadosamente un planeador, de esos en que se consignan eventos a futuro, metas, razones y una logística cuidadosa para llevar a cabo las tareas; Esta persona daba razones, exponía condiciones y resolvía preguntas de manera previa al hacer. Esto, me hizo pensar en los pendientes, en los presentes, porvenires y devenires.

En mi caso, no puedo tener tan claro un cómo, en especial cuando ese interrogante refiere a mi vida, puesto que las cosas de otros, las del trabajo incluso, siempre están acompañadas de sus propios afanes, donde palabras como 'urgente', 'inmediato' y otras, pierden su significado, dado que lo laboral es el espacio de los caprichos personales e institucionales, en donde quien tiene poder, mando o una posición privilegiada, por lo general sufre de espasmos Napoleónicos.

El poder corrompe, aunque eso tal vez no sea cierto, porque en sí el poder hace grande a la persona que lo posee, pero  no de la manera cliché en que nos han intentado envolver las máximas resultado de las frases facilistas de amplio uso y poco entendimiento esgrimidas a lo largo del desarrollo personal. Según estas, ser grande es encontrarse dotado de virtudes magnas, alguien revestido de cualidades morales superiores, que en esencia lo dejan en un estado de pusilanimidad que lo haga extremadamente útil para todos los demás.

Lo cierto es que si se le da una herramienta a alguien que represente la posesión de atribuciones importantes, que afecten a otros, por lo general la va a usar, y muchas veces no estará exento de abusar, por la simple razón de que muchas veces el poder se concentra de mala manera y recae en un alguien que no sabiendo qué hacer con él, abusa. El abuso de poder estaría tan presente en nuestra consciencia como la misma ansia, la que tendría origen en ser abusado, en estar en el extremo de la ecuación en donde se tiende más hacia la miseria, donde se debe obedecer, agachar la cabeza, callar.

Esta circunstancia generaría profunda inequidades, estrechos mundos en los cuales más de uno nos hemos visto sumidos. En donde los intereses, las necesidades, los quereres individuales deben ceder ante los del poder. La dominación encuentra sentido cuando se refiere a la voluntad personal como la causante de este tipo de circunstancias, con una lógica fría, tan cruel como el modo de producción que rige al mundo, en donde se supone que hemos decidido tener la vida que tenemos, hacer el trabajo que hacemos, vivir en donde vivimos, comer lo que comemos.

Claro, la voluntad y la decisión nos permiten un rango de maniobra que en todo el mundo de occidente es tomado como la libertad, pero la cual claramente está desde la misma teoría limitada. Claro, resulta natural que limitemos nuestro actuar a los constructos ciertos de la vida en sociedad, lo que tomamos también como natural, como principio fundante, indiscutible. Aunque, tal como lo he sostenido, no es algo inconcebible, puesto que cada cual debe sacrificar algo de sí con el fin de construir un bienestar común.

Muy bello, ideal, interesante. En el papel. En la práctica son muchas las circunstancias que limitan nuestra autonomía, puesto que no se trata de que tengamos todas las opciones, y claro, somos libres de vivir en donde queramos, pero ni tanto porque cada lugar tiene un dueño y la única manera de lidiar con esos intereses es teniendo un poder de adquisición (dinero); De igual manera somos libres de trabajar en lo que queramos, sin embargo tendremos que primero prepararnos según el estándar aceptado y que esta preparación se adecue a las normas sociales y a las comerciales, desde ahí tendremos que ser capaces de dar valor a nuestro actuar y a nuestro desempeño, con una posterior prueba en falso de aptitudes y contrariedades que empiezan cuando se requiere nuestra experiencia especifica para trabajar de manera igualmente específica, de suerte que para obtener algo, tenemos que primero demostrar que no lo necesitamos, o sencillamente correr con suerte y lograr aprender de otra manera.

Lo cierto es que terminamos sometidos a la demanda, haciendo parte de una oferta que quizá no fue la mejor, tal vez porque dentro de la libertad no pudimos ser artesanos, músicos, poetas o pensadores, porque eso directamente no es deseable, porque todo está hecho, todo se encuentra pensado o porque la cultura también responde a una idea de lo sobresaliente.

De libertad poco si se tiene en cuenta que se debe trabajar en lo que salga, porque de otra manera el dinero se agota y ya no somos tan libres para dejar de pagar la renta, ni somos libres ni siquiera de vivir sin usar recursos como el agua o la energía eléctrica. En efecto somos libres de no pagar, aunque eso no implica que la deuda siga creciendo con vida propia, que permita posteriormente que todo lo que se abone a nuestro inexistente pero libre patrimonio, sirva para cubrir aquello que libremente se decidió deber. Pero lo curioso llega cuando no se tiene nada, solo a sí mismo, en ese instante lo que se debe se paga con uno mismo, y la libertad de manera más aparente, más superficial también se acaba, cuando te toman y te impiden irte, salir, moverte. Y entonces tal vez solo seamos libres de pensar, ¿o no?